La historia de Erika Reyes Velázquez comienza en Ocoyoacac, su lugar de origen, donde desde pequeña desarrolló una sensibilidad particular hacia los animales que la llevaría años más tarde a convertirse en una defensora del medio ambiente.
Erika Reyes hoy ganadora del Reconocimiento a Defensores Ambientales
Recientemente, su esfuerzo y dedicación fueron visibilizados con el Reconocimiento a Defensores Ambientales del Estado de México, un premio que refleja la trascendencia de su trabajo científico y social.
Desde los primeros recuerdos de su infancia, Erika encontró fascinación en los documentales y en las imágenes de animales que aparecían en televisión.
Fue en la preparatoria, sin embargo, cuando la vocación comenzó a tomar forma con mayor claridad pues aunque desde niña quería estudiar biología marina, fue en la preparatoria que coincidió con un profesor de biología y a través de observación de campo se decidió por los anfibios y los reptiles”, relató.
Primeros pasos en la herpetología
Desde que ingresó a la universidad, Erika buscó espacios para involucrarse en la práctica. Su acercamiento como voluntaria a los herpetarios marcó el inicio de una experiencia que, lejos de ser teórica, se convirtió en un aprendizaje constante.
Al recordar su primera oportunidad de voluntariado, Erika reconoce que sus expectativas iniciales eran muy distintas a la realidad. Lo que imaginaba como una labor de manipular animales se transformó en un acercamiento a las condiciones y cuidados que requieren estos organismos y aprender sus condiciones, temperaturas de los terrarios, alimentación y que trabajar con animales involucra muchos aspectos..
De la investigación a la divulgación
El trabajo académico de Erika siempre estuvo ligado a la investigación científica. Sin embargo, durante la pandemia se dio cuenta de que los artículos especializados se quedaban dentro del gremio y no alcanzaban a la sociedad. Ese fue el punto de partida para fundar, junto con colegas, la Red de Investigación y Divulgación de Anfibios y Reptiles de México.
“Mi trabajo y el trabajo de mis compañeros estaba centrado 100% en la investigación y nos dimos cuenta que los papers o todos los artículos que generábamos no salían más que del laboratorio y del gremio científico. Entonces, por el año de la pandemia, se nos ocurrió hacer una Red de Investigación y Divulgación de Anfibios y Reptiles de México. Fue a partir de una página de Facebook que empezamos para concientizar a través de redes sociales y sí tuvo un buen impacto, ya cuando pasó todo esto de la pandemia logramos salir y actualmente realizamos cursos, talleres, foros, entre otras actividades”, explicó.
El trabajo de divulgación también le permitió observar que los intereses del público en torno a la vida silvestre suelen centrarse en algunas especies más conocidas, mientras que otras pasan desapercibidas pese a enfrentar graves riesgos de conservación.
“Muchas veces la sociedad se va por los animales carismáticos, como el ajolote, el teporingo y estos animales que no son tan agraciados para todo el público también enfrentan sus propias luchas, como la fragmentación y perturbación del hábitat que está acabando con muchas especies endémicas. México es un país privilegiado porque somos el primer lugar en serpientes y el segundo lugar en reptiles”, comentó.
El panorama que enfrenta la biodiversidad es complejo. Erika subraya que los problemas van desde las muertes intencionadas hasta la introducción de especies invasoras, y que estos factores, sumados al cambio climático, representan amenazas serias para la fauna mexicana.
En busca de Áreas Protegidas Naturales
Además de sus investigaciones, Erika ha participado en la defensa de espacios naturales locales. Uno de los casos más recientes es el Bordo de las Maravillas, ubicado en la Facultad del Cerrillo de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). En este lugar se han documentado especies que requieren protección y que forman parte del equilibrio ecológico de la región.
“Se llama el Bordo de las Maravillas, es un santuario de biodiversidad, un humedal que, me parece, inicialmente fue hecho por los de agronomía para la captación de agua de sus cultivos, pero ahora ya está de forma permanente y es un santuario principalmente de aves migratorias y aves locales, por supuesto también de anfibios y reptiles. Hemos hecho un estudio y hay 15 especies tanto de anfibios como de reptiles. Para ser una zona pequeña hay mucha diversidad y ha tenido problemas en las sequías. Tanto la universidad como algunas instituciones estatales están participando para que se vuelva un área natural protegida”, relató.
