“Estoy sola en este camino”: La incansable búsqueda de Azucena por su hijo Luis Javier

La incansable búsqueda de Azucena por su hijo Luis Javier

“Estoy sola en este camino”: La incansable búsqueda de Azucena por su hijo Luis Javier

De Toluca a Tijuana, Azucena sigue buscando a sus hijos, mientras cuida a sus nietos y enfrenta problemas de salud.

Brian Prado
Marzo 28, 2026

La mañana del 24 de abril de 2021 marcó un antes y un después en la vida de Azucena Mariles Flores. Desde entonces, su cotidianidad se transformó en una ruta interminable de fiscalías, carreteras, centros de rehabilitación, penales y servicios médicos forenses tras desaparición de su hijo, Luis Javier Alonso Mariles que la ha llevado a recorrer casi todo el país mientras enfrentaba la pérdida de su esposo y un tratamiento de quimioterapias. 

El 24 de abril de 2021, Luis Javier Alonso Mariles fue privado de su libertad mientras trabajaba en San Cristóbal Huichochitlán, Toluca.

Al recordar el momento en que ocurrió la privación de la libertad, describe con precisión los detalles que permanecen intactos en su memoria y por las pruebas recabadas.

“Mi hijo trabajaba repartiendo gas en San Cristóbal Huichochitlán cuando una camioneta blanca Silverado se le emparejó y bajaron a punta de pistola a mi hijo y a su compañero. La camioneta está totalmente identificada porque tiene un emblema de la bandera de México en el cofre”, comentó.

“Estoy sola en este camino”; asegura

Horas después, una llamada cambió la rutina familiar. Azucena recuerda la mesa, la comida y el instante en que el teléfono sonó, era por parte del patrón de Luis, Gustavo Medina Hernández. Ese momento fue el inicio de un camino que no ha terminado.

Omisiones desde el inicio

Tras la llamada, buscó a su esposo y acudieron a la fiscalía. Ahí, asegura, comenzaron las inconsistencias y la desconfianza. Recuerda la presión que sintió para modificar la denuncia y la insistencia para que aceptara asesoría.

“Cuando llegamos nos contactamos con el patrón, comencé a hacer la denuncia por los dos, porque todavía no llegaban los papás de la otra víctima, y desde ahí su patrón quería omitir muchas cosas, yo no sabía el detalle ni los problemas que ellos tenían, pero siempre fue la disputa de rutas. Me quería poner a una abogada y hasta que no platicara con ella yo no podía levantar la denuncia, pero no acepté y levanté mi denuncia”, señaló.

En medio de la incertidumbre, la familia recibió una llamada por parte de los secuestradores pidiendo 150 mil pesos por la liberación, al momento de pedirse muestra de que era su hijo colgaron. Fue la única, y desde entonces el caso quedó sin noticias sobre el paradero de su hijo.

Más adelante, el expediente fue trasladado al área de secuestros. Compartió que ahí comenzaron presiones para retirar publicaciones en redes sociales y que percibió irregularidades.

“Me pidieron que bajara todas mis denuncias que había hecho en redes sociales, me amenazaron y me dijeron que yo iba a entorpecer todo eso, me lo dijo la Fiscalía de Secuestros. Yo he señalado que son unos corruptos, se vendían por dinero porque desde un principio hubo fuga de información”, comentó.

Ante la falta de información oficial y sin una ruta clara de búsqueda, comenzó a moverse por su cuenta. Entre dependencias, trámites y orientación de terceros, aprendió a generar los boletines de búsqueda hasta un mes después, boletines y a insistir en la difusión del caso. Fue así que llegaron las primeras detenciones. 

“Me puse a difundir y aproximadamente a menos del mes agarraron al primero, Antonio Castillo García, pero de inmediato salieron las órdenes de aprehensión, pasaron dos años y luego de un bloqueo que realicé capturaron al segundo Javier Castillo García”, señaló.

Búsqueda por todo el país

La falta de coordinación entre estados la llevó a comprobar personalmente si existían búsquedas activas. Lo que encontró, asegura, fue distinto a lo informado.

“Esta labor inicia, porque según la fiscalía; en una mesa de trabajo, me muestra que ya habían mandado a los 32 estados una colaboración de búsqueda. Fui testigo de que realmente no había ninguna búsqueda, solamente hubo como cinco o seis estados que confirmaron y brindaron su acuse de recibido”, comentó.

