El teatro como espejo de la mente. Esa podría ser una de las formas de describir D’Mente, el montaje protagonizado por el actor mexicano Ari Telch, quien desde el escenario propone una reflexión frontal, pero también cargada de humor, sobre uno de los temas más urgentes de nuestro tiempo: la salud mental.
La obra llegará el próximo 21 de marzo a las 20:00 horas al Teatro Quimera, en Metepec, en lo que será la primera ocasión en que el actor presente este montaje en ese recinto.
D’Mente a Metepec
Más que un espectáculo teatral convencional, D’Mente es un ejercicio escénico que combina comedia, drama, música y confesión personal. Telch lo define como un soliloquio, una forma teatral más libre que el monólogo tradicional, donde el actor dialoga con el público mientras recorre historias, personajes y reflexiones sobre las enfermedades psiquiátricas.
“Un escenario para hablar de lo que casi nadie quiere hablar. El origen del proyecto surge de la necesidad de combatir la ignorancia que todavía rodea a los trastornos mentales.
“Es evidente que estos padecimientos se han incrementado. Ya se puede decir que hay otra pandemia, de salud mental; estamos sufriendo ansiedad y depresión. La enfermedad mental conlleva pérdidas”, señala Telch al referirse a un problema que, insiste, todavía se enfrenta con silencio y prejuicio.
En su visión, gran parte del estigma proviene de la falta de educación.
“Pensamos que la enfermedad mental es muy rara, pero no nos educaron en la escuela sobre ella. Y no, es bastante común. Todos tenemos períodos de esa enfermedad llamada enfermedad mental en nuestra vida”, explica el actor.
“En el escenario abordamos esas situaciones cotidianas que muchas personas reconocen: la ansiedad antes de un examen importante, el estrés acumulado por un evento familiar o el insomnio provocado por preocupaciones. Situaciones que, aunque frecuentes, pocas veces se reconocen como señales de alerta sobre la salud emocional”, detalló.
Comedia como herramienta para abrir la conversación
Uno de los rasgos más singulares de D’Mente es su tono. Lejos de plantear un discurso solemne o clínico, el actor utiliza la comedia como herramienta para abrir la conversación.
“Es entretenimiento porque nos burlamos de todo, pero también es activismo para alertar a la gente, para prenderle un foco y que aprenda a pedir ayuda.
La estructura del montaje rompe con los esquemas tradicionales del teatro unipersonal. No se trata de un monólogo con reglas estrictas, sino de una experiencia escénica dinámica, según el propio Telch.
“Es un soliloquio, no tiene reglas. Hay comedia, hay drama, hay chistes, cantó, bailamos, echamos mucho desmadre. Esa mezcla de géneros permite que el público pase de la risa a la reflexión en cuestión de minutos, generando una conexión emocional que convierte la obra en una experiencia profundamente humana”, comenta con humor el actor.
Otro de los temas centrales del espectáculo es el miedo que todavía existe en torno a los especialistas en salud mental.
“Hay un terrible estigma sobre el médico psiquiatra. Mucha gente cree que ir al psiquiatra es para locos”, explica Telch.
El actor compara la formación de estos especialistas con la de cualquier otro médico, subrayando que se trata de profesionales que estudian durante años para comprender el funcionamiento del cerebro.
“Cuando el cerebro no hace bien su trabajo necesitamos un médico psiquiatra, que es un especialista como cualquier otro”, señala.
Sin embargo, advierte que muchas familias no saben identificar el momento en que deben buscar ayuda para un ser querido.
“No sabemos ni siquiera cuándo buscar ayuda para nosotros, para nuestros familiares, para nuestros hijos”, dice.
Uno de los datos que más preocupa al actor, y que también aparece en la obra, es el aumento de los problemas emocionales entre los jóvenes.
“El suicidio adolescente es la segunda causa de muerte entre los jóvenes. Tenemos que hablar de esto sin mitos y sin tabúes. Hay que promover programas educativos desde la primaria, pero sobre todo en la secundaria”, afirma con contundencia y considera que la educación sobre salud mental debería comenzar desde la escuela.
En su opinión, la información temprana puede ayudar a prevenir problemas más graves, especialmente en un contexto donde los jóvenes están expuestos a nuevas presiones sociales y tecnológicas.
Telch también advierte sobre el impacto del uso excesivo de dispositivos electrónicos en los hábitos de descanso.
“El cerebro necesita descansar: comer, dormir y ejercitarse. Pero hay niños que se meten debajo de la cobija con el teléfono y reciben estímulos visuales y auditivos toda la noche. Así no duermen”, explica.
Encuentros conmovedores con el público
A lo largo de los años, D’Mente ha generado encuentros conmovedores con el público. Telch recuerda una experiencia que lo marcó profundamente.
Después de una función, una pareja se acercó con una mujer mayor para presentársela.
“Mira, te presento a mi mamá. La mujer lucía arreglada, con las uñas pintadas, vestido nuevo y planes de viajar con sus amigas. Lo que parecía una escena cotidiana escondía una historia mucho más compleja.
“La señora tenía siete años encerrada en su recámara sin bañarse, sin cuidarse”, relata el actor.
La familia explicó que la mujer padecía depresión y que durante años había vivido aislada, incluso recurriendo al alcohol como forma de paliar su sufrimiento.
Tras buscar ayuda médica y enfrentar el problema, su vida comenzó a transformarse.
“Esa era la depresión y ahora mírala”, recuerda Telch que le dijeron.
Para el actor, historias como esta confirman que hablar de salud mental puede generar cambios reales.
Para Telch, cada presentación sigue siendo una oportunidad para abrir una conversación necesaria. Porque si algo busca D’Mente es recordar que hablar de salud mental no debería ser un acto de valentía, sino una práctica cotidiana.
Otro punto clave que aborda la obra es la relación entre salud mental y adicciones.
“La adicción es una enfermedad mental”, afirma Telch.
Desde su perspectiva, la falta de información y el silencio familiar terminan favoreciendo que estos problemas se agraven.
“Si nuestros hijos no saben que no deben consumir ciertas sustancias y no lo hablan con sus amigos, entonces estamos haciéndole un servicio al crimen organizado”, señala con crudeza.
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