El Mundial que ganaron niñas de los barrios del Edomex

El Mundial que ganaron niñas de los barrios del Edomex. Foto: Especial

El Mundial que ganaron niñas de los barrios del Edomex

Las heroínas de la Cancha Violeta son niñas y adolescentes con historias de marginación.

Miriam Vidal
Junio 13, 2026

Mientras millones de personas siguen el arranque de la Copa Mundial y los reflectores apuntan a los grandes estadios del país, una historia de éxito ya quedó escrita por diez jovencitas provenientes de barrios y comunidades del Valle de México, quienes lograron convertirse en campeonas del mundo.

Originarias de Ecatepec, Tlalnepantla, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ixtapaluca y la alcaldía Milpa Alta, las integrantes de la organización civil Más Sueños A.C. conquistaron la Street Child World Cup 2026, cuya final se  celebró el pasado 14 de mayo en el Parque Ecológico Lago de Texcoco (PELT).

Las protagonistas son Melanie, de Tlalnepantla; Yoselyn, de Nezahualcóyotl; Ana, de Chimalhuacán; Fernanda, de Milpa Alta; Yamilet, de Ixtapaluca; así como las ecatepenses Dannae, Giovana, Karol, Lía y Julia.

Juntas enfrentaron a equipos provenientes de América Latina, África, Europa y Estados Unidos, hasta coronarse campeonas de una competencia internacional que reúne a jóvenes de distintas partes del mundo para promover los derechos de niñas, niños y adolescentes a través del deporte.

Para ellas, la copa representó mucho más que un trofeo; es la prueba de que el talento puede surgir en cualquier rincón y de que una cancha puede convertirse en una herramienta para transformar vidas.

Un proyecto para combatir la violencia

Detrás de la conquista mundial existe una historia que comenzó hace casi dos décadas.

Perla Acosta Galindo, directora de Más Sueños A.C., recordó que la organización nació con el propósito de acompañar a mujeres, niñas y adolescentes que enfrentan distintos tipos de violencia en sus comunidades.

“Somos pioneras en el futbol feminista en México. Empezamos trabajando toda la parte emocional, la prevención, detección y atención a la violencia; tenemos talleres, asesoría legal y trabajamos muy fuerte para que mujeres y niñas puedan salir de situaciones de violencia”, explicó.

La iniciativa comenzó en el pueblo de San Pedro Xalostoc, en Ecatepec, uno de los municipios más poblados del país.

Conforme avanzó el trabajo comunitario, surgió la pregunta sobre cómo acercar a más niñas a espacios seguros donde pudieran convivir, aprender y desarrollarse.

La respuesta, una cancha de futbol

“Queríamos que las mujeres ocuparan los espacios públicos. Nuestro primer torneo reunió a 40 personas y después ya no paramos, comenzamos a organizar torneos con perspectiva de género y nos dimos cuenta de que el deporte podía ser una herramienta muy poderosa para generar cambios”, recordó Perla.

Con el tiempo, la organización desarrolló una metodología que logró combinar el deporte con el aprendizaje de derechos humanos, la atención emocional, actividades culturales y el fortalecimiento de habilidades sociales.

“Cada vez que hacíamos un torneo llevábamos psicólogas, abogadas, doctoras e información sobre distintos temas. El futbol era la puerta de entrada para acercarnos a las niñas y sus familias”, señaló.

Cancha Violeta un espacio para crecer

Uno de los proyectos más importantes de Más Sueños es Cancha Violeta, un espacio comunitario donde niñas y adolescentes entrenan de manera gratuita.

Ahí no sólo aprenden a jugar futbol, también reciben acompañamiento emocional, participan en actividades culturales y conocen temas relacionados con sus derechos.

“Queremos es que las niñas y los niños sean felices, pero también aprendan de sus derechos. Buscamos recursos para que puedan leer, viajar, conocer museos y participar en torneos. El futbol es una herramienta para el desarrollo”, explicó Perla Acosta.

La directora reconoció que muchas de las participantes provienen de entornos complejos.

“No es fácil ser mujer en México y tampoco es fácil ser mujer en municipios como Ecatepec. Hay muchos estigmas y muchas veces las niñas absorben la violencia que existe en su entorno. Por eso estos espacios son tan importantes”.

A través de los años, cientos de niñas han pasado por estos programas comunitarios, en los que algunas encontraron amistades duraderas y otras descubrieron una pasión deportiva.

Y varias de ellas, como ocurrió con las campeonas de la Street Child World Cup, encontraron una nueva forma de mirar su futuro.

Dos años para llegar al Mundial

Participar en el torneo internacional no fue sencillo. La organización tuvo que atravesar un largo proceso de selección que incluyó convocatorias, evaluaciones y requisitos administrativos.

“Estuvimos casi dos años intentando lograrlo. Fueron muchos documentos y trámites. Finalmente nuestro equipo fue seleccionado para representar a México”, recordó Acosta.

La Street Child World Cup se celebra cada cuatro años, en el contexto de los mundiales de futbol, el objetivo es utilizar el deporte como una plataforma para impulsar la inclusión, la educación y la defensa de los derechos de las infancias.

Es por eso que para Más Sueños, obtener un lugar ya representaba una victoria, pero lo que vino después superó cualquier expectativa.

“Había equipos de distintas partes del mundo. Solamente cuatro representaban a América Latina. Haber logrado un lugar ya era algo importante. Haber sido campeonas fue algo increíble”, afirmó.

La directiva recordó que uno de los momentos más emotivos fue observar cómo las jugadoras comenzaron a dimensionar lo que estaban consiguiendo.

