La comunidad científica celebra un histórico hallazgo paleontológico liderado por investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM. Especialistas descubrieron y analizaron al ancestro de los ajolotes, un espécimen considerado la primera salamandra fósil de México y el registro más antiguo de este tipo en el país. Debido a sus características biológicas, se teoriza que podría resguardar el secreto de la “juventud eterna”.
El “abuelito del ajolote”: FES Zaragoza describe nueva especie fósil en México
El espécimen principal que permitió el registro de esta nueva especie (denominado técnicamente como holotipo) consiste en el cráneo y una sección de la columna vertebral de un individuo adulto. Los restos se encuentran catalogados de manera oficial bajo el registro CFZ-ST 1233 en la colección institucional.
Nombre científico, origen y ecosistema antiguo
Los investigadores bautizaron formalmente a este anfibio prehispánico como Ambystoma quetzalcoatli. A diferencia de los ajolotes contemporáneos, su origen no se sitúa en los canales de Xochimilco:
Ubicación del hallazgo: El fósil habitó en la localidad de Santa María Amajac, perteneciente al municipio de Atotonilco el Grande, en el estado de Hidalgo.
Temporalidad: Vivió hace aproximadamente 4 millones de años durante el Plioceno tardío, una época geológica caracterizada por un enfriamiento global progresivo, intensa actividad tectónica y periodos clave en la evolución humana.
Ecosistema primigenio: Su hábitat no era un cuerpo de agua menor, sino un antiguo lago de montaña de 85 kilómetros cuadrados que se formó debido a la interrupción temporal del cauce del río Amajac.
El descubrimiento se considera excepcional para la paleontología porque los fósiles fueron hallados completos y articulados. Esto es sumamente raro debido a que el sistema óseo de los anfibios es sumamente delgado y frágil.
Características anatómicas y el secreto de la neotenia
A través del uso de tomografías computarizadas de alta tecnología, los científicos Jorge A. Herrera-Flores y María Patricia Velasco-de León identificaron rasgos anatómicos únicos que diferencian a este ancestro de las especies actuales:
Estructura ósea: El Ambystoma quetzalcoatli poseía 17 vértebras troncales, a diferencia de los ejemplares modernos que presentan 16 o menos.
Cráneo y paladar: El fósil exhibe diferencias muy marcadas en el área craneal y palatal respecto a sus descendientes.
Neotenia: Se confirmó que el fósil ya poseía neotenia, que es la capacidad biológica de conservar rasgos físicos de la etapa de bebé —como las branquias externas— durante la vida adulta. Esto demuestra que dicha peculiaridad no es reciente, sino que existía en el territorio mexicano desde hace millones de años y es la razón por la que popularmente se le asocia con el secreto de la “juventud eterna”.
La descripción de esta nueva variante de ambistomátido fósil aporta datos valiosos sobre la gran diversidad y disparidad morfológica que ha existido dentro de la familia Ambystomatidae a lo largo de su historia evolutiva, especialmente en las especies nativas de México.
Un hallazgo resguardado por casi tres décadas
Pese a la reciente revelación científica, los restos óseos no fueron desenterrados de forma reciente. Las piezas fueron recolectadas a principios de la década de los 2000 por el Grupo de Investigación Paleobotánica de la FES Zaragoza.
Los fósiles permanecieron resguardados dentro de la colección universitaria por casi tres décadas sin recibir un análisis a fondo. El caso cobró relevancia definitiva cuando los investigadores Herrera-Flores y Velasco-de León decidieron retomar el estudio de las piezas valiéndose de herramientas de tecnología moderna, tales como escaneos en 3D y tomografías clínicas.
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