En la vasta tradición de la literatura mexicana contemporánea, pocas obras logran dialogar con el pasado sin caer en la rigidez del dato histórico o en la tentación de la nostalgia superficial.
El oro de las sombras, de la escritora Carmen Leñero, se instala precisamente en ese territorio complejo: una novela que no solo recrea el mundo novohispano, sino que lo cuestiona, lo fragmenta y lo reimagina desde múltiples voces, géneros y perspectivas.
Publicada bajo el sello Bon Art, la obra propone una experiencia literaria que desborda las categorías convencionales. Aunque puede leerse como una novela histórica, su estructura —compuesta por endecasílabos, escenas teatrales, fragmentos de diarios y reflexiones místicas— rompe con cualquier intento de clasificación.
La propia autora reconoce ese carácter mutante del texto: “es una novela sobre una monja novohispana, pero también un texto de voces múltiples que se cuestiona a sí mismo sobre su hechura y su propósito”.
Desde sus primeras páginas, El oro de las sombras plantea interrogantes sobre su propia naturaleza: “¿qué restricciones impone una novela histórica?, ¿es esto una carta a una muerta, un reporte o un delirio?”.
“Estas preguntas no son meros recursos estilísticos, sino el eje de una obra que se construye como un rompecabezas donde el lector tiene un papel activo, casi detectivesco”.
Hablar con Carmen Leñero implica descubrir a una creadora que se mueve con naturalidad entre distintas disciplinas. Escritora, cantante, investigadora, su voz artística no se limita a un solo registro.
“Yo me siento muy feliz cantando y soy muy feliz escribiendo… cantar me prepara para escribir, porque hace que se muevan otras partes de mi cuerpo, de mi cerebro”, explica.
Lejos de concebir estas actividades como opuestas, Leñero las entiende como partes de una misma energía creativa.
“Dentro de mi persona es una sola voz la que canta, la que escribe y la que impresiona. Esa integración se percibe también en mi novela, donde el ritmo, la musicalidad y la cadencia del lenguaje juegan un papel fundamental”.
El origen de una obsesión
El germen de El oro de las sombras no surgió de una búsqueda deliberada, sino de una circunstancia académica.
“Yo estaba dando unas clases sobre literatura novohispana… entonces me empecé a interesar por el virreinato. Lo que comenzó como una obligación docente terminó por convertirse en una fascinación profunda.
“Quedé fascinada con la época e hice una investigación histórica y lingüística muy encantada… inventé a mi personaje y de ahí salió todo. La novela, más que reconstruir el virreinato, se sitúa en él como un espacio vivo, complejo y contradictorio”, relata la autora.
Leñero subraya la importancia de este periodo en la conformación de la identidad mexicana: “México no es solo lo prehispánico y lo español, sobre todo es lo novohispano, que es lo que hizo la mezcla… en la cocina, en las ideas, en las tradiciones. En ese sentido, la novela no solo revisita el pasado, sino que dialoga con el presente”.
Uno de los aspectos más reveladores de la investigación de Leñero fue descubrir la relevancia global de la Nueva España. “La Ciudad de México era la más cosmopolita del mundo en el siglo XVII… era un centro comercial entre continentes”, afirma.
Sin embargo, lo que más llamó su atención no fueron los grandes acontecimientos, sino los detalles aparentemente marginales, cargados de simbolismo. Entre ellos, destaca el fenómeno de las reliquias.
“Cuando alguien era considerado santo, la gente quería un pedacito… les cortaban dedos, orejas, hasta la cabeza para llevárselas como talismanes.
“Este tipo de prácticas, que hoy pueden parecer extremas o incluso perturbadoras, revelan una mentalidad profundamente marcada por la fe, la superstición y el deseo de lo divino. Era una cosa casi herética”, reconoce la autora.
Otro elemento fascinante es el papel de los conventos como espacios de mestizaje cultural.
“En las cocinas convivían españolas, criollas, indígenas y esclavas… ahí se creó la cocina mexicana. Este crisol de tradiciones no solo define la gastronomía, sino también la identidad del país”, explica.
Un personaje enigmático y transhistórico
En el centro de la novela se encuentra una figura femenina compleja: una monja indígena cuya vida se convierte en objeto de interpretación para distintas voces narrativas.
