La realidad supera a la ficción en las calles de la Ciudad de México. Un video viralizado en plataformas como X (antes Twitter) y TikTok ha puesto en el ojo del huracán un puesto ambulante en el Centro Histórico que ofrece, sin el menor reparo, servicios de hackeo de redes sociales. Con cartulinas fluorescentes y mensajes que apelan al morbo, el negocio promete acceso a la intimidad de parejas, vecinos o amantes.
¿Privacidad a la venta? Captan puesto de “hackeo” de WhatsApp
La escena, que ya suma millones de reproducciones, muestra a una mujer consultando los costos del “servicio” mientras disfruta de un elote, una imagen que para muchos internautas resume la surrealista normalización del espionaje digital en el comercio informal mexicano.
“Con el novio, la amante o la vecina”
El cartel del puesto no deja nada a la imaginación. Promete:
Acceso a cuentas de WhatsApp, Facebook y Gmail.
Recuperación de conversaciones borradas.
Acceso a audios, llamadas y videos privados.
El peligro detrás del “servicio”
Aunque para algunos usuarios de redes sociales el video resultó cómico, expertos en ciberseguridad alertan sobre los peligros reales de este tipo de ofertas:
Ingeniería Social: Es poco probable que un puesto ambulante posea las herramientas para romper el cifrado de extremo a extremo de WhatsApp. Lo más común es que utilicen técnicas de engaño (phishing) para que el propio cliente o la víctima entreguen sus claves.
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Doble Estafa: Al proporcionar el número o la cuenta de la persona que se desea espiar, el cliente está entregando información valiosa a desconocidos, convirtiéndose él mismo en una posible víctima de extorsión o robo de identidad.
Delito Federal: El acceso ilícito a sistemas y equipos de informática es un delito tipificado en el Código Penal Federal, que puede derivar en penas de cárcel tanto para quien ofrece el servicio como para quien lo contrata.
La ausencia de vigilancia
El video ha reavivado la queja ciudadana sobre la falta de regulación en el Centro Histórico. Mientras el comercio informal se diversifica hacia el cibercrimen, las autoridades enfrentan el reto de patrullar no solo las calles físicas, sino las implicaciones digitales que estos puestos promueven, fomentando una cultura de desconfianza y vulneración de derechos humanos.
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