En comunidades alejadas de las cabeceras municipales del Estado de México, donde el acceso a servicios de salud mental suele ser limitado o inexistente, Fundación Ydanna nació como una iniciativa enfocada en acompañar a mujeres de comunidades marginadas a través de procesos de desarrollo psicoemocional que buscan fortalecer su bienestar y, al mismo tiempo, incidir en la vida comunitaria.
Yolanda Cruz, creó la asociación para apoyar a sectores marginados
El proyecto inició en 2019 en el municipio de Coatepec Harinas y desde entonces ha llevado programas de acompañamiento psicológico gratuito a distintas comunidades, con la convicción de que trabajar en el interior de las personas puede generar transformaciones más amplias en su entorno.
Damaris Becerril, directora de Relaciones Públicas y voluntaria de la organización, explicó que el origen de la fundación está ligado a la experiencia personal de su fundadora, quien decidió compartir con otras personas las herramientas que encontró durante su propio proceso emocional.
Damaris Becerril, directora de Relaciones Públicas de la organización señaló que el objetivo es promover la salud psicoemocional con perspectiva de género
“Nació de la inquietud de nuestra fundadora Yolanda Cruz. Ella durante su vida laboral enfrentó algunos desafíos en las empresas donde trabajaba, emocionales y mentales, que la llevaron a acudir a terapia, al desarrollo emocional, y se dio cuenta de que nos da muchísimas herramientas fundamentales para gestionar las emociones, pero también para tomar mejores decisiones. Ella, proveniente del municipio de Coatepec Harinas, quiso que todo el mundo que estuviera cerca pudiera tener acceso a este tipo de desarrollo humano”, comentó.
Mujeres como punto de partida
Desde su inicio, el proyecto decidió concentrar sus esfuerzos en las mujeres de las comunidades. Para la fundación, fortalecer a quienes históricamente han asumido el papel de cuidadoras puede tener un impacto que se extienda hacia las familias y la sociedad.
“Decidió que comenzáramos por las mujeres ya que, históricamente, por estos roles que han sido impuestos por la sociedad, somos educadoras emocionales. Entonces, si una mujer está bien, puede criar a un hijo emocionalmente sano y se construye una sociedad mucho más empática, más amable, con más conexión. Hablo de la gente que está en comunidades más alejadas de las cabeceras municipales”, señaló.
Al llegar a estas comunidades, las integrantes de la fundación descubrieron que la salud mental era un tema poco conocido y, en muchos casos, inaccesible para la población.
“Nos encontramos con que la gente no sabía lo que es una terapia, y si lo sabían, no podían pagarlo porque, tú lo sabes, obtener una terapia psicológica es como una consulta médica y no había ese tipo de servicio en donde viven. Entonces, estas tres cosas son las que Fundación Ydanna resuelve ante la comunidad de manera gratuita”, relató.
El programa de la fundación consiste en un acompañamiento de nueve meses con sesiones de terapia psicológica semanales.
“De cierta manera sí luchamos contra la violencia, pero también se trata de autoconocimiento. Recordemos algo muy sabido también aquí en el ámbito de la psicología, que nosotros mismos permitimos si las acciones de las demás personas nos hacen daño o no. Entonces es cuando cambia la perspectiva, cuando nos fortalecemos desde dentro, lo que abre caminos inimaginables”, comentó.
Transformaciones en comunidades pequeñas
El trabajo en comunidades pequeñas ha representado retos importantes, especialmente en lugares donde las decisiones personales suelen estar marcadas por tradiciones o presiones sociales.
“La verdad es que los desafíos han sido muy grandes, sobre todo en estas comunidades que son muy pequeñitas y en las que regularmente la gente se conoce. Cuando nosotros llegamos, pues asisten y empiezan a descubrir que el programa de entrar a sus emociones les permite descubrir lo que sienten, lo que están experimentando, lo que esas creencias o limitantes las han detenido”, relató.
Con el paso del tiempo, el proyecto ha logrado extenderse a distintos espacios. Uno de los más significativos fue la implementación del programa dentro del penal de Santiaguito, donde se trabaja con mujeres privadas de la libertad.
