El templo donde nació una generación regresa a escena

Roberto Cortez Zárate

El templo donde nació una generación regresa a escena

Rockanrolario con Roberto Cortez

Redacción
Junio 12, 2026

Rockotitlán reabrió sus puertas anoche en el Estado de México después de más de 20 años. El foro que vio pasar a futuras leyendas del rock mexicano durante la década de los 80 y 90 reaparece en Ciudad Satélite con la misión de demostrar que la memoria todavía puede ocupar un lugar en una industria transformada por completo.

Hubo un tiempo en que tocar en Rockotitlán significaba algo más que subir a un escenario. Era una especie de examen frente a una tribu que todavía estaba inventándose a sí misma. El rock mexicano buscaba espacios para existir y aquel foro terminó convirtiéndose en uno de sus refugios más importantes.

El foro que impulsó a bandas como Caifanes, Café Tacvba, Maldita Vecindad y El Tri, reabrió en Circuito Novelistas 4, en Ciudad Satélite, Naucalpan. El inmueble, que contará con tres niveles, escenario principal, zona de alimentos y balcones, ocupa un espacio distinto al de sus años más conocidos, pero conserva el nombre que para miles de músicos y asistentes representa una parte esencial de la historia cultural del país. 

La reapertura comenzó con un concierto de Kerigma, luego vendrán Ritmo Peligroso y Kenny y los Eléctricos, bandas que también forman parte de la memoria del lugar. Los responsables del proyecto buscan recuperar la actividad de un espacio identificado con el surgimiento y consolidación de una generación de artistas del rock nacional.

Cuando abrió Rockotitlán en 1985, el rock en español todavía avanzaba entre obstáculos. Había pocos foros dispuestos a programarlo y menos aún que apostaran por proyectos sin respaldo comercial. En ese contexto, el recinto impulsado por Sergio y Fernando Arau se convirtió en un punto de encuentro para una escena que buscaba construir sus propios caminos.

Por sus tablas desfilaron grupos que años después llenarían auditorios y estadios. Antes de los grandes festivales, antes de las giras multitudinarias y antes de convertirse en referencias obligadas del rock nacional, muchos de esos músicos tocaron frente a públicos reducidos en un foro que ayudó a dar forma a toda una generación.

La historia del lugar también estuvo marcada por la resistencia. Cambió de domicilio, atravesó crisis económicas y sobrevivió a distintas transformaciones de la industria musical. Tony Méndez, bajista de Kerigma, asumió el proyecto en la década de 1990 e intentó mantener abierto un espacio para las bandas emergentes mientras el mercado comenzaba a concentrarse en cada vez menos manos.

El cierre de 2004 pareció definitivo. Con el paso de los años, Rockotitlán se transformó en una referencia constante entre músicos, coleccionistas y seguidores del rock mexicano. El nombre seguía apareciendo en fotografías, carteles y conversaciones donde la memoria terminaba ocupando el lugar del escenario.

Su regreso ocurre en una época distinta. El centro de gravedad de la industria musical cambió, las plataformas digitales alteraron la forma de escuchar música y los grandes espectáculos dominan buena parte del mercado. Aun así, los foros continúan siendo los espacios donde las escenas encuentran identidad y donde las nuevas generaciones pueden construir comunidad.

Por eso lo que vuelve a abrir no es únicamente un recinto. Regresa una pieza de la arquitectura cultural que ayudó a sostener el crecimiento del rock mexicano. Después de veinte años de silencio, el desafío ya no consiste en recordar lo que fue. Consiste en demostrar que todavía puede ser parte de lo que viene. Ojalá tenga la mística que lo llevó a ser considerada la catedral de rock en México.

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