Físicos, matemáticos y psicólogos han desarrollado la teoría del caos, área joven del conocimiento multidisciplinario que a partir de los años 80 encontraron los economistas aplicaciones para sus modelos no lineales.
Caos no es desorden sino orden de movimientos impredecibles, el mundo no está sellado por el destino ni es completamente azaroso donde nada se puede predecir, es determinismo y azar, predestinación y espontaneidad.
Una perturbación diminuta puede generar grandes cambios; si una pelota que rebota en la cumbrera se desvía un milímetro, saltará en sentido contrario; si se falla en la medición inicial de un lanzamiento satelital tendremos un final imprevisto. Si conociéramos el Big Bang podríamos prever mejor cualquier situación del universo; si entendiéramos plenamente la complejidad de nuestro cerebro podríamos saber por qué soñamos, recordamos o somos creativos, pero no conseguiremos la certeza de nuestros pronósticos.
La teoría del caos recurre a la parábola del efecto mariposa, que describe el aleteo del lepidóptero en Brasil que podría generar un Huracán en Texas, como advertía Edward Lorenz de MIT cuando en los años 70 popularizó esta parábola después de fallar en cálculos donde no usó todos los decimales, concluyendo que los acontecimientos siempre tienen más causas y culpables de los que consideramos. No podemos impedir que este prodigioso insecto que vive pocas semanas y viaja grandes distancias, agite sus cuatro alas elegantes en algún lugar del mundo, y con esa perturbación diminuta genere otros grandes efectos.
Esta teoría supone que la economía es inestable por la cantidad de voluntades que concurren en ella, su interacción la complica exponencialmente bajo la idea holística de que el todo es mayor que la suma de sus partes. Entre más interconectadas estén las economías, sus variables son exógenas porque las determina la globalidad: la crisis de México en 1994 influyó en Argentina, el Brexit desencadenó efectos prolongados en Europa y la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos en 2008 amplificó efectos a muchas economías del mundo.
A pesar de que la digitalización ha incorporado Big data e IA en la predicción, la economía del caos desafía cualquier pronóstico, porque incluye fluctuaciones, bifurcaciones e inestabilidades propias y ajenas, no hay linealidad en los fenómenos y la misma aleatoriedad funciona espontáneamente, con lo que las predicciones no pueden ser absolutas sino probabilísticas. De ahí que se demande más flexibilidad en los pronósticos, pero sobre todo mayor modestia de los pronosticadores.
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