La barrera del machismo
Uno de los obstáculos más constantes que enfrentan las mujeres que participan en el programa es el machismo presente dentro de sus propias comunidades. Algunas de ellas incluso asisten al acompañamiento sin que sus parejas lo sepan, ante el temor de que se les prohíba participar.
“Definitivamente sí representa un desafío por ambas partes, incluso el machismo arraigado desde la mujer. Incluso tenemos mujeres en algunas comunidades cuyos esposos no saben que están asistiendo al programa porque saben que van a abrir los ojos, dicen que porque van a cambiar, que no tienen que asistir porque eso es para la gente que está loca. Sí es un reto muy grande”, comentó.
A pesar de esas resistencias, la organización ha observado cambios graduales en las participantes, quienes comienzan a reconocer su valor y a establecer límites dentro de sus relaciones.
“Hemos podido derribarlo, más bien, las mujeres han podido con ello. Se han dado cuenta de estos comportamientos y del cambio que logra en ellas. Nosotros no vamos a decirles que se peleen, es un trabajo desde el interior, que se reconozcan y que se valoren para empezar a poner límites, pero les enseñamos también a tener comunicación asertiva y escucha activa para que todo sea siempre desde el amor, ya que poder entablar esas conversaciones incómodas ayuda a sanar a toda la familia. Si una mujer sana, sana toda la familia”, relató.
Durante el trabajo comunitario también han surgido historias que reflejan la profundidad de las violencias que han marcado la vida de muchas mujeres.
“Creo que el que más me ha impactado es una persona que, muy niña, fue abusada y la comunidad, con esas creencias arraigadas, la hicieron casarse con su violentador porque ella estaba embarazada y para ella fue un infierno. Él era mayor y además era su familiar. Vivió muchos años casada con ese hombre y siendo muy infeliz, muriendo de verdad por dentro”, señaló.
Con el paso del programa, la mujer comenzó a transformar la manera en que veía su propia historia tras un proceso de acompañamiento permitió que esa participante encontrase una forma distinta de comprender su pasado.
El trabajo de la fundación también ha permitido observar cambios en la manera en que la sociedad percibe la salud mental, aunque todavía existen resistencias. La falta de educación emocional dentro de las familias puede generar reacciones violentas o impulsivas, consideró.
En paralelo, han buscado abrir diálogo con instituciones públicas para impulsar políticas que amplíen el acceso a servicios de salud mental.
“Hemos tocado puertas y estamos en espera, pues no ha llegado la respuesta. Esperamos con mucha ansia, hemos tocado varias y en algunas llevamos más de medio año, en otras apenas tres semanas, y así, pero bueno, no voy a quitar el dedo del renglón porque esto es algo que no solo beneficia a muchas personas, sino que permea en la comunidad en general”, comentó.
Para quienes integran el proyecto, el objetivo no es únicamente brindar acompañamiento emocional, sino generar cambios que se reflejen en la convivencia cotidiana de las comunidades.
“El sueño es llegar a más comunidades, derribar fronteras, a lo mejor llegar a otros estados, generar una comunidad mucho más grande, pero bueno, para eso se necesita más equipo, necesitamos crecer desde dentro también para poder hacer este acompañamiento. Queremos llegar a todo el Estado de México”, comentó.
El horizonte que guía el trabajo de la organización y el impacto que buscan generar más allá de los procesos individuales es claro, la apuesta es construir entornos donde el bienestar emocional se traduzca en relaciones más empáticas y en una disminución de la violencia.
“Nuestra visión es transformar la conciencia de las personas y de su comunidad mediante el autoconocimiento, el crecimiento, la sanación, todo esto que brinda nuestro programa. Y con ello generar una sana convivencia que sea más positiva para reducir la violencia, impulsar la mejor toma de decisiones y fomentar la empatía social”, concluyó.
En comunidades donde durante años hablar de emociones fue visto como un signo de debilidad o algo innecesario, el trabajo de Fundación Ydanna ha comenzado a abrir espacios de reflexión y acompañamiento que antes no existían. A través de procesos largos y constantes, la organización ha buscado demostrar que la salud mental también es una necesidad básica y que fortalecer a una persona puede tener efectos en su familia, su comunidad y en la forma en que se construyen las relaciones cotidianas.
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