“Cumplir este sueño también era nuestro sueño. Verlas creer en ellas mismas y darse cuenta de que podían competir con cualquier equipo del mundo fue algo maravilloso”.

El futbol como refugio

Entre las historias que conforman el equipo destaca la de Dannae Pedraza, una joven que encontró en el futbol una manera de enfrentar momentos difíciles.

“El futbol es el amor de mi vida, es mi lugar seguro. Por algo me lo tatué”, contó entre risas.

Su relación con el deporte comenzó desde pequeña gracias al apoyo de su padre; sin embargo, fue durante años complicados cuando la cancha adquirió un significado especial.

“Tenía muchos problemas familiares y no sabía cómo desestresarme. Mi papá siempre me apoyó y me fue entrenando desde chiquita. Gracias a los entrenamientos fui creciendo y mejorando”.

Para Dannae, entrenar significaba encontrar un espacio distinto al de las preocupaciones cotidianas.

“Cuando estoy jugando me olvido de todo. Me enfoco en lo que hago y en demostrar mis capacidades”.

Su camino tampoco estuvo libre de obstáculos, pues ha tenido lesiones y estuvo a punto de dejar  de jugar futbol, pero, según indicó, nada es imposible.

Por eso, cuando llegó el momento de levantar el trofeo, ella sintió que todo había valido la pena.

“Es un orgullo. Le echamos muchísimas ganas. Primero fui preseleccionada y después elegida para el equipo; llegamos al torneo para disfrutarlo y gracias a Dios se nos dio el triunfo”, relató y envió un mensaje a otras niñas:

“Que luchen por sus sueños, que va a haber obstáculos, pero si tienen disciplina y trabajan por lo que quieren pueden lograr cosas muy grandes”.

Formar líderes dentro y fuera de la cancha

Entre quienes están al frente del equipo se encuentra Marisol Carmona Gutiérrez, entrenadora y exjugadora profesional que ha dedicado más de dos décadas a impulsar el futbol femenil.

Para ella, el campeonato es consecuencia de años de trabajo colectivo.

“El esfuerzo, la disciplina y la constancia las puso cada niña. Nosotros acompañamos el proceso, pero el mérito es de ellas”, aseguró.

La entrenadora explicó que desde el inicio el objetivo iba mucho más allá de ganar partidos.

“El objetivo nunca fue únicamente levantar una copa, queríamos que vivieran la experiencia, que cumplieran sus metas y que se convirtieran en una referencia para otras niñas”.

Marisol explicó que conoce de cerca los retos que enfrentan muchas jóvenes para mantenerse en el deporte.

Por ello, agregó, una parte importante de su trabajo consiste en fortalecer la confianza de las jugadoras.

“Yo también crecí jugando en comunidades. Siempre les digo que ningún sueño es demasiado grande ni ninguna soñadora demasiado pequeña”.

Desde su perspectiva, el futbol tiene la capacidad de generar cambios profundos.

“No solamente se trata de enseñar técnica o táctica, sino que se trata de enseñar trabajo en equipo, solidaridad, liderazgo y confianza”, apuntó.

La entrenadora considera que muchas de las jóvenes que hoy integran el equipo ya se han convertido en agentes de cambio dentro de sus propias comunidades.

“Ahora ellas pueden transmitir este mensaje a otras niñas y sobre todo pueden demostrar que sí se puede llegar lejos”.

Mucho más que una copa

Además de los partidos, la Street Child World Cup permitió que las participantes convivieran con jóvenes de distintos países.

Durante varios días compartieron experiencias, actividades culturales y espacios de reflexión.

Las diferencias de idioma, costumbres o nacionalidad desaparecieron alrededor de un balón.

“Más que un trofeo nos llevamos aprendizajes, amistades y experiencias que nos van a acompañar toda la vida”, compartieron algunas de las jugadoras.

Para la organización, ese intercambio cultural es una de las mayores riquezas del torneo.

Las jóvenes regresaron a casa con una nueva perspectiva del mundo y con la certeza de que existen otras niñas enfrentando desafíos similares en distintas partes del planeta.

El siguiente reto

Lejos de considerar el campeonato como una meta final, Más Sueños ya trabaja en nuevos proyectos.

La intención es ampliar el alcance de sus programas comunitarios y abrir más oportunidades para niñas y adolescentes.

Marisol Carmona adelantó que existen planes para impulsar nuevos intercambios deportivos e incluso proyectos relacionados con futuras competencias internacionales.

“Queremos seguir creando espacios seguros para las niñas y demostrar que vale la pena creer en sus sueños”.

Mientras tanto, las campeonas continúan entrenando, pues algunas sueñan con llegar al futbol profesional.Otras desean estudiar una carrera universitaria y combinar ambas metas.

Lo que tienen en común es que ahora saben que los límites suelen estar mucho más lejos de lo que imaginaban.

Mientras los grandes nombres del futbol mundial disputan la Copa del Mundo frente a millones de espectadores, estas diez jóvenes del Valle de México ya escribieron su propia historia.

Una historia nacida en barrios, canchas comunitarias y proyectos sociales, construida a base de disciplina, esfuerzo y trabajo colectivo.

Nayelli Arenas, impulsora de Cancha Violeta, destacó que la historia de estas niñas demuestra que los sueños también pueden comenzar en una colonia de Ecatepec, en una calle de Chimalhuacán o en una cancha de Ixtapaluca, y que, a veces, esos sueños terminan levantando una copa mundial.

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