En el Estado de México, donde distintas causas sociales se cruzan en las calles, las plazas públicas y los tribunales, la historia de Lady Plácido Arroyo comenzó a construirse a partir de una experiencia personal que con el paso de los años se convirtió en un camino de acompañamiento a otras luchas. Su mayor incidencia está junto con el colectivo Haz Valer Mi Libertad, pero su proceso de formación como activista se remonta a los primeros contactos con organizaciones defensoras de derechos humanos.
Plácido Arroyo, una voz que clama justicia en la entidad
Su acercamiento inicial con el activismo ocurrió cuando conoció el trabajo del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero y comenzó a involucrarse en el acompañamiento a familiares de personas privadas de la libertad.
“Cuando comencé en la lucha conocí primero al Centro de Derechos Humanos Ceferino Ladrillero y acompañé la lucha, solamente lo que restó de la lucha por los presos de Tlanixco, porque cuando conocí la institución fue por la señora Dominga, que estaba presa, entonces prácticamente a ella le habían sentenciado y su proceso todavía para la apelación duró un año y durante ese transcurso estuve acompañando porque pues en ese entonces yo comenzaba a conocer lo que era esto, el activismo, la lucha por los presos”, relató.
Durante ese proceso, el aprendizaje no ocurrió en espacios académicos ni en cursos formales, sino en las calles, en las marchas, en los foros y en las reuniones con familias que atravesaban procesos judiciales.
“Todo lo que comencé a aprender en la lucha fue con los presos de Tlanixco, las consignas, el camino de las calles, cerrar calles, ir ante las autoridades, como te digo, no de manera frontal sino más bien en el acompañamiento. Alguna vez sus hijas me dieron la oportunidad de contar la historia de doña Dominga ante un medio de comunicación y ya de ahí comencé”, comentó.
La visibilización de distintos casos de personas privadas de la libertad se fue dando poco a poco, en gran medida a partir de espacios de discusión y encuentros donde se abordaban diferentes problemáticas sociales en el Estado de México.
“Así comenzamos, íbamos a foros de defensa del agua y en uno de estos foros fue cuando a un periodista le interesó el caso de Daniel y se empezó a visibilizar sin que se formara el colectivo Haz Valer Mi Libertad. Pasó el tiempo, se decidió ingresar el amparo de Daniel, que fue como por agosto del 2019, ahí es cuando ya el Lic. Antonio me dice –¿sabe qué?, la verdad no va a funcionar solamente luchar por Daniel porque la realidad es que hay muchos casos y le aseguro que usted también conoce otros casos que como Daniel están presos injustamente– y me propone que se forme un colectivo”, señaló.
Nace un colectivo
Con el paso del tiempo, la experiencia acumulada y el encuentro con otras familias en situaciones similares llevaron a la creación del colectivo Haz Valer Mi Libertad, un espacio que comenzó con la participación de ocho familias.
“Así fue cuando empezamos, ocho familias iniciamos el colectivo y se comenzó la lucha; ahora sí directa, por los injustamente presos. Es un camino ya de seis años de subidas, bajadas, pérdidas y ganancias, ahora sí que en la calle fue donde aprendí a defender los derechos de las personas presas”
En paralelo a la organización colectiva, la historia personal que dio origen a su participación en estas luchas continuaba desarrollándose pues a su hermano lo detuvieron de manera arbitraria, tortura y desaparición forzada, según mencionó, acusándolo de secuestro sin ninguna prueba más haya de un señalamiento.
La formación del colectivo no solo implicó organizar protestas o acompañamientos jurídicos, también representó un proceso de aprendizaje colectivo en torno a los derechos humanos y a las formas de defensa.
Dentro de ese proceso, el acompañamiento de organizaciones de derechos humanos fue un elemento que, según explica, ayudó a comprender el papel que comenzaban a asumir.
“El centro de Derechos Humanos tuvo una labor muy importante porque nunca nos trató como subordinados, nos hizo también irnos formando en el sentido de saber qué éramos, cómo nos asumimos ahora que tomábamos este rol, como defensoras de derechos. Ese proceso pues fue también un proceso de liberación para nosotras”, comentó.
Lucha que continúa
El 2 de mayo de 2024 su hermano Daniel Plácido obtuvo su libertad mediante el reconocimiento de inocencia, un hecho que marcó uno de los momentos más significativos dentro de ese proceso. Sin embargo, Lady Plácido explica que el trabajo del colectivo no concluyó con ese caso.
“Creo que ya desde antes comenzó mi acompañamiento porque hay una consigna que sacamos desde Haz Valer Mi Libertad, que se denominó: tu preso es mi preso y tu lucha es mi lucha, eso a su vez lo sacamos cuando hicimos la Caravana Mexiquense que recorrió todo el Estado de México o lo más que pudimos abarcar en un mes de visitar todos los puntos donde había luchas, a mí me tocó la zona norte”, relató.
Ese recorrido por distintas regiones del estado también permitió conocer otras luchas sociales que se desarrollan en comunidades rurales, indígenas y urbanas.
“En ese proceso conocí a muchas y eso te hace acompañar procesos, conocí a las mujeres mazatecas que luchan por la libertad de otros presos políticos en Oaxaca. También al caso de Juan Carlos Menchaca, que es un preso inocente ya con 21 años en prisión, con el magisterio mexiquense. Hay una canción que me gusta mucho de Mercedes Sosa, que dice que el injusto no me sea indiferente”, comentó.
El contacto con diferentes movimientos sociales también influyó en su decisión de mantenerse activa dentro de distintas causas.
A lo largo de este proceso, la activista señala que uno de los principales aprendizajes ha sido reconocer que el trabajo en defensa de derechos humanos implica un aprendizaje constante.
En esa misma línea, considera que la organización colectiva sigue siendo uno de los elementos centrales en los movimientos sociales.
“La lucha organizada desde cualquier arista tiene un fondo que es la organización, el acompañamiento, la colectividad, que en la colectividad está el poder, que en la organización está la libertad y luchar por ella juntos es más fácil. La defensa en el Estado de México está más hecha por mujeres que por hombres, es lo que también me he dado cuenta, hay un cambio en la mentalidad, que no solamente nacimos para lavar los platos, tender camas y tener hijos sino para hacer algo más por nosotras mismas y por nuestra comunidad. Eso es lo que me ha enseñado la lucha”, relató.
Tras seis años de trabajo continuo, Haz Valer mi Libertad, ha logrado dar visibilidad a casos de detenciones irregulares.
Al reflexionar sobre el futuro de estos movimientos, señala que la búsqueda de justicia también tiene una dimensión que mira hacia las siguientes generaciones.
“Creo que lo que uno busca es que al final estamos construyendo la justicia que queremos ver, porque no la estamos viendo en este momento pero que mañana nuestros sobrinos, hijos puedan saber o puedan ver el fruto de lo que nosotras hicimos, sobre todo eso de no quedarte callada ante la injusticia, que no pase desapercibida. Queremos despertar conciencias”, concluyó.
La historia de Lady Plácido Arroyo se fue construyendo entre marchas, audiencias judiciales, foros y encuentros con otras luchas sociales. Lo que comenzó como una búsqueda personal de justicia se transformó con el tiempo en un proceso colectivo donde distintas familias encontraron un espacio para acompañarse, su andar refleja una experiencia que continúa desarrollándose en un estado donde diversas causas siguen organizándose para exigir respuestas.
Continúa leyendo:
¡La Jornada Estado de México ya está en WhatsApp! Sigue nuestro CANAL y entérate de la información más importante del día.
PAT

/https://wp.lajornada.prod.andes.news/wp-content/uploads/2026/03/image-68.png)