“Es un personaje enigmático, contradictorio, inquietante. A diferencia de figuras históricas como Sor Juana, la protagonista de El oro de las sombras es una creación ficticia, aunque profundamente verosímil.
“Todo corresponde a la realidad, aunque sea inventado”, asegura la autora, quien dedicó años a investigar testimonios, cartas y contextos históricos.
La elección de una monja indígena no es casual. “Normalmente no había monjas indígenas, pero en Querétaro, donde el cacique era otomí, sí se permitía. Esta condición le otorga al personaje una singularidad que se refleja en su espiritualidad. Hay rastros del misticismo otomí en su religiosidad”, comenta.
Más allá de su contexto histórico, la protagonista posee una dimensión casi atemporal.
“Es un personaje con un poder transhistórico… su influencia se extiende a través de generaciones. En ese sentido, la novela explora cómo la vida de una persona puede resonar más allá de su tiempo”.
Uno de los mayores retos al escribir una novela histórica es recrear la psicología de los personajes. “¿Cómo sentía la gente entonces?”, se pregunta Leñero. La respuesta no es sencilla, pero la autora se aproxima a ella a través de una inmersión profunda en la época.
“Leí testimonios, cartas, fui a los lugares… te empapas de la época y de lo que te llega al espíritu de ese momento. Este proceso no solo implica una reconstrucción intelectual, sino también emocional”.
El resultado es una narrativa que no pretende ofrecer certezas, sino abrir preguntas. La identidad de la protagonista, por ejemplo, nunca se define completamente.
“Es el lector el que termina decidiendo… es como un rompecabezas”.
Como suele ocurrir en la literatura, la obra de Leñero contiene elementos autobiográficos. “Sí hay algo mío en todos los personajes. Son cinco voces y en cada una hay algo de Carmen”, admite.
Su interés por el misticismo, particularmente por figuras como San Juan de la Cruz, se refleja en la novela. Sin embargo, su enfoque no es religioso en sentido estricto, sino existencial: “me interesa el misticismo como experiencia humana”.
Esta perspectiva permite que la obra trascienda el contexto histórico y se convierta en una reflexión sobre temas universales como la fe, la identidad y la búsqueda de sentido.
La portada del libro, inspirada en las llamadas “monjas coronadas”, añade otra capa de significado a la obra. Estas pinturas, típicas del virreinato, representan a religiosas adornadas con flores y símbolos tras su muerte.
“Un crítico de arte ve un retrato y cree reconocer a su madre… ahí empieza la investigación. Este elemento introduce un tono casi detectivesco que recorre toda la novela.
“La historia, en este sentido, no solo se construye a partir de documentos, sino también de intuiciones, recuerdos y asociaciones. Es un ejercicio de reconstrucción que combina arte e imaginación”, explica Leñero sobre el origen narrativo.
Una novela que desafía al lector
El oro de las sombras no es una lectura complaciente. Su estructura fragmentaria, su multiplicidad de voces y su constante cuestionamiento de la verdad exigen una participación activa del lector.
Sin embargo, esa misma complejidad es lo que la convierte en una obra relevante dentro del panorama literario actual. En un momento donde la inmediatez domina, Leñero apuesta por una narrativa que invita a la reflexión, a la duda y al descubrimiento.
“Es un libro que se va armando poco a poco… como un rompecabezas, podría decirse. Y en ese proceso, el lector no solo reconstruye la historia de una monja, sino también una parte fundamental de la identidad mexicana”, recuerda.
Tras concluir la novela, Leñero confiesa que su fascinación por el virreinato llegó a su fin. “El amor se me pasó cuando terminé… hay que cambiar de amor”, dice con humor.
Esa necesidad de movimiento constante define a una autora que no se detiene. El oro de las sombras es, en ese sentido, el resultado de una pasión temporal, pero también una muestra de su capacidad para reinventarse.
Al final, la novela deja una impresión duradera: la de un pasado que sigue hablándonos, de voces que aún resuenan y de sombras que, al ser exploradas, revelan un inesperado fulgor. Porque, como sugiere el título, incluso en la oscuridad hay oro.
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