Cómo parte de la tercera generación de alfeñiqueros, dedica hasta 18 horas diarias a crear calaveras artesanales mientras lucha por preservar una técnica en riesgo de desaparecer
Israel Silverio Martínez Zarco tiene cerca de 25 años dedicado a la elaboración del alfeñique, un oficio que aprendió de un tío que le enseñó con mucha paciencia a impregnar un pedacito de amor a cada pieza que elabora.
La familia Zarco inicia la producción desde el mes de febrero
El artesano forma parte de la tercera generación de alfeñiqueros en la familia Zarco, una de las pocas familias que aún elaboran el dulce tradicional desde cero.
Sentado mientras decora una de las calaveras, recordó que cuando era muy joven se empezó a acercar a los más grandes de su familia, y un tío en especial al ver que demostraba interés, le preguntó si quería empezar a dedicarse a elaborar alfeñique.
“Yo digo que ya venía en mi sangre porque toda mi familia desde antes ya se dedicaba a esto. Yo dije que sí me gusta, seguí y cada día aprendo más para no quedarme estancado y enseñarle a las futuras generaciones”, comentó.
Reconoció que sabe hacer una pieza de alfeñique desde cero, pero la parte que más le gusta en su caso es la decoración, porque siente que cada pieza es única y que no queda igual a ninguna otra que haya hecho.
Aseguró que cuando agarra un color para decorar, siente que le debe poner mucha dedicación y atención, además de que trata de dejar un pedazo de amor en cada pieza que decora.
Añadió que cada pieza que ornamenta la hace con rapidez con los patrones que ya trazó en su mente y en colores llamativos para que sean más atractivos a la vista del cliente.
“Para mí es rapidísimo el decorar y es dedicación porque no cualquiera lo hace. Además, en cada pieza va un pedacito de amor para que sepan que eso que están comprando es para recordar a sus seres queridos”, mencionó.
El ritual de la familia de cada año (cabeza de descanso)
Para tener listas las piezas tanto para vender como para decorar su puesto, la elaboración comienza desde el mes de febrero.
Pérdida de maestros alfeñiqueros amenaza la identidad de Toluca
El primer paso es sumergir en agua los moldes de las calaveras hasta dejarlos completamente húmedos y cuando ya están listos, colocan el azúcar en un cazo y la comienzan a cocinar. Al alcanzar cierta temperatura, primero ponen la mano en agua fría y después la meten al caramelo caliente para ver si ya tiene la textura deseada.
Cuando está lista el azúcar, comienzan el vaciado en los moldes y en cuestión de minutos ya están formadas las calaveras, las cuales desmoldan y posteriormente las dejarán secar por varios meses hasta que ya esté cerca la fecha de la feria de Toluca.
En los meses en que se secaron las calaveras de diversos tamaños, Israel y su familia se reúnen para ver si alguno de ellos tiene alguna propuesta de diseño en especial para la decoración.
Para la Feria del Alfeñique de este año escogieron las calaveras de catrinas y catrines con sombreros, otros con penachos y algunos solo decorados de forma sencilla.
Unos dos meses previos al arranque de la feria, en compañía de otros de sus familiares se dedican a la decoración de todas las calaveras y productos que ofrecerán, una labor a la que le dedican casi 18 horas al día.
Las calaveras más grandes tienen diseños más elaborados, Israel comentó que se tarda hasta 10 horas en terminar la decoración, pues trata de poner decoraciones diversas en cada uno de los lados.
Para esta edición, contó que elaboraron unas dos mil piezas de los tamaños más pequeños, y de las más grandes solo tienen cerca de cinco piezas que además servirán para decorar sus puestos.
Cuando la gente se detenía a ver sus diseños y lo elogiaban por la buena calidad de sus piezas, dijo que sentía bonito y lo hacía saber que estaba haciendo las cosas bien, por lo que trata de esmerarse y de aprender aún más cosas.
Un oficio en riesgo de extinción (cabeza de descanso)
Lo único que lamenta es que cada día que muere un maestro alfeñiquero, es decir, las personas más grandes que se dedican a elaborar la artesanía de dulce, también se pierde la técnica y la enseñanza.
En los últimos años, dijo que son varios los maestros alfeñiqueros que han muerto y cada vez son menos los que se interesan por dedicarse a elaborar desde cero la artesanía.
“Eso es algo que preocupa porque cada día se pierde más esta gran artesanía que distingue a Toluca como la capital del alfeñique. Son menos los que elaboran y más los que solo se dedican a revender. Cada día somos menos y cada día se pierde más la tradición que la verdad sí podría estar en riesgo”, expresó.
Debido a esta situación, él ha tratado de comenzar a enseñar a las nuevas generaciones de la familia Zarco y a quienes tengan la intención de aprender este oficio.
De momento dijo que siente mucha emoción de saber que quienes ya están interesados en aprender son sus propios hijos, quienes comienzan a acercarse para pegar el adorno de los ojos, que es la decoración más sencilla para empezar a ser artesanos.
Destacó que sus piezas han llegado no solo a municipios mexiquenses, sino a distintos estados del país e incluso al extranjero como países no solo de América, sino Europa y Asia.
Además, el artesano expresó que la gente ya los conoce, ya los espera y tienen clientes que cada año gustan de llegar a la Casa Zarco a buscar las piezas que pondrán en sus ofrendas para esperar a sus seres queridos.
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