En Toluca, entre foros independientes, aulas universitarias y escenarios de teatro, Angélica Hernández ha construido una trayectoria donde el teatro no solo es una disciplina artística, sino un medio para dialogar con su entorno. Su historia se entrelaza con la necesidad de comunicar, de cuestionar y de encontrar en la escena una forma de incidir en quienes observan. Cofundadora de Valija Teatro, su trabajo se ha enfocado en generar obras originales que abordan problemáticas sociales desde distintas perspectivas.
Angélica Hernández, cofundadora de Valija Teatro
Sus primeros acercamientos al teatro no estuvieron exentos de dudas sobre el rumbo profesional que tomaría. En ese proceso, recuerda el momento en que descubrió en el escenario una alternativa para canalizar su inquietud por transformar su entorno.
“Comencé a hacer teatro a los 16 años, en la preparatoria y me gustó muchísimo. Hubo ahí un momento de mi vida en el que quería estudiar derecho porque yo quería cambiar al mundo, ya sabes, todo el rollo idealizado y pues no. Descubrí en el teatro otra posibilidad de conectar con personas. En un taller del maestro Samuel Pérez”, comentó.
Ese interés no surgió de manera aislada. Desde antes, su entorno ya le había permitido observar de cerca lo que ocurría sobre el escenario, aunque sin comprender del todo su dimensión. Esa curiosidad inicial se transformó con el tiempo en una decisión más firme.
“Ya había afinidad al teatro, pero yo quería saber qué era. Tengo un hermano que también es teatrista, empezó a hacer taller de teatro en la prepa, me lleva ocho años. Ahí fue cuando vi mi primera obra, me parecía interesante y me quedé con la idea de saber de qué se trataba”, relató.
Primeros escenarios
El momento de subir por primera vez a un escenario marcó un punto de quiebre en su percepción del arte. La experiencia, atravesada por los nervios y la incertidumbre, terminó por consolidar su vínculo con la actuación.
“Sí me cambió la primera vez que me subí a un escenario, me acuerdo mucho de la primera vez que actué para más personas. Fue una sensación padrísima, o sea, entre que estaba muy nerviosa, que no quería que se me olvidara nada, fue adrenalina pura, energía, electricidad. El maestro Samuel fue el que inspiró especialmente, creo que su intención no es formar actores, porque es un taller, sino que es que te enamores del teatro y lo hace muy bien”, señaló.
Su formación profesional se desarrolló en la Universidad Autónoma del Estado de México, donde no solo adquirió herramientas técnicas, sino que también comenzó a delinear el sentido que tendría su trabajo escénico.
“Hice la licenciatura en Artes Teatrales, en la UAEMex, soy generación 2009-2014 y dentro de la licenciatura se creó Valija Teatro, que es la compañía a la que represento. Tenía una idea muy idealizada de cambiar el mundo, creo que nos pasa a todos los que nos dedicamos a las artes, avanzando en tu vida profesional, entiendes que eso no va a pasar, pero que sí puedes llegar a muchas personas y si todo sale bien sí vas a influir en algunas. Eso ya es un gran avance”, comentó.
Desde ese periodo, la compañía comenzó a definir sus intereses temáticos, orientándose hacia públicos específicos y problemáticas concretas, en un proceso que combinó aprendizaje académico y exploración creativa.
“Cuando empezamos a estudiar ya teníamos una idea de hacia dónde queríamos llevar nuestro trabajo en la compañía. Sabíamos que queríamos abordar a las juventudes y las infancias. Ciertamente nuestros primeros proyectos están más enfocados hacia allá. Nuestro director era Roberto Chimal y era muy consciente de que nosotros seguíamos en un proceso académico”, relató.
Construcción de una voz propia
Tras concluir la licenciatura, el trabajo colectivo continuó, ahora con nuevas responsabilidades y con la intención de generar propuestas propias que dialogaran con la experiencia personal.
“Cuando egrese de la carrera, con mi mejor amiga Montserrat Avilés, una actriz maravillosa, también toluqueña, creamos una obra que se llama ‘Roma al final’. Con esta obra nos titulamos y teníamos la responsabilidad de hablar de este tema de dos mujeres que dejan pasar toda una vida por intentar estar en un lugar al que nunca llegan, por lo que pierden su vida presente. Estoy hablando de que la creamos en el 2015 y a partir de ahí ya empezamos a crear otro tipo de discursos”, señaló.
