Aunque el Estado de México salió oficialmente de la sequía durante 2026, especialistas en medio ambiente señalaron que los efectos ambientales provocados por el déficit de lluvias y las altas temperaturas registradas durante 2024 continúan presentes en distintas regiones de la entidad, principalmente en bosques, calidad del aire y ecosistemas urbanos.
El estrés hídrico acumulado mantiene la cobertura vegetal debilitada
De acuerdo con el Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el territorio mexiquense dejó atrás las condiciones de sequía extrema que afectaron a municipios de la entidad durante 2024. Sin embargo, el impacto ambiental acumulado durante ese periodo sigue reflejándose en incendios forestales, vegetación debilitada y aumento de contaminantes atmosféricos.
Sebastián Rodríguez, especialista en medio ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), explicó que uno de los principales efectos posteriores a una sequía prolongada es el deterioro gradual de la cobertura vegetal.
“Los árboles y ecosistemas forestales pasan por un proceso de estrés hídrico cuando permanecen durante meses con baja disponibilidad de agua y temperaturas elevadas. Aunque posteriormente vuelvan las lluvias, la vegetación no recupera de inmediato sus condiciones fisiológicas y eso provoca debilitamiento, pérdida de humedad y mayor susceptibilidad ante incendios o plagas”, señaló.
Contingencias atmosféricas e islas de calor urbanas
Durante los primeros meses de 2026, la Comisión Nacional Forestal (Conafor) reportó más de 2 mil 500 incendios forestales y más de 132 mil hectáreas afectadas en el país, mientras que el Estado de México se mantiene entre las entidades con más siniestros registrados debido a sus zonas con poco más de 2 mil 900 hasta el último corte.
Rodríguez indicó que la sequía de 2024 generó condiciones que favorecieron la permanencia de incendios forestales incluso después de la recuperación de lluvias.
“Cuando existe pérdida prolongada de humedad en suelos y vegetación, se acumula material orgánico seco que facilita la propagación del fuego. A eso se suman factores como ondas de calor, cambios de viento y actividades humanas. Por eso los efectos de una sequía pueden seguir observándose varios años después”, explicó.
Otro de los impactos que persisten, añadió, es el deterioro de la calidad del aire en zonas urbanas y metropolitanas. Durante 2024, el Valle de México registró múltiples contingencias ambientales relacionadas con altas concentraciones de ozono y partículas PM2.5, asociadas con incendios forestales, altas temperaturas y baja dispersión atmosférica.
“Las sequías también modifican las condiciones atmosféricas. Cuando hay menor humedad ambiental y temperaturas elevadas, contaminantes como el ozono tienden a permanecer más tiempo en el ambiente. Además, el humo de incendios forestales libera partículas finas que afectan la calidad del aire y pueden trasladarse a zonas urbanas”, comentó.
El académico señaló que otro fenómeno asociado es el incremento de temperatura en ciudades con pérdida de áreas verdes y expansión de superficies de concreto y asfalto.
“Las llamadas islas de calor urbanas ocurren porque las ciudades absorben y retienen temperatura durante más tiempo. Cuando además existe reducción de vegetación y estrés ambiental en áreas verdes, la capacidad natural de regulación térmica disminuye y eso modifica las condiciones ambientales de las zonas metropolitanas”, afirmó.
Enfatizó en que la recuperación ambiental después de una sequía prolongada puede tardar varios ciclos climáticos, particularmente en regiones forestales y urbanas donde el calor extremo se volvió más frecuente durante los últimos años, aunado a que se prevé el incremento de temperatura este año, en verano, por el fenómeno del “El Niño”.
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