El incremento de la inflación durante 2026 y la reducción en el flujo de remesas han comenzado a modificar los patrones de consumo en hogares durante la Semana Santa. Aunque las familias mantienen el gasto en alimentos, optan por sustituir productos asociados a la tradición religiosa, como pescados y mariscos, por opciones de menor costo como el pollo, cuyo precio suele moderarse en esta temporada.
Inflación y remesas ajustan consumo en Semana Santa
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación anual de 4.47% en marzo de 2026, con presiones en alimentos y bebidas no alcohólicas. Entre los productos con mayor incidencia se ubicaron proteínas de origen animal, frutas y verduras, lo que impacta directamente en el gasto de los hogares durante periodos de alta demanda como la Semana Santa.
A este escenario se suma la disminución en remesas reportada por el Banco de México, que en diciembre tuvieron una baja histórica de más del 13% y durante el primer bimestre de 2026, los envíos de dinero desde el exterior registraron una caída anual cercana al 2.3%, lo que afecta a algunos hogares.
El especialista en economía regional, Carlos Mendoza Ríos, explicó que la combinación de inflación y menor entrada de remesas reduce la capacidad de gasto, incluso en temporadas tradicionalmente asociadas a mayor consumo. Señaló que el encarecimiento de alimentos modifica las decisiones de compra y favorece sustituciones.
“Cuando observamos el comportamiento del Índice Nacional de Precios al Consumidor, vemos que los alimentos mantienen presiones al alza. Esto provoca que los hogares prioricen el volumen y no la tradición. En ese contexto, el pollo se convierte en sustituto natural del pescado, porque su precio se estabiliza y permite cubrir la necesidad básica sin elevar el gasto total durante la Semana Santa”, explicó.
Factores que ajustan el bolsillo mexiquense
Añadió que la reducción en remesas impacta la liquidez en comunidades receptoras, obligando a ajustar la planeación financiera familiar. Indicó que estos recursos han funcionado como un respaldo del consumo, particularmente en fechas festivas.
“Las remesas han sido históricamente un amortiguador del consumo. Sin embargo, al observar la disminución reportada se reduce la liquidez en comunidades donde estos ingresos representan hasta el 80% del presupuesto familiar.
En el Estado de México son alrededor de 3 millones los que obtienen algún ingreso de las remesas, esto claro que condiciona el consumo, obliga a eliminar gastos no esenciales y también cambia las prácticas alimentarias, incluso en fechas con fuerte carga cultural y religiosa”, apuntó.
El bajo crecimiento económico también influye en este comportamiento. Indicó que la economía mexicana ha mantenido tasas cercanas al 2% anual en los últimos años, lo que limita la recuperación del poder adquisitivo y evita repuntes en el gasto.
“Con un crecimiento económico moderado, no se genera un incremento real del ingreso disponible. Han sido del 2% en promedio pero el último año fue del 0.8%. Por ello, no observamos aumentos en el consumo durante celebraciones. En la mayoría de festividades, incluyendo Semana Santa, el gasto se mantiene similar al del año anterior”, afirmó.
En este contexto, la Cámara Nacional de Comercio Servicios y Turismo del Valle de Toluca (CANACO SERVYTUR) estima una derrama económica de 3 mil 300 millones de pesos en la región y 8 mil 470 millones en el Estado de México durante la temporada de Semana Santa, cifras similares a las del año pasado.
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