¿Quién está construyendo el nuevo orden mundial? Segunda Parte

¿Quién está construyendo el nuevo orden mundial? Segunda Parte

Con Singular Alegría con Gilda Montaño

Gilda Montaño Humphrey
Octubre 12, 2026

Retomemos el tema de la primera parte que iniciamos con las preguntas de quién establece los entramados de poder a nivel global.

Desde 1954, empresarios, políticos, banqueros, académicos y dirigentes europeos y estadounidenses se han reunido en privado para discutir asuntos de enorme importancia internacional. No es un gobierno mundial. No elige presidentes. No existe evidencia seria de que sea una especie de gabinete secreto que dicte al planeta lo que debe hacer.

Pero tampoco debemos cometer el error contrario: que algo no sea un gobierno mundial no significa que carezca de importancia. Reunir en una misma habitación a personas con enorme capacidad de decisión política, económica, financiera y tecnológica, no es un hecho irrelevante.

Aquí está lo verdaderamente fascinante. El poder del siglo XXI quizá ya no necesite una conspiración. Le basta con la convergencia de intereses. Cuando el político necesita al empresario. Cuando el empresario necesita al gobierno. Cuando la tecnología necesita capital. Cuando el capital necesita estabilidad. Cuando la industria de defensa necesita conflictos que justifiquen su expansión. Cuando los gobiernos necesitan información que sólo las grandes plataformas tecnológicas poseen. Cuando los países necesitan energía. Cuando todos necesitan datos.

Entonces ya no hace falta que alguien se siente en una habitación y diga: “Vamos a dominar el mundo”. El sistema puede producir algo mucho más poderoso: personas e instituciones diferentes tomando decisiones que, sin haber sido coordinadas entre sí, terminan empujando al mundo en la misma dirección. Ésa es la verdadera revolución del poder.

Por eso creo que estamos mirando a Trump de una manera demasiado pequeña. Trump puede ser una persona. Puede ser un presidente. Puede ser un fenómeno político. Puede ser incluso un hombre profundamente controvertido. Pero detrás de la presidencia estadounidense existe algo muchísimo mayor: una disputa por quién establecerá las reglas del siglo XXI.

Estados Unidos quiere conservar su primacía. China quiere aumentarla. Rusia quiere recuperar influencia. Europa quiere no quedar subordinada. India quiere convertirse en una potencia central. Israel necesita preservar su seguridad y su posición estratégica. Las grandes empresas tecnológicas quieren participar en las decisiones que antes pertenecían casi exclusivamente a los Estados.  Los grandes capitales buscan seguridad, crecimiento y mercados. Y todos ellos están entrando, de una manera u otra, en la misma batalla: la batalla por el futuro.

Por eso no sé si Donald Trump será el arquitecto del nuevo orden mundial. Quizá sea su principal protagonista. Quizá sea su más eficaz negociador. Quizá sea solamente el hombre que comprendió antes que muchos que el viejo tablero estaba agotado.  Pero hay algo que sí me atrevo a afirmar: el mundo que conocimos está terminando. Y todavía no sabemos quién escribirá las reglas del que viene. Tal vez el error más grande sea buscar a un solo dueño del planeta. Porque el poder contemporáneo no parece tener un rostro único.

Tiene muchos. El presidente que controla la mayor potencia militar. El empresario que controla una tecnología indispensable. El financiero que mueve miles de millones. El dirigente que controla energía. El país domina una cadena de suministros. El científico que desarrolla una inteligencia artificial capaz de cambiar la economía. El gobierno que posee los datos de millones de personas.

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