El 23 de abril, que es también en el calendario católico el Día de San Jorge, se conmemora desde 1995 el Día Internacional del Libro, fecha que se retoma por la coincidencia luctuosa de tres célebres literatos: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega.
Las primeras fiestas del libro se celebraron en Cataluña, región en la que se instituyó el regalar una rosa haciendo referencia a San Jorge y el Dragón y también un libro.
So pretexto de esta fecha, distintos medios despliegan información, videos, entrevistas… A mí me gustó mucho uno de la filóloga Irene Vallejo en el que menciona al libro como el más grande invento de la humanidad, que funge como un diferenciador entre los humanos y otras especies, al darnos la oportunidad de registrar y compartir nuestras historias… A no olvidarnos. En palabras de Emilio Lledó: “el libro, es sobre todo, un recipiente donde reposa el tiempo”.
La propia Irene Vallejo en su bellísimo compilado de ensayos “El infinito en un junco”, narra la historia del libro como un artefacto nacido a partir del potencial que la civilización egipcia encontró en el junco al que después denominaron papiro y a partir de ello, se detonó la capacidad de un registro portable de las historias y aventuras colectivas a través de la palabra escrita.
El libro es también un dispositivo a través del cual proliferan las ideas que las y los autores han construido sobre el mundo y sobre los mundos, es ese objeto con potenciales casi mágicos que nos permite viajar a lugares insospechados, construir imágenes, compartir conceptos, enseñar, aprender y sobre todo resignificar. De igual forma, no podemos negar su enorme potencial revolucionario, basta pensar en algún movimiento social en el que sus liderazgos no hayan tomado sus bases ideológicas de las páginas de alguno de estos artefactos o bien el como lo muestra Humberto Eco en su conocida novela “El nombre de la rosa” a lo largo de la historia han existido “bibliotecas prohibidas” en las que se disputan órdenes de poder.
Desde niña he encontrado en los libros mis lugares favoritos, he podido viajar en el tiempo, formar parte de grandes aventuras, situarme en múltiples escenarios, conocer íntimamente a los personajes, amarlos, temerles y a veces no quererlos mucho. Como olvidar las primeras frases de Don Quijote de la Mancha o las aventuras de este Hidalgo con los Molinos que acompañaron mis primeros años de infancia, cuando apenas podía sostener el mamotreto en que los fines de semana leía estas historias en la sala de la casa de mis abuelos, o bien las lágrimas que me sacaron los relatos de las “Mujercitas” de Luisa May Alcott y las dudas en torno a cómo me gustaría ser si como Jo, como Amy, como Beth o como Meg, los escenarios que me permitía construir mi imaginación infantil al leer la Biblioteca de los Dinosaurios (esto antes de que incluso llegara a la pantallas el Parque Jurásico), o el recorrido por el mundo de Phileas Fogg y su inseparable Passepartout en la Vuelta al Mundo de Julio Verne, o las historias de Camelot, de Lancelot, del Rey Arturo, de Ginebra y por supuesto de Morgana y Merlín que forman parte de “Los Caballeros de la Mesa Redonda” en una edición que me gustaba mucho porque antes de llegar a mis manos, perteneció a mi padre como un regalo por haber ganado un concurso de habilidades cuando él cursaba la secundaria.
Me recuerdo también inquieta, hurgando en la biblioteca que en su momento perteneció a mis bisabuelos, en la que podía encontrar desde su colección de National Geographic con volúmenes previos al siglo XX, como enormes mapamundis que me gustaba comparar con la geopolítica del momento. O bien, sentarme a leer los tomos del “Tesoro de la Juventud” que perteneció a mi abuela y que su padre compró para ella antes incluso de conocerla. Encontrar entre sus páginas, escritas en lo que yo conocía como “Español de España”, cuentos, fábulas, datos curiosos experimentos con burbujas… pensar a los niños de la época leyéndolos y también trasladarme a sus mundos de vida.
Tristemente, el espacio de esta columna me es insuficiente para seguir contando mi historia con los libros… de ahí que me pregunte ¿Qué sería de nosotros sin los libros? Al encontrarlos francamente vitales.
Me despido esta semana con una invitación a que me cuentes ¿cuál es tu historia con los libros? Porque todas, todos, todes tenemos una… con momentos más felices que otros, pero es que justamente los libros son esos compañeros de la experiencia humana, que están a nuestro lado incluso antes de que podamos leerlos.
Continúa leyendo:
- Protección de la Sierra de Guadalupe es reforzada ante temporada de incendios
- Construyen 18 presas de gavión en la Sierra de Guadalupe, en Coacalco
- Vecinos de Tultitlán critican despliegue policiaco desproporcionado en riña vecinal
- Identifican a tirador de la zona arqueológica de Teotihuacán
- Momento exacto donde agresor habla con rehenes previo a tiroteo en Teotihuacán [VIDEO]
Sigue nuestro CANAL ¡La Jornada Estado de México está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.
pat

/https://wp.lajornada.prod.andes.news/wp-content/uploads/2025/10/VOZ-PROPIA-La-igualdad-de-genero-en-el-corazon-de-la-Nueva-Escuela-Mexicana-Jimena-Valdes-Figueroa.png)

