Por: Leonardo León
Las imágenes son reveladoras.
Un directivo de OHL (hoy Aleatica) conversa, toma del brazo y conduce la conversación con quien entonces era el hombre más poderoso del Estado de México: el priista Enrique Peña Nieto.
La escena no sería relevante si no resumiera una época completa.
Durante años, la relación entre la concesionaria y el poder político mexiquense parecía moverse en una sola dirección: los gobiernos facilitaban; la empresa operaba.
Hoy la ecuación cambió.
Después de las inundaciones en Valle de las Flores, las exigencias públicas del alcalde Daniel Serrano, las reuniones con vecinos y los reclamos por el funcionamiento de la infraestructura hidráulica, la empresa tuvo que reaccionar, enviar equipo, sentarse a negociar y atender demandas que durante años permanecieron postergadas.
Quizá la mejor explicación del cambio no está en los comunicados recientes. Está en aquellas viejas imágenes que muestran cómo se ejercía el poder y quiénes se sentían cómodos junto a él.
Quizá ahí está una de las diferencias más profundas entre dos épocas políticas, con los gobiernos de izquierda actuales. Durante años, el poder parecía funcionar para abrir puertas a los grandes intereses económicos. Hoy, la exigencia ciudadana es exactamente la contraria: que el poder sirva para defender a las comunidades cuando esos intereses incumplen.
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