El caso del Bordo de las Maravillas evidencia una problemática más amplia: la insuficiencia de Áreas Naturales Protegidas (ANPs) en el Estado de México. Erika considera que no solo se trata de ampliar estas zonas, sino también de actualizar los planes de manejo que ya existen, pues algunos tienen décadas sin modificaciones.
“Las Áreas Naturales Protegidas que tenemos oficialmente no son suficientes para resguardar esta biodiversidad o algunas especies en peligro de extinción. En el Estado de México no se cubre la mayor parte, hay ejidos que son áreas que tienen una gran cobertura, sí se necesita ampliar esto. Creo que también hace falta actualizar los planes de manejo de las Áreas Naturales Protegidas porque algunos; por ejemplo, el del Parque Sierra Morelos es de hace muchos años y hace falta rehacer esos planes para un buen manejo de los bosques”, señaló.
La investigación como motor
El trabajo académico de Erika ha tenido un impacto directo en la generación de conocimiento sobre anfibios y reptiles. Sus publicaciones han sido reconocidas en revistas científicas nacionales e internacionales, y han permitido tomar decisiones importantes en torno a la conservación de distintas especies.
“Mi investigación se centra principalmente en la ecología y conservación de anfibios y reptiles del Estado de México. He realizado investigaciones que se han publicado en diversas revistas indexadas a nivel nacional e internacional, estas han sido clave para la ecología, distribución o tomar decisiones para la conservación de estos organismos. En el Estado de México algunas principales han sido, por ejemplo, la distribución de una nueva especie de serpiente de cascabel en el Estado de México, recientemente la distribución de un hongo que causa quitridiomicosis, así como varios artículos donde agregamos a la lista de herpetofauna del Estado de México a especies que no se tenían registradas, como la culebrilla ciega en Ixtapan de la Sal, entre otras”, comentó.
Para Erika, el conocimiento científico no es un fin en sí mismo, sino un punto de partida para diseñar estrategias de conservación efectivas. Su postura parte de una idea sencilla: no se puede proteger lo que no se conoce.
“No podemos conservar lo que no conocemos, no podemos seguir haciendo planes de conservación si no sabemos qué tenemos en nuestro territorio, qué especies realmente hay. Es ahí donde entra la importancia de saber qué especies se distribuyen en cada territorio. Es ayudar con eso, en generar el conocimiento de lo que tenemos para saber más rasgos de historia de vida y generar buenos planes de conservación para estas especies, porque muchas veces se encuentran en algún estatus de conservación ya sea porque son raras o porque son endémicas”, explicó.
Una lucha por promover la coexistencia
Más allá de las publicaciones y de los reconocimientos, la visión de Erika parte de una convicción personal: la defensa del medio ambiente es inseparable de la vida humana. Para ella, conservar los ecosistemas no es solo una responsabilidad ética, sino una forma de garantizar un futuro compartido entre todas las especies.
“Apostarle a la conservación del medio ambiente es apostarle a la propia vida. Nosotros no somos los únicos seres que existimos en este ambiente y tener un medio ambiente sano es importante, nos favorece no solo en términos de servicios ecosistémicos, sino por la mera existencia de la naturaleza”, relató.
Esa convicción se extiende también a su perspectiva sobre el Estado de México y el lugar que deben ocupar sus recursos en las decisiones políticas y sociales.
“La lucha en general es por un Estado de México consciente de sus recursos, científicamente preparado o educado para la toma de decisiones y particularmente a estos organismos. Por un mundo en donde los reptiles o las serpientes, por ejemplo, no tengan que probar su valía para poder sobrevivir. Por una coexistencia entre el medio ambiente y los seres humanos”, señaló.
La trayectoria de Erika Reyes Velázquez muestra cómo la pasión infantil por los animales puede transformarse en un compromiso de vida. Con apenas 26 años sus investigaciones en herpetología, su activismo por la conservación de humedales y bosques, y su impulso por acercar la ciencia a la sociedad son parte de una historia que combina conocimiento y acción.
Con cada publicación, cada curso y cada esfuerzo de divulgación, Erika busca no solo proteger anfibios y reptiles, sino también generar un cambio cultural hacia el respeto del medio ambiente. Su historia es también la de una generación de jóvenes científicos que ven en la naturaleza no un recurso a explotar, sino un legado a defender.
PAT
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