Las fiestas patronales en este municipio mexiquense configuran un entramado de prácticas religiosas y sociales que, con el paso del tiempo, han consolidado una identidad colectiva profundamente arraigada. Cada comunidad organiza su calendario festivo en función de su santo patrono, en una dinámica que combina memoria histórica, tradición oral y participación comunitaria.
En el barrio de Los Ángeles, la celebración inicia el dos de agosto, fecha en la que se recuerda el nacimiento de la virgen María. Una semana antes del 15 de agosto, considerado el momento central, se realiza la tradicional callejonada o serenata, reconocida como una de las más vistosas del municipio. Al día siguiente se lleva a cabo el paseo acompañado de danzas regionales como la de arrieros, que forman parte esencial de la expresión cultural local.
Aunque la documentación es limitada, se refiere que la Virgen de los Ángeles fue traída desde el occidente del país, específicamente de Jalisco. De acuerdo con registros del archivo municipal, en el siglo XVIII el sitio era conocido como barrio de Santa María, denominación que posteriormente cambió a Los Ángeles o barrio seco, reflejando transformaciones en la vida comunitaria y en la organización territorial.
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Barrios compiten con actos llenos de identidad
La festividad principal se desarrolla del 13 al 16 de agosto, periodo en el que se conmemora la ascensión de la virgen al cielo, coincidiendo con la temporada de abundancia de elotes y cañas. Las noches del 15 y 16 se distinguen por la quema de castillos, donados por habitantes del barrio, quienes participan activamente en la organización de la fiesta.
El 22 de agosto, durante la madrugada, se realiza la aurora, una procesión que inicia a las cuatro de la mañana y que consiste en recorrer las calles mientras los participantes portan ermitas y esparcen flores. Esta práctica, conocida como la octava, prolonga el sentido ritual de la festividad y refuerza los vínculos comunitarios.
En este contexto, se mantiene una competencia simbólica entre el barrio de Los Ángeles y El Calvario por realizar la celebración más lúcida, particularmente en la quema de castillos y en la organización del baile popular. Cabe señalar que anteriormente la festividad principal correspondía a los santos San Pedro y San Pablo, celebrados el 24 de junio de cada año, lo que evidencia cambios en las prioridades devocionales.
Calendario sagrado que atraviesa generaciones
El 10 de agosto se celebra a San Lorenzo en la comunidad de San Lorenzo Cuauhtenco. En esta localidad se realiza una serenata una semana antes de la festividad, lo que constituye la víspera, seguida por el tradicional paseo de carros alegóricos y la ejecución de danzas regionales. El día principal incluye una misa en honor al santo patrono y una comida comunitaria. Asimismo, se conserva como reliquia los huesos de San Lorenzo, traídos desde España por el presbítero Raymundo Escalona Carmona.
En la comunidad de San Bartolito, cada 24 de agosto se conmemora a San Bartolomé apóstol. De acuerdo con la tradición, en esta fecha las personas de edad evitaban salir de sus hogares debido a la creencia de que el maligno se encontraba presente y podían ocurrir desgracias. La narrativa se vincula con la idea de que el santo patrón era dueño de un valle próspero, lo que provocó la envidia del demonio. Durante la festividad se realiza el paseo, así como danzas como la de los costalitos y cantos a la virgen interpretados por floreras.
El ocho de septiembre, en Santa María Nativitas, se celebra la natividad de la virgen María, lo que da nombre a la comunidad. En la iglesia local se resguardan reliquias como un candelabro de oro y un relicario, además de la imagen de la virgen de Loreto, traída desde la provincia de Toledo, en España. Esta festividad refuerza el vínculo entre la tradición religiosa y la identidad del lugar.
El último viernes de agosto, en San Andrés Ocotlán, se conmemora al señor de Chalma. Esta celebración tiene su origen en una misa realizada ante la intención de trasladar la imagen, y posteriormente se vinculó con la memoria de la epidemia de cólera de 1833, que afectó a Calimaya, La Huerta y Zaragoza. En esta festividad se presentan danzas como la de arrieros y, anteriormente, otras como la Jamaica, las pastoras, chichareras, moros y cristianos. Por las noches se realizan actividades con pirotecnia y música.
Devociones que resisten y mutan
El 30 de noviembre se celebra a San Andrés, festividad que con el tiempo adquirió mayor relevancia. En ella se realizan comuniones y confirmaciones, mientras que por la tarde se presenta la banda musical y por la noche se llevan a cabo juegos pirotécnicos y baile popular.
En la comunidad de la Concepción Coatipac, una semana antes del siete y ocho de diciembre se realiza la callejonada o serenata que recorre las principales calles, seguida por el paseo de carros alegóricos. En este contexto se ejecutan danzas como los 12 pares de Francia, los moros, los lobitos, chalmeros, negritos y chinamperos, reflejando la riqueza cultural de la zona.
Cada localidad organiza sus celebraciones en función de su santo patrono, lo que permite la integración de la comunidad en torno a prácticas compartidas. Estas tradiciones, heredadas desde la época virreinal, mantienen su vigencia mediante procesiones, música, danzas y convivencias.
Con el paso del tiempo se ha consolidado la tradición de recorrer las calles con la imagen del santo, acompañados de bandas, estudiantinas y salvas de cohetes. Durante estas actividades se ofrecen alimentos como café y bolillo a los asistentes, especialmente durante las veladas nocturnas previas a las celebraciones.
En la comunidad de La Huerta, la noche anterior al 13 de noviembre se realiza la festividad en honor a San Diego de Alcalá, con actividades que incluyen música y convivencia comunitaria. Finalmente, en diciembre se celebra a la virgen de Guadalupe del 12 al 14, con procesiones, veladas y bailes públicos, así como a la virgen del Pilar el 12 de octubre en Zaragoza.
Estas celebraciones constituyen un sistema de organización social y cultural que articula la vida comunitaria en Calimaya, donde la fe, la tradición y la memoria histórica continúan siendo elementos fundamentales de identidad.
**Oscar Josué Camacho Mendoza, Cronista Municipal de Calimaya y Cronista de la AMECRON
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