Un sistema de alta presión que domina gran parte del territorio nacional ha provocado temperaturas elevadas durante febrero de 2026, con registros que suelen presentarse hacia finales de primavera.
De acuerdo con la especialista en climatología, Martina López Varela, este fenómeno está modificando los patrones térmicos habituales y generando efectos en calidad del aire, disponibilidad de agua y sectores productivos.
La experta explicó que las condiciones actuales responden a factores atmosféricos que favorecen días despejados y mayor radiación solar.
“El calor que estamos viviendo en este febrero de 2026 no es casualidad, hay un sistema de alta presión que está dominando gran parte de México, favoreciendo días despejados, radiación intensa y temperaturas máximas que normalmente no veríamos hasta finales de primavera. Eso adelanta fenómenos térmicos propios de marzo-abril”, dijo.
Incrementan días con contingencias ambientales
Explicó que la estabilidad atmosférica y la radiación solar favorecen la generación de ozono troposférico, lo que incrementa el número de días con contingencias ambientales en zonas urbanas como el Valle de México.
“Estas condiciones atípicas de calor impactan directamente la calidad del aire, porque la radiación solar y la estabilidad atmosférica facilitan la formación de ozono troposférico. En el Valle de México esto se traduce en más días con contingencias ambientales y mayor riesgo para personas con enfermedades respiratorias”, señaló.
Desde el punto de vista hidrológico, la especialista indicó que el aumento de temperaturas incrementa la demanda de agua y reduce la recarga de mantos freáticos.
“Desde una perspectiva hidrológica, las altas temperaturas elevan la demanda de agua al mismo tiempo que reducen la recarga superficial de mantos freáticos. Aunque los niveles del Sistema Cutzamala comenzaron el año altos, su descenso progresivo hacia el 84-86 % nos alerta de la tensión creciente sobre las reservas en plena temporada seca”, mencionó.
Añadió que la reducción porcentual en sistemas de almacenamiento disminuye el margen disponible ante periodos prolongados sin lluvia.
“Cuando un sistema como el Cutzamala pierde porcentaje acumulado, aunque siga lejos de cifras críticas, se reduce el ‘colchón’ de agua disponible para enfrentar semanas o meses sin lluvia. Eso eleva el riesgo de estiaje y obliga a planear cuidadosamente la gestión hídrica para evitar cortes o restricciones”, dijo.
Agregó que los efectos también alcanzan al sector agrícola y energético, debido al estrés térmico y a la presión sobre sistemas de riego y generación eléctrica.
“Los sectores agrícola y energético también sienten estos efectos. El estrés térmico y la menor disponibilidad de agua pueden reducir rendimientos de cultivos sensibles al calor y aumentar la presión sobre sistemas de riego y generación de energía hidráulica o termoeléctrica. Es un efecto encadenado que altera la economía local y regional”, señaló.
Calor en Edomex en febrero
Finalmente, sostuvo que estos eventos se insertan en un patrón más amplio vinculado al cambio climático, lo que implica ajustes en planeación urbana y manejo de recursos.
“Si bien estas variaciones anuales tienen determinantes meteorológicos de corto plazo, encajan en un patrón más amplio de cambio climático que hace más frecuente, más intenso y más temprano el calor extremo. La planificación urbana y de recursos hídricos debe adaptarse a este nuevo ritmo climático, no solo esperar que pase el calor”, concluyó.
TE SUGERIMOS: Teoloyucan reporta histórica recaudación de ingresos
Sigue nuestro CANAL de WHATSAPP y entérate de la información más importante del día con La Jornada Estado de México.
TAR

/https://wp.lajornada.prod.andes.news/wp-content/uploads/2026/02/calor-edomex-febrero.jpeg)
