Hay discos que no sólo resisten el paso del tiempo, sino que lo atraviesan y lo transforman. Morir Imaginando, de Kerigma, es uno de ellos. Tres décadas después de su aparición, el álbum no se limita a sobrevivir: respira distinto, desde el presente, pero con la misma pulsación con que nació en 1995, cuando el rock mexicano se escribía en plural, con guitarras frontales y letras que buscaban ir más allá de lo comercial.
Kerigma ya no era una promesa
En aquel momento, Kerigma ya no era una promesa, sino una banda que había encontrado su voz. Y Morir Imaginando fue, más que un punto de inflexión, un espejo íntimo. El grupo se despojó de los sintetizadores que marcaron sus inicios y se adentró en una etapa de exploración más cruda con dos guitarras que hoy se reconoce como madurez.
Celebrar los 30 años de ese disco es también volver a una escena que hervía de propuestas, cuando el rock mexicano hablaba desde todos los ángulos posibles: desde el funk al postpunk, desde el pop oscuro a la lírica social.
En ese paisaje fértil, Kerigma se apartó del ruido fácil para hacer del silencio interior una forma de decir. En sus canciones hay introspección, sí, pero también resistencia: no al mundo, sino a lo