Por: Jimena Valdés
La próxima semana quien escribe, cumple 44 años. En términos de proyección demográfica la mitad de la esperanza de vida, si todo va bien. Eso me lleva a sentarme a mirar el camino andado y por andar y sobre todo a revisitar lo que muchas veces hemos asumido como certezas en la vida.
El éxito es uno de esos lugares que últimamente me he puesto a escudriñar y pienso que es de lo que más redefiniciones implican.
Al respecto, leí un artículo sobre las disertaciones en torno al éxito de Arundhati Roy y hubo una en especial sobre la necesidad de reconocimiento y los esquemas de valoración del logro que me resonó especialmente: “Las personas que son menos exitosas (en la definición común de éxito), son las más plenas”.
A partir de esa paradoja, emergen ópticas en torno a lo que significa ser una persona de éxito o vivir en experiencias exitosas. Pienso que en estricto sentido, las personas somos socializadas en la primera fórmula, la cual implica mantener una política de constante competencia y demostración de todo lo podemos hacer pero no de lo que realmente somos, el negarnos también el derecho a la vulnerabilidad y sus expresiones como un despliegue más de nuestra experiencia humana, es más a mantener esa coraza de lucha, inclusive ante nuestra propia muerte cumpliendo el mandato de “luchó hasta el final”.
Dice Arundhati que habría que plantearnos el éxito más allá del bienestar económico y la fama, premisa que se vuelve cada vez más difícil de vivenciar en un mundo en donde las métricas de lo apreciado se valoran cada vez más en ganancias, en la mercantilización de la propia experiencia y en el enorme miedo que tenemos a la calma que puede brindar el anonimato.
Dice también que sugiere atrevernos a formular “otro tipo de sueños”, sueños en los que los errores y las fallas sean también bienvenidos y en los que lejos de representar un obstáculo, implican fuentes prolijas de crecimiento.
En mis próximos 44 años, me gustaría atreverme a eso, a soñar sueños distintos en los que pueda abrazarme completa, a no tener que demostrar superación sino el entendimiento de las partes que me conforman y que conforman mi historia. En mis próximos 44 años, o los que vengan, quiero dejar de pelear conmigo misma y tomar desde la plenitud lo que me brinde cada experiencia.
Emergen ópticas en torno a lo que significa ser una persona de éxito o vivir en experiencias exitosas.
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