Jimena Valdés Figueroa

Jimena Valdés Figueroa

Clarissa y las mujeres sabias

Voz Propia

Clarissa y las mujeres sabias

Jimena Valdés

Redacción
Abril 18, 2026

Si bien, la obra más famosa de Clarissa Pinkola Estés, es Mujeres que corren con Lobos, en la que evidencia sus virtudes como “contadora” de las historias y experiencias más profundas de las narradoras orales que acompañaron su infancia y la acercaron al mundo de sus símbolos, hace unos días cayó en mis manos otra de sus obras menos conocida pero llena de resonancias para mí El baile de las mujeres sabias.

Escrita en 2023, la obra no puede dejar de leerse desde la posición discursiva del propio ciclo de vida de la autora, quien ronda los 80 años y que nos muestra una visión de la vida desde un goce y un reconocimiento de la sabiduría femenina desde una mirada propia de “la mujer sabia”, de esa mujer que ha tenido la fortuna de recorrer un largo camino de vida y al hacerlo desde la conciencia, no sólo ha acumulado años sino saberes.

A través de los relatos de Clarissa, encontramos esas trazas del poder femenino a través del tiempo; esa esencia integrada por experiencias, saberes y poderes que de maneras casi mágicas prevalece de generación en generación. Tal vez, como lo señala Jung, se traten de “aspectos inconscientes de nuestra percepción de la realidad”, fenómenos que son traslados de cierto modo desde el reino de la realidad al de la mente. 

Los relatos de las mujeres sabias de Clarissa, evocaron en mí a la mujer sabia que ha regido mi vida: mi abuela materna, de quien, al paso de los años, encuentro en mí cada vez más cosas… y he de decir que siendo la mujer que ella era, es para mí un privilegio volverme, aunque sea un poco, como ella.

Mi abuela sabia, mi abuela árbol con sus largas raíces metidas en lo más profundo de mi existencia, nace, renace y me habita en múltiples formas… a veces en lo consciente, otras en el uso común de un lenguaje compartido que me brota a cada rato cuando uso sus frases, sus dichos y el vasto vocabulario que nos legó como un ajuar de palabras que dan y darán cuenta de ella; a veces en sueños de los que despierto añorándola mucho y casi siempre como esa voz intuitiva que me da luces sobre muchas cosas, como ese baile de una mujer sabia. 

Mi abuela, como las de Clarissa, no se ciñó a ningún molde… de hecho rompió los moldes determinados para las abuelas. Ella, lejos de ser como ella misma decía, “una abuela consentidora”, fue para mí una guía, un ejemplo de esos valores y aptitudes que son muy difíciles de alcanzar y que nos retan mucho: la disciplina, la capacidad de organización, la entereza, la dignidad y un modo de bondad muy propio de ella, en el que realmente sabía no esperar nada a cambio de todo lo bueno que ella nos daba.

Mi abuela, podría ser la abuela del máximo esfuerzo, del empeño diario y también de poner la energía en las cosas realmente relevantes, su famosa frase “siempre hay algo en qué ocuparse”, resume probablemente su filosofía de vida.

En palabras de la autora “las mujeres sabias no dudan de quiénes son, aceptan los cambios de prioridades con calma y prefieren la sabiduría propia al rechazo o la validación externa”, todas y cada una de esas virtudes las observé en mi abuela. Siendo ella, absolutamente ella en todos mis recuerdos e incluso en su trascender.

Mi abuela y luego “La Bis” (al haber adquirido una categoría más alta en la escala de las abuelas), me dio muchos regalos a lo largo de los más de 40 años que compartimos. Pero creo que el más grande de todos lo reservó casi para el final de ese modo de estar juntas… Un día, cuando ya requería de mayores cuidados, me enseñó en su cuaderno de actividades diarias, un ejercicio en el que recordaba que el día más feliz de su vida, fue el día en el que yo nací; y es que efectivamente no hay mejor regalo que el volvernos absolutamente relevantes para alguien… Así como me dijo que para ella lo fui y como ella por siempre y para siempre lo es para mí.

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