El fenómeno Barbie: crítica vigorosa al patriarcado

El gran dramaturgo Tennessee Williams decía que si la escritura es honesta no puede ir separada del hombre que la ha escrito. Lo comento porque debo ser honesto desde el principio: no me apetecía ver la película Barbie. Cuando vi los avances del filme, armé en mi cabeza un rompecabezas con los fragmentos y deduje que la obra de Greta Gerwig estaría salpicada de frivolidad, banalidad y un guion sin sustancia, algo así como un remake de Legalmente rubia, White Chicks, Sidney White, Mean Girls o Clueless, cuyas tramas giran en torno a rubias populares que carecen de sentido común al grado de llegar a niveles desternillantes.

Sin embargo, Lulú, mi amada Lulú, que es una feminista y activista ilustrada, me iluminó al respecto: la cinta introduce el rostro ideal de la mujer del siglo XXI, socialmente consciente y critica al sistema patriarcal que la fabricó para sustentar su consumismo capitalista. Y sí, efectivamente, Barbie expone con la herramienta de una crítica bienhumorada las contradicciones del patriarcado y sus valores distorsionados y normalizados.

Es verdad que la columna vertebral de la película es la fantasía y la comedia con una estructura similar a los filmes palomeros que enuncié en el primer párrafo, pero Gerwig armó junto con su guionista un universo propio, Barbielandia, con reglas narrativas bien establecidas que, por cierto, no tienen sentido en nuestro mundo; y justamente ahí radica su mérito, porque la distorsión hiere nuestra conciencia y le da un codazo al status quo.

Sin duda, el corazón de Barbie es el ejercicio de la crítica al patriarcado con dosis desproporcionadas de metalenguaje para manifestarse contra el sistema establecido. Sí, nos pisa a los varones muchos callos en diferentes niveles. La gran lección de la película, creo, es que a las mujeres no podemos definirlas por sus roles preestablecidos por alguien en algún momento de la historia; pero tampoco podemos arrogarnos el derecho de definirlas por sus heridas, por su sufrimiento, y ello se debe a una sencilla razón: los varones no somos mujeres. Ni siquiera, aunque nos sintamos proclives al feminismo, podemos apropiarnos de esta perspectiva filosófica. Ningún varón es feminista.

Puedo decir que el fenómeno de Barbie rebasa la sala de proyecciones y se ha instalado en nuestra atmósfera bañada de violencia y machismo, pues baste con echarle una mirada a las redes sociales en la que es fácil encontrar diatribas —que no razonamientos ni argumentos— de misóginos, homofóbicos, conservadores y retrógrados (tanto por el retrato genérico de Ken como por la emancipación de Barbie). Por otro lado también encontramos a tóxicos de otra calaña: aquellos “queridos progresistas” que hipócritamente se colocan en posición de aliados del feminismo, pero que no son sino varones que buscan un tipo de protagonismo y el aplauso de las mujeres. Me acordé de la “entrevista” que le hizo el conductor Patricio Borghetti a la actriz Halle Bailey, que interpretó el rol principal de La sirenita.

Yo, sinceramente, no puedo sino agradecer primero a Lulú que diariamente me ayude a abrir un poco más los ojos para que, por cuenta propia, vaya eludiendo al machismo alojado en mi ser, y encauzarme a ver esta película. Por último, encomiables las actuaciones de Margot Robbie y Ryan Gosling, las encarnaciones idóneas. Por cierto: a él lo han tundido en redes por aceptar un papel que no “estaba a su altura”, pero sin duda será tema de análisis en otro momento.

Por Gustavo Guerrero

DB