El Seminario, San Pablo Autopan, San Cristóbal Huichochitlán y el Cerrillo Vista Hermosa son delegaciones de Toluca con altos índices de violencia de género, donde las mujeres se sienten más inseguras, reveló un estudio realizado por la consultoría social Yestli.
Violencia de género en delegaciones de Toluca
De acuerdo a los resultados de las Cartografías Socioafectivas de la Violencia de Género en Toluca, en la capital mexiquense esta situación adquiere dimensiones críticas al situarse entre los 20 municipios con mayor número de feminicidios en el país.
En este sentido, Geovani Cruz Vázquez, fundador de Yestli, detalló que la investigación elaborada por la consultoría se centró en varias colonias con altos índices de violencia contra las mujeres, quienes a través de entrevistas aseguraron que la ciudad no es un espacio de libertad, sino un mapa de relieves afectivos, en donde sobresalen el miedo y la ansiedad que las lleva a limitar su vida social.
“Vivir en estas colonias es una aventura de sobrevivencia debido a que la infraestructura urbana está diseñada para la emboscada”, recalcó.
“La narrativa de las mujeres describe “puntos de no retorno”: puentes peatonales que se convierten en túneles de vulnerabilidad, paradas de autobús en avenidas como Boulevard Aeropuerto que son islas de inseguridad y terrenos baldíos que funcionan como zonas de silencio donde el auxilio no llega”.
Destacó que no es solo la oscuridad lo que las aterra, pues a plena luz del día ocurren asaltos o son violentadas, situación que las ha forzado a convertirse en sus propias agentes de seguridad, reveló Cruz Vázquez, quien puntualizó que las mujeres que participaron en el estudio dijeron que antes de salir de casa revisan la batería del celular, activan el GPS y se coordinan con redes de apoyo en WhatsApp.
Kit de supervivencia
Indicó que portan un Kit de Supervivencia que incluye dispositivos de descarga eléctrica, gas pimienta o incluso réplicas de armas, “saben que su defensa es responsabilidad de ellas”, indicó el consultor.
En estas colonias las mujeres han creado sistemas de “alarma vecinal” humana, vigilando desde las ventanas o acompañándose en grupos para cruzar zonas críticas, “lamentablemente, la ciudad, en lugar de expandirse, se encoje para las mujeres, dejan de visitar parques, evitan ciertas rutas, se opta por el encierro”, manifestó.
Esta “privatización de la vida” es la forma más silenciosa de violencia, el sacrificio del derecho a la ciudad y al disfrute del espacio público a cambio de una promesa de seguridad que el entorno urbano, tal como está construido hoy, se niega a cumplir, acentuó Cruz Vázquez.
Finalmente, Yestli propuso combatir la violencia institucional por omisión, y es que la falta de servicios básicos y visibilidad en traslados es una omisión estatal violenta.
También planteó un urbanismo con perspectiva de género, es decir, diseñar ciudades que consideren la movilidad del ciudadano y eliminen zonas sin alumbrado; tolerancia cero en instituciones educativas, evitar que la negligencia escolar valide el acoso y normalice la violencia de género; análisis de interseccionalidad económica, considerar que la precariedad económica en periferias recrudece la violencia de género; combate la violencia digital y simbólica, frenar los tribunales morales digitales que juzgan a las víctimas por ocupar espacios públicos.
“La seguridad debe ser una garantía del espacio público, no un esfuerzo individual privado”, manifestó Cruz Vázquez.
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MPH

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