Jimena Valdés Figueroa

Jimena Valdés Figueroa

La maternidad es un acto político 

Voz Propia

La maternidad es un acto político 

Jimena Valdés

Redacción
Mayo 9, 2026

El 10 de mayo se ha instituido como el día en el que se reconoce públicamente la relevancia de maternar. Los modos de resignificarlo pueden ser muchos, desde las promociones departamentales para comprar regalos hasta las suspensiones laborales o de clases para disfrutar en familia a las mamás… pero lo cierto es que la maternidad es un proyecto de largo plazo o incluso una carrera de obstáculos que aún en estos días por condición de género muchas veces toca sortear.

Actualmente se habla de la maternidad como una decisión, como una opción elegida en absoluta libertad. Pero si bien, las condiciones para una igualdad sustantiva han avanzado, aún existen brechas muy relevantes que ponen en entredicho el que el ser madre sea una decisión meramente autónoma, libre de coacciones y con las condiciones requeridas para contar con las mismas oportunidades que las personas que no ejercen dicha labor.

La maternidad va mucho más allá de una toma de decisiones reproductivas, la cual tampoco es una tarea sencilla, ya que en la mayor parte de las ocasiones hay que hacer coincidir múltiples variables que van desde las trayectorias educativas, laborales, las finanzas pasando por el reloj biológico como una determinante muy difícil de obviar. De esta complejidad dan cuenta los datos que muestran la postergación cada vez más frecuente de los eventos reproductivos así como el menor número de hijos, sobre todo en los casos de las madres profesionistas.

Decimos que maternar es un acto político, retomando la propia crítica que en su momento hiciera Simone de Beauvoir en torno a la madre en su mera dimensión corporal, sin entender su relevancia a nivel social y cultural y que por lo tanto, lejos de representar un modo de servidumbre, debe de emprenderse desde las condiciones necesarias para que no implique una minusvalía de las mujeres en el espacio público. Y más aún es un acto político al interpelar los propios papeles, posiciones, símbolos e incluso derechos que tenemos las mujeres cuando ejercemos la maternidad.

Maternar implica una relación distinta con el cuerpo, una renuncia de la autonomía para generar las condiciones de vida de otra persona; un ser tan igual pero a la vez tan distinto de nosotras mismas, con el derecho a ser libres pero que a la vez son tan dependientes… maternar es en realidad sabernos situar con sabiduría en medio de la contradicción.

Maternar, puede darnos muchas veces miedo; hoy tal vez por lo que se cede, antes por el hecho de representar un inminente riesgo incluso para la vida (basta ver las cifras de mortalidad materna antes de bien entrado el siglo XX para poner esto en perspectiva); sin embargo también he de decir que la maternidad puede sacar de nosotras los más grandes rasgos de valentía.

La maternidad es desafiante, como lo menciona en su ensayo “Germinal” Tania Tagle, puede incluso parecer monstruosa: “Un monstruo es, en principio, una interrupción. Una transgresión a la estructura. Quizá por eso asociamos lo monstruoso con la deformidad, cuando en realidad corresponde a la deformación”. Y es que efectivamente, puede que se trate de aprender a deformarse; de tener la osadía de romper con la estructura, de entender el tiempo, el cuerpo, las relaciones, los deberes, las emociones, la vida misma a partir de una nueva forma, aprender tal vez a soltar todo aquello que pensamos nos definía, para volvernos otras sujetas.

La maternidad es en resumen tan poderosa, que nos transforma en nuevas personas, y no sólo durante nueve meses o por los primeros años de crianza; ya que desde mi experiencia es un acto continuo de confrontación, de entendimiento profundo y también la más grande oportunidad de negarnos un poco de nosotras mismas para dar constante vida a alguien más.

Desde ese lugar inquieto, impredecible a veces perturbador, quiero felicitar a las madres, por ser valientes , porque en un sistema que nos enseña a ser cada vez más egoístas, tenemos la determinación de sostener como podemos y con lo que tenemos, e incluso desde nuestra carencia,  a nuestros hijos e hijas. 

Porque pienso que no ha habido sensación más poderosa en mi vida que el día que por parir me convertí en mamá.

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