Para Alejandro Filio, la trova tiene una tarea esencial: retratar la vida y las emociones humanas, una manera de contar lo que somos. “Es una radiografía de las personas hecha canción”, asegura el cantautor que en más de cuatro décadas ha escrito canciones que hablan de amor, pérdidas, memoria y tiempo.
Para Filio, la trova resiste al tiempo y a los algoritmos gracias a un equilibrio constante entre la ética y la estética
“Lo más difícil de escribir una canción de amor es decir siempre la verdad”, dice al reflexionar sobre la canción de autor y asegura que la receta para que la trova haya resistido modas, transformaciones tecnológicas y estratégicas en la industria musical se debe a su naturaleza: “La característica de la trova es la ética y la estética en un equilibrio constante”.
Esta combinación ha permitido que el género conserve su autenticidad frente a un entorno en el que muchas producciones se diseñan a partir de algoritmos o fórmulas comerciales.
—¿Qué tiene la trova que la mantiene viva y necesaria en estos tiempos tan vertiginosos?
— Tiene una característica muy especial, que es precisamente la interpretación del sentimiento humano, pero del verdadero sentimiento humano. O sea, no es “compa, qué le parece esa morra”. No es eso, es un poco más allá. Porque el que dice: “compa, qué le parece esa morra”, también tiene un dolor, también tiene un amor, también tiene un desamor, o también tiene un hijo, o también tiene un perro, o también tiene una mamá, o también tiene una historia. Entonces, la trova es una especie de radiografía de las personas, hecha canción a partir de la poesía musicalizada, y la poesía musicalizada es algo que no es sencillo, que tratan de hacer muchos, pero que no se logran. Yo digo que no se concreta.
En ese contexto, Filio llegará al escenario del salón La Maraka este 7 de marzo, a las 21:30 horas, donde compartirá concierto con Fernando Delgadillo, un encuentro que reunirá dos trayectorias que han marcado la historia de la trova en México.
El formato consiste en una especie de duelo musical donde cada intérprete responde con sus mejores composiciones.
—¿Qué significa para ti compartir escenario nuevamente con Fernando Delgadillo? ¿Es una complicidad, es un reto, una celebración? ¿Qué es este encuentro que vamos a tener en La Maraka?
—Lo que hacemos es una remembranza de muchísimas cosas, pero lo hacemos a manera de, como dice él (Fernando Delgadillo), un Mortal Kombat de canciones, ¿no? Así dice: “Este es un Mortal Kombat de canciones”, y le digo yo qué bien, qué bien lo estás definiendo. Pero, bueno, yo lo podría definir como las mejores canciones de los dos mejores trovadores. Y vamos, me atrevo a decirlo porque lo podemos respaldar en el escenario, lo hemos estado haciendo.
“Así como canta Julieta y le respondo Ojos verdes, y luego se canta él, Hoy ten miedo de mí, respondo yo, Brazos de sol, y luego canto yo, Mujer que camina, y él responde con Entre pairos y derivas. Yo creo que verdaderamente es un concierto que la gente no se puede perder por eso”, detalla.
“Sí, es un Mortal Kombat, como dice Fernando Delgadillo. Sí hay una canción que tiene que superar a la otra a cada minuto del concierto. Entonces la improvisación se da, no tenemos una chuleta, no tenemos un programa. Hay canciones que sabemos que sí corresponden una a otra, pero definitivamente no sabemos qué va a pasar cada vez que nos subimos al escenario. Hemos experimentado que es una forma muy libre, muy sincera y muy improvisada de hacerlo. Y eso es lo que le está gustando también a la gente”, sostiene.
La dinámica del concierto refleja una amistad que se forjó desde los primeros años de sus carreras. Ambos surgieron en la escena de las peñas y los pequeños foros dedicados a la trova hace 40 años.
—¿Consideras que la trova se canta igual en 2026, a la que se cantaba en los años 90?
—No sé, mira, yo creo que la trova la seguimos interpretando los que hacemos y estamos comprometidos con la ética y la estética, que son dos puntos elementales que alguna vez mencionó Silvio Rodríguez de una manera tan asertiva, cuando dijo la característica de la trova es la ética y la estética en un equilibrio constante, en una búsqueda constante. Creo que hoy en día podemos decir que seguimos interpretándolo de esa manera los que lo hacemos así y que la gente sigue aceptándolo de esta manera, incluso hasta los therians, serán perros sensibles, serán perros que tienen historias, dolores y desamores.
Con el paso de los años, el músico ha desarrollado una reflexión profunda sobre el oficio de componer. La madurez, asegura, ha transformado su manera de escribir y de interpretar.
Este sábado 7 de marzo, el salón La Maraka será testigo de un “Mortal Kombat”
—¿Sientes que la madurez te ha dado una voz más honesta?
—Bueno, literalmente sí, creo que la honestidad estriba precisamente en esos pequeños detalles que se perciben en una interpretación más cálida, más emocionante. La madurez da coherencia, la madurez da compromiso, la madurez da responsabilidad. Y entonces es cuando se encuentra todo lo que mencionaste antes, que es dolor, qué es arrepentimiento, que es necesidad de expresarlo, de desahogarlo, de sacarlo y compartirlo tantas veces.
—Y digamos, a estas alturas, ¿te has autocensurado alguna vez por miedo a mostrar demasiado de ti en una canción?
—No, nunca. No, nunca. Híjole, por ejemplo, hay una canción que comienza diciendo, en el nuevo disco, es una canción que se llama Si no existieras tú, y comienza diciendo: “Di rienda suelta al dolor y desató la ira para volverme un poco peor”. O sea, híjole, eso creo que no tiene ningún gramo de censura.
Filio prepara el lanzamiento de un nuevo disco titulado Y este andar, un proyecto que reúne canciones a partir de experiencias acumuladas durante décadas de trayectoria, historias marcadas por la reflexión y el dolor.
—En este disco, ¿qué canción cumple con ese requisito de dolor o de emoción?
—Pues, yo creo que principalmente uno que se llama Pecado de omisión, que habla acerca del mundo que le estamos dejando a nuestros hijos, o no que le estamos, que ya le dejamos a nuestros hijos y que no pudimos levantarlos cuando se cayeron y que no pudimos cambiar las cosas para tener mejores relaciones con ellos. Yo creo que mi generación ha padecido mucho de eso, mucho. La gente que tenemos más de 60 años tenemos ese recuerdo, tenemos ese dolor. Y por eso la línea dice: “Ay, dolor que me pesas del corazón al cielo, si pudiera cambiar todo este tiempo”. Sí, es un contenido de mucho dolor y creo que esa es una de las más fuertes.
Alejandro Filio observa que las nuevas generaciones viven en un contexto marcado por la velocidad digital y la fragmentación de los contenidos. A pesar de ese entorno, cree que la búsqueda de emociones auténticas permanece intacta.
—Los chicos se dan cuenta de esto a pesar de que viven un mundo tan frío, un mundo tan rápido, un mundo de inteligencia artificial, de tanta violencia, de tanta desfachatez, de tanta mentira. A pesar de eso siguen enamorándose, a pesar de eso siguen buscando el sentir, el vibrar, el emocionarse.
Esa convicción sostiene su manera de entender la música y su trabajo como compositor. Filio afirma que el amor continúa como el motor central de su obra. El desafío, reconoce, consiste en mantener la honestidad dentro de ese proceso creativo. “Lo más difícil de escribir una canción de amor es decir siempre la verdad”, concluye.
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