En ese trayecto, su ruta incluyó servicios médicos forenses, fiscalías y contactos con colectivos. La experiencia, describe, fue extensa y marcada por la incertidumbre.

“En este caminar me encontré a personas que, por medio de ellas, yo supe lo que tenía que hacer. Me faltan dos estados para recorrer toda la República Mexicana. Lo he buscado en Semefos y de verdad ha sido un caminar larguísimo, desesperante. Hay Semefos que no cuentan con fotografías, nos los enseñan de las gavetas y finalmente uno tiene que vivir todo esto”, relató.

También acudió a centros de rehabilitación y penales, incluso sin tener documentación oficial que facilitara la búsqueda debido a que un día antes del delito, su hijo cumplió apenas los 18 años.

Su última búsqueda la llevó hasta Tijuana, donde caminó por centros de adicciones, comedores y espacios comunitarios, siguiendo cualquier pista que pudiera acercarla a su hijo. A pesar de los indicios que señalaban que él podría estar en Mexicali, la fiscalía le negó la búsqueda, argumentando limitaciones presupuestales, mientras ella insistía en que ninguna inversión puede reemplazar el valor de una vida, relató.

Sin embargo, una enfermedad que le fue detectada pausó temporalmente su actividad, aunque no detuvo su determinación.

“Casi llevo un año que me detectaron, me enfermé por esa cuestión, pues también le paré un poquito a las búsquedas, ya que pues me estaban dando quimioterapias y pues me era imposible seguir en la búsqueda de mi hijo, y hasta ahora retomé las acciones”, relató.

A pesar de solicitar diligencias para localizar a su hijo, durante medio año no ha recibido respuesta. La última conexión de su hijo se registró en el Llano de la Y, en Temoaya, donde viven los señalados. Logró que el pasado 5 de febrero se realizara una diligencia y la llevaran, solo para ser testigo de la fuga de uno de los acusados.

La incertidumbre cotidiana

El peso de la incertidumbre acompaña cada amanecer, un recordatorio constante de la ausencia que la atraviesa y de la esperanza que la sostiene.

“Diario es una incertidumbre, yo todos los días al abrir los ojos me hago la misma pregunta ¿Dónde estará mi hijo? ¿Cómo estará?, todos los días es lo mismo, como si nos mataran y tuviéramos que vivir por algo, pero también eso nos ayuda a seguir adelante, la fe volverlos a ver, el ver que mis niños me preguntan ‘¿sigues buscando a mi papi?’ es el motivo que quizás no me ha dejado caer”, relató.

En su búsqueda, ha tenido que enfrentar directamente a quienes podrían tener información, sin recibir respuesta ni consuelo. 

“He hecho lo imposible, pero pareciera que no he hecho nada porque no tengo ni una pista, ni mínimo detalle. Pude entrar al penal de Almoloya a ver a estos tipos, me hinqué y les pedí, por el amor que le tienen a sus hijos, que me dijeran dónde habían dejado al mío para irlo a buscar, pero ellos insisten que Gustavo Medina, el patrón de mi hijo, tuvo algo que ver. 

Pero ¿por qué perjudicarnos a nosotros?, mi esposo falleció al año, me encuentro sola en este camino, vivo porque Dios es grande. Con esto a veces uno siente que quiere quedarse loco”, señaló.

La decepción se mezcla con la introspección; el desgaste emocional también la lleva a cuestionar su propio camino en medio de un proceso que parece interminable.

“No sólo estoy decepcionada de las autoridades, de todo, hasta de mí misma porque pienso que cómo es posible que he caminado mucho, puertas se abren, puertas se cierran y no logro encontrar mi objetivo”, comentó.

A pesar de todo, mantiene su meta clara y firme: saber dónde está su hijo y garantizar que la justicia avance.

“El objetivo es mínimo saber dónde puedo encontrar a mi muchacho y la finalidad de federalizar la carpeta es que se terminen todas estas omisiones que han ocurrido en estos cinco años. La fiscalía me decía que ahí está su trabajo porque hay dos detenidos, pero eso no me interesa, además son cuatro, yo quiero encontrar a mi hijo y si no lo logro por lo menos espero hacer justicia por él”, señaló.

Su búsqueda ha cruzado estados, instituciones y obstáculos, pero también ha sido sostenida por la convicción de encontrar respuestas. La ausencia permanece, pero también la determinación. Mientras no haya certeza sobre el paradero de Luis Javier Alonso Mariles, su madre continúa avanzando, con la misma pregunta que la acompaña cada mañana y con la misma decisión de no detenerse.

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