A pesar de la experiencia acumulada, asumir la dirección y la escritura implicó un proceso interno que tomó tiempo. La transición hacia una voz propia no fue inmediata, sino resultado de años de aprendizaje y acompañamiento.
“Yo me atreví a escribir y dirigir hasta hace apenas tres años, todas esas cosas que a mí en lo personal me estaban moviendo. Desde que empezó Valija había sido asistente de dirección o producción o ambas, ya había algo de conocimiento, pero no me sentía lista para hacerme cargo completamente de un proyecto”, comentó.
Ese paso se consolidó en un contexto colectivo donde la reflexión sobre el papel de la mujer en el teatro también abrió nuevas rutas creativas. A partir de ahí surgió una de sus primeras obras como dramaturga.
“Durante este proceso, tomamos un taller con una de nuestras compañeras de este colectivo. Nos hizo escribir un monólogo y es cuando surge ‘El Hilo’, que es mi primera obra de teatro. A mí me movía mucho hacerlo porque, a la par, en el 2019, fue lo del asesinato de Sonia en Teatro Jaguares. Entonces para mí fue súper impactante porque en mi cabeza era un ‘en tu casa la mataron’, eso fue el detonante”, relató.
El proceso creativo
La construcción de sus obras parte de una necesidad personal de comunicar, pero también de un trabajo estructurado que combina intuición e investigación. Para ella, el teatro implica una responsabilidad con los temas que se abordan.
“Yo creo que de entrada pues es el impulso, detectar algo que necesitas comunicar a manera personal y de ahí ya viene el cómo lo desarrollas; por ejemplo, para crear ‘Nido’ tomé un curso de dramaturgia. Algo que procuro es intentar ser lo más responsable posible con las cosas que uno comunica y sí también viene un proceso de investigación, tanto de cifras como de casos, de documentación”, señaló.
En ese camino, reconoce la importancia de la preparación constante como una herramienta que amplía las posibilidades de creación y permite construir personajes y narrativas más sólidas.
“Estamos en una era en la que tenemos la información a la mano, las lecturas, incluso otras obras que de pronto tocan temas similares desde otra mirada, siempre ayudan si hay cierta investigación. Luego encontrar tus personajes es otro tema porque pueden ir cambiando, entonces sí trato de que haya una preparación. No es como que el arte no se pueda hacer si no estás profesionalizada, pero claro que te da más herramientas el seguirte preparando”, comentó.
Además su trabajo actual refleja una diversificación temática que incluye tanto proyectos por encargo como inquietudes personales, donde conviven la tradición, la mitología y las experiencias emocionales, según dijo.
Más allá del escenario
El teatro, para ella, no se limita a los espacios convencionales. Su interés actual se enfoca en llevar las artes a contextos donde puedan generar impacto directo en la vida comunitaria, particularmente en zonas marcadas por conflictos sociales.
“Mi objetivo ahora, lo que me está impulsando, es la intervención de espacios públicos en zonas de conflicto. Me refiero a lugares como, no sé, en Toluca, la Teresona, El Seminario y junto con esto, apoyada de lo académico, generar políticas culturales. Ahora se habla mucho de las mesas de trabajo por la paz, la seguridad y creo que las artes sí llegan a transformar el tejido social de una comunidad y esa es mi intención. Entonces, si no puedo estar involucrada en las políticas, por lo menos crear una serie de dinámicas, espectáculos, alianzas para intentar ser parte de la transformación del tejido social de una comunidad”, señaló.
La trayectoria de Angélica se construye desde la escena, pero también desde la reflexión constante sobre el papel del arte en la sociedad. Entre la formación académica, el trabajo colectivo y la búsqueda de una voz propia, su camino evidencia una intención clara: utilizar el teatro como un medio para comunicar, cuestionar y generar vínculos. En cada proyecto, la posibilidad de incidir en una sola persona se convierte en un objetivo suficiente para sostener una práctica que, más que cambiar el mundo, busca transformarlo desde lo cercano.
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