La huelga en la llantera Tornel ha comenzado a mostrar fisuras internas tras casi dos semanas de paro. Lo que inició el 23 de febrero como un movimiento sólido de más de mil trabajadores en defensa de sus derechos laborales, hoy se enfrenta a la presión de la falta de recursos y a la creciente división entre quienes respaldan al sindicato y quienes exigen transparencia y un retorno inmediato a sus labores.
Alberto Ojeda, uno de los obreros inconformes, asegura que la dirigencia sindical arrastra problemas serios: “No todos estamos de acuerdo. El sindicato tiene dos requerimientos del tribunal que no ha cumplido: la revisión de cuentas y la modificación de estatutos para garantizar derechos individuales. Nada de eso se ha hecho”. Su voz refleja el hartazgo de un sector que acusa corrupción, falta de consulta y hasta intimidaciones contra quienes se oponen al paro.
Muchos trabajadores ya no pueden sostener la huelga sin ingresos
La tensión económica se siente en los hogares. Muchos trabajadores ya no pueden sostener la huelga sin ingresos, mientras observan que las cuotas sindicales y apoyos no se distribuyen de manera equitativa. Ojeda advierte que la correlación de fuerzas cambia cada día: de los mil 50 empleados, más de 600 podrían abandonar el movimiento en los próximos días. “No se nos consultó como marca la ley, no se nos expusieron los riesgos”, reclama.
Las acusaciones van más allá de la falta de recursos. Se habla de vínculos del sindicato con actos de corrupción, robo de llantas y materia prima, además de intentos por convertir la empresa en una cooperativa con respaldo político.
“Hay comisiones que amenazan y golpean a quienes protestan. Tenemos videos de compañeros agredidos. El sindicato está corrompido”, denuncia Ojeda con firmeza.
Avances en las negociaciones en Tornel
En contraste, Marco Antonio Ramírez Martínez, otro trabajador, ofrece una visión distinta. Para él, la huelga sigue firme y con respaldo mayoritario. “El secretario general, Alberto Meneses Ávila, nos ha informado de los avances en las negociaciones. Todo fluye bien, la gente lo ha tomado con calma”, asegura. Su grupo incluso ha recibido apoyos económicos que les permiten resistir sin mayores problemas.
La realidad es que Tornel, con plantas en Tultitlán y la Ciudad de México, vive días de incertidumbre. La huelga, que ya suma 12 jornadas, expone no solo la exigencia de aumentos salariales y cumplimiento de cláusulas del contrato colectivo, sino también las fracturas internas de un sindicato cuestionado. Mientras unos defienden la protesta como un acto legítimo de resistencia, otros la ven como un movimiento manipulado.
El desenlace parece cercano. Las negociaciones avanzan, pero la división entre los trabajadores amenaza con debilitar el movimiento. Tornel se ha convertido en un espejo de las tensiones que atraviesan el sindicalismo mexicano: la lucha por mejores condiciones laborales frente a la exigencia de transparencia y democracia sindical. En medio de la crisis, los obreros esperan que las próximas semanas definan si la huelga se convierte en un triunfo colectivo o en un episodio más de desencanto y fractura.
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