La insostenibilidad de nuestra oferta de agua o no caer en la trampa demanda-oferta

Históricamente la prioridad de las acciones se ha encaminado a la oferta, estas acciones permitieron hasta hace unas décadas que se cubriera de alguna forma aceptable el incremento de la demanda que platicamos la semana pasada, pero desde los años 70´s, los problemas se agudizaron a tal grado que, ante la inminente evidencia empírica, los sectores de la sociedad abrieron sus puertas a la discusión de un uso desmedido de nuestros materiales naturales y lo que esto provoca en el cambio climático.

Mediante obras impresionantes de ingeniería hidráulica se abastecen hoy las megaciudades, como la Ciudad de México ¿aunque a qué costo?, con la llegada de los Europeos al valle de Tenochtitlan, se dieron cuenta de la riqueza del recurso hídrico, a tal grado que ya antes se tuvieron que realizar grandes obras por parte de Nezahualcóyotl, para contener las inundaciones en la ciudad. La recién creada capital de la Nueva España, no provocó una presión sobre los recursos hídricos, ya que hasta el año de 1900, la población de la Ciudad no superaba los 550 mil habitantes, cantidad que requería una oferta más que suficiente para la demanda, máxime que el sistema de abastecimiento utilizado era en gran medida a través de tomas de agua públicas, lo que sí era un problema de características mayúsculas era el sistema de drenaje, durante siglos, muchas fueron las propuestas para evitar la contaminación y la peste que provocan las acequias y canales de la Ciudad, de hecho, esta fue una de las principales razones para entubar o secar esos cuerpos de agua precolombinos.

Sin embargo, con el crecimiento desmedido de la población, hacia los años 50’s del siglo pasado la tasa de crecimiento anual era cercana a 6% anual, la presión no sólo de dotar de agua a una mayor población, sino con las obras de secado del lago de texcoco, y otras zonas lacustres del valle, provocaron que la oferta se viera superada, rompiendo así el equilibrio ecológico, por primera vez en la historia los recursos hídricos (oferta) no eran suficientes para satisfacer su demanda, es a partir de ésta década que se intensificó la extracción de agua subterránea hasta ser insuficiente, por lo que se iniciaron en 1976 las obras del sistema Cutzamala, sistema de trasvase para hacer llevar agua de otra cuenca, con él se abastece actualmente el 25% de la demanda de la zona metropolitana del Valle de México.

Aún hoy, se siguen planteando nuevos proyectos para traer agua de otras cuencas, más lejanas, con costos superiores al Cutzamala, sin embargo, la disponibilidad nacional sigue a la baja, prácticamente todas las zonas del centro del país hacia el norte están en situación de estrés y escasez de agua, una de las propuestas novedosas (que no nueva), es la reutilización directa de las aguas residuales que desechamos, que aunque requiere de una labor de cierta complejidad normativa, técnica, económica y social, efectívamente es posible.

La demanda de agua seguirá aumentando, no sólo por el crecimiento poblacional, sino también por el aumento de los ingresos familiares y los cambios en nuestros hábitos de consumo, la disponibilidad será cada vez menor, la oferta actual de agua para el ZMVM es de 65 m3/s, debido a los cambios en las precipitaciones, la oferta se ha reducido en un 20%, esto es baja a 52 m3/s, debido a pérdidas físicas que por mucho tiempo hemos aceptado son del 40%, ya es necesario hacer un ajuste, por supuesto al alza, es decir, 45%, por lo que sólo nos quedan 29 m3/s, y de este se recolecta el 80% (estimación técnica aceptada), quedando así 23 m3/s, con una proyección de demanda y disminución de disponibilidad, queda claro que en caso de incorporar el 100% de las aguas residuales, estaríamos solucionando el problema por algunas décadas quizá, y nuevamente estaremos en el mismo dilema.

Por esto, es necesario replantear el modelo, sin un cambio en nuestra demanda, sin un cambio en las actividades económicas, sin planeación urbana, sólo estaremos “pateando el bote”. 

DB