Menstruar sin tabúes, que la condición deje de ser barrera

Jimena Valdés Figueroa

Menstruar sin tabúes, que la condición deje de ser barrera

Voz Propia

Menstruar sin tabúes, que la condición deje de ser barrera

Jimena Valdés

Redacción
Enero 31, 2026

Al parecer es de mal gusto el mencionar mi período en público pues la biología de mi cuerpo es demasiado real. 

Está bien el vender lo que está entre las piernas de una mujer mucho más de lo que está bien el mencionar su funcionamiento interno. 

El uso recreativo de este cuerpo es visto como hermoso, mientras que su naturaleza es vista como algo feo.

-Rupi Kaur 

Menstruar es efectivamente una condición natural y una diferencia fisiológica entre los hombres y las mujeres, menstruar también cobra significados sociales y forma parte de las estructuras simbólicas de prácticamente todas las sociedades.

Acuñando el concepto de la “valencia diferencial de los sexos”, la Antropóloga Françoise Héritier, da cuenta de las maneras en las que históricamente las sociedades han interpretado los hechos biológicos a modo de sistemas que sitúan a las mujeres en posiciones de menor valía, en sus propias palabras elabora estas preguntas:

¿Por qué razones la humanidad en su conjunto ha desarrollado sistemas de pensamiento que valorizan lo masculino y desvalorizan lo femenino, y traduce estos sistemas de pensamiento en acciones y situaciones concretas? ¿Por qué la situación de las mujeres está minimizada, desvalorizada u oprimida de una manera que puede denominarse universal, si el sexo femenino es una de las dos formas que revisten la humanidad y el sexo, y si, de hecho, su “inferioridad social” no es un dato biológicamente fundado?

A través de una investigación histórica y también antropológica, Héritier concluye que la reproducción se interpreta culturalmente como una condición de vulnerabilidad e incluso de riesgo, en la que a procesos como la menstruación se les adjudica incluso un carácter contaminante, derivando de ello una serie de mecanismos de sujeción, desigualdad e incluso formas de violencia ejercidas contra las mujeres.

Efectivamente hasta hace muy poco tiempo, las mujeres lejos de reconocernos como sujetas menstruantes, éramos educadas en la pena y en una serie de artificios para que nuestra menstruación pasara desapercibida; era esa casi una competencia que te colocaba en el podio de mujer limpia, correcta y adecuada… De la menstruación se hablaba bajito y entre mujeres, los hombres por supuesto no estaban invitados a esa conversación y si lo estaban era por fines meramente reproductivos cuando “no te bajaba” o bien porque se trataba de un médico como sujeto autorizado para opinar sobre un proceso que le es absolutamente ajeno, pero en el que la ciencia le confiere no sólo el opinar sino el de normar. 

Muchas veces se habla de menstruación, pero no de ciclo menstrual, lo cual da cuenta del poco entendimiento de la ciclicidad de las mujeres; desde ese lugar nuestra propia forma de ser y de estar en el mundo se desdibuja y pareciera que sólo tenemos días buenos y días difíciles cada mes, en el que nos volvemos sujetas iracundas con las que hay que tener cuidado.

Menstruar muchas veces representaba lejos de una gestión, un entrenamiento para asumir el dolor y la vergüenza como parte de la experiencia femenina: nada más representativo de ello que la metáfora bíblica en el castigo a Eva (y a todas nosotras sus hijas) por el hecho de cuestionar las prohibiciones establecidas por la autoridad masculina. Y entonces podemos entender el por qué hasta hace muy poco tiempo el saber médico poco hablaba de padecimientos como la endometriosis o la dismenorrea, los cuales representan no sólo situaciones de sufrimiento cíclico para las mujeres sino incluso barreras para su desarrollo en distintos ámbitos de su vida como el educativo, el laboral y por supuesto en el ejercicio de su sexualidad y en las decisiones reproductivas. 

Todo este recorrido me lleva a decir que al día de hoy, las niñas, jóvenes y mujeres menstruantes vivimos en un escenario cada vez más abierto al reconocimiento del ciclo menstrual desde el conocimiento y con menos tabúes. Afortunadamente la gestión menstrual ha salido del escondite y al situarse en la palestra pública forma parte de políticas educativas, laborales, de salud e incluso las de carácter fiscal en las que se reconoce el derecho a una menstruación digna.

Sin lugar a dudas aún quedan inercias en aspectos como la interpretación o las narrativas que sobre la menstruación aún se elaboran: aún hay que hacer entender que esta diferencia entre las mujeres y los hombres no debe representarnos una barrera para el logro de la igualdad sustantiva y es que efectivamente no es igual ir a la escuela menstruando o pasar la  jornada de trabajo en esa condición que sin ella, no es igual tener que contar los días para establecer compromisos poco cómodos como el ir a nadar, el correr una carrera…, tampoco lo es el que cada mes se destine parte del presupuesto a productos de higiene menstrual, a analgésicos y demás aditamentos que hasta hace poco no se miraban como una carga adicional para nuestra economía,  y tampoco es igual menstruar, ovular y estar en periodo pre menstrual que el vivir ciclos hormonales como los masculinos que, por decirlo de algún modo, son simplemente más estables.

Lo alentador aquí no es nada más las reformas de ley, las políticas públicas o incluso la apertura del saber médico a un manejo más comprensivo de este tema; el cambio está también en los hombres y los niños que hoy han deconstruido esos sistemas de interpretación sobre nosotras las mujeres y NUESTROS cuerpos colocándose como compañeros y aliados en un proceso tan natural pero también tan socialmente construido como lo es el mudar de endometrio por lo general cada 28 días. 

PAT

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