Agradecer…

Jimena Valdés Figueroa

Agradecer…

Voz Propia

Agradecer…

Jimena Valdés

Redacción
Noviembre 29, 2025

Estás aquí. Y con eso basta.

Matt Haig

Sólo hace falta observarnos un poco para saber que los seres humanos vivimos en constante pérdida. Todos los días perdemos algo, cabello, células epiteliales, mudamos de dientes, luchamos ante la pérdida de músculo y de masa ósea… Somos en sí, parte de ese continuo fluir de la vida en ciclos de pérdida.

El otoño es también una metáfora de todo ello, de cómo aquel árbol antes verde o lleno de frutos, acepta lo que tiene que secarse para desprenderse y así almacenar la energía necesaria para afrontar el invierno, para replegarse y después renacer.

¿Por qué considerarnos ajenos a ese interminable ciclo de cambios? ¿Por qué el sentirnos como una especie más elevada que el resto de los seres nos lleva a esa desconexión? A dejar de mirarnos como parte de un todo, a dejar de leer las claves que elaboramos desde el cuerpo y que nos enseñan a habitar esta existencia de una manera mucho más orgánica y menos artificial.

Los tiempos de la productividad, nos hacen pasar de largo los actos vitales, hay que llegar a checar para después someter al cuerpo a rutinas enfermas en donde la inmovilidad se asume como disciplina, a comer lo que se pueda y cuando se pueda, a constreñir la creatividad a los manuales y formas y así pasamos las estaciones, la vida sin habitar; en palabras del filósofo Byung Chul Han El sujeto-logro se encuentra luchando consigo mismo.

Nuestro cuerpo, nuestro territorio: Emmanuel Carrére en su obra Yoga, da cuenta de lo complicado que hoy en día, se ha vuelto el ir por el mundo habitándolo “La superficie de los pulmones desplegados es la de un campo de futbol. Poco a poco, el yoga conduce a conocer todo esto. A llenarlo de conciencia, de energía, de conciencia de la energía, todo ese despliegue de belleza y de funcionalidad que constantemente nos negamos por no sabernos detener a simplemente admirarlo.

Ante todo esto ¿qué caminos nos quedan? ¿Existen rutas alternativas que ante la vorágine de la existencia podamos tomar? El budismo ofrece una respuesta a través de la práctica de la kataññutá o gratitud, que significa tener la sensación de beneplácito con lo que se ha hecho y con lo que se ha recibido, algo que es más que una simple expresión de agradecimiento.

Desde esta visión, la práctica de la gratitud ayuda a cultivar la atención plena, la compasión y el amor propio, la conciencia de la conexión entre todos los seres y una actitud de paz en la vida, la gratitud nos conduce también a entender la condición de impermanencia, en la que todo es transitorio y en la que por ende, nos invita a fomentar una apreciación más profunda de cada experiencia.

La práctica del agradecimiento (efectivamente una práctica, ya que el ser agradecidos no nos viene de manera natural), nos lleva a afrontar la vida con mayor conciencia; a replantearnos el concepto de logro. ¿Qué pasaría si nos miráramos de nuevo como recién nacidos? Desde la aventura que significa ser parte del mundo. Si asumiéramos cada paso de la existencia como un regalo constante: inhalar y exhalar, un corazón que en su sístole y diástole nos dota del ritmo necesario para marchar, el poder de nutrirnos, la capacidad de decisión, el complejo sistema que nos lleva a decodificar infinitos estímulos y nos permite ser artífices de nuestra propia realidad.

Cerremos este mes, cerremos este año, con un corazón agradecido, con la confianza de que son estas y son todas las condiciones que necesitamos para trascender, ratifiquemos a diario la oportunidad que en palabras del maestro Thich Nhat Hanh la vida nos ofrece: Todo momento es un regalo de vida”. 

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