A eso es a lo que le tienen miedo y por eso dicen que estoy loca: porque no me entienden. Porque nadie soporta que a sus oscuras vidas las ilumine una mentira que es tan grande como el sol.
Noticias del Imperio de Fernando del Paso
El 19 de enero de 1927, exhaló por última vez en el Castillo de Bouchot, María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha, quien fuera la última Emperatriz de México y quien pasó más años de su vida en un confortable encierro que en la vida pública.
Cristina Morató, dice en su libro “Reinas de Leyenda”, que las últimas palabras de Carlota fueron “Todo esto terminó y no tendrá salida”… Lo que a mí me lleva a pensar en lo significativo que resultó para esta famosa mujer no solo el fusilamiento de su esposo el Archiduque Maximiliano de Habsburgo, sino la caída de un proyecto político en el que ella no solo era consorte sino artífice.
Carlota fue educada para reinar, una mujer extremadamente culta que desde pequeña recibió una educación al parejo de la de sus hermanos, con conocimientos sobre la milicia, historia, economía, administración y fue también una mujer de ideas propias a la que francamente la historia apenas le hace justicia. A ella, como a muchas otras mujeres la historiografía les “ha jugado chueco” invisibilizando sus talentos o incluso encasillándolas en estereotipos como el de locas, enfermas e incluso brujas. De hecho en uno de esos personajes, que como diría Foucault en “El orden del discurso”, se sitúan en lo prohibido como mecanismo de exclusión; es como conocí por primera vez su historia.
Carlota la loca, a la que le encaneció el cabello en una sola noche de desesperación, Carlota quien metió los dedos en la taza del chocolate del Papa, Carlota bebiendo agua de las fuentes y comiendo huevos de gallinas criadas en su habitación por miedo a ser envenenada y también Carlota la mujer enamorada, leal, humillada y abandonada por todos cuando se caía el Imperio y el proyecto y sentido de vida por el que luchó.
Si bien Carlota y Maximiliano fueron convocados a México por el grupo conservador, al ser dos jóvenes llenos de energía y de ganas de hacer las cosas, además educados en ideas humanistas, su proyecto resultó en muchos casos más liberal que el de los liberales, razón por la que se le llegó a nombrar Carlota la roja. Como lo documenta Sussane Igler. Durante su reinado, ella mostró un compromiso real con las causas sociales y humanitarias, especialmente en lo que respecta a la situación de las clases más desfavorecidas, entre ellas las personas indígenas, fundó la Casa de Maternidad e Infancia en México, una institución destinada a atender a las madres y a los niños en situaciones de vulnerabilidad y puso especial hincapié en la relevancia de la educación de las mujeres.
Emprendió la mejora de los transportes y las comunicaciones, como la vía ferroviaria de Ciudad de México al puerto de Veracruz. Y en la capital abrió el Paseo de la Emperatriz, que posteriormente se convirtió en el Paseo de la Reforma, la avenida más icónica de México. En lo que a la explotación laboral toca, limitó el horario laboral y los castigos corporales, así como el trabajo infantil.
Se dice que dado que el Emperador Maximiliano era muy afecto a los viajes, en especial aquellos destinados a “cazar mariposas en Cuernavaca”, cuando Carlota asumía la regencia “todo marchaba muy bien”; es muy probable que así ocurriera y pienso lo que esto significaba en un contexto en el que el mundo y no sólo México era regido por las figuras masculinas. Puedo imaginarme a Carlota dueña de sí misma, asumiendo con firmeza la responsabilidad de un pueblo que ella misma había buscado, citando a los ministros a las seis de la mañana a gabinete para al día siguiente volverlos a convocar para preguntarles ¿cómo va aquello que les encargué?, entonces puedo imaginarme también el por qué no la soportaban, eso en el México del siglo XIX era algo prácticamente inaudito.
A Carlota la traicionaron todos, y una vez rota, abandonada e inestable fue fácil recluirla en el lugar de la locura, encontrando las justificaciones necesarias para encerrarla por siempre, que si por loca, que si por tener un embarazo extramatrimonial, que si por iracunda o tal vez por haber llegado a ser la mujer más rica de su tiempo y con el encierro se procuraba el control no sólo de su verdad sino de su fortuna. ¿Cuántas mujeres han encontrado y encuentran el mismo destino por ostentar un discurso diferente? ¿Cuáles son ahora los mecanismos de clausura para esas verdades que aún hoy resultan incómodas?.
La historiografía contemporánea y en especial, la incursión del género como una categoría en el análisis histórico, han permitido una apertura y reinterpretación de las fuentes. Tomemos esta oportunidad y coloquemos a Carlota y a muchas que como ella, desafiaron los roles y los papeles tradicionales, en el lugar que realmente merecen. En propias palabras de Frederic Hall el consejero de su esposo: “Si ella hubiera sido un hombre a la cabeza de un gobierno poderoso, la hubieran considerado el soberano eminente de su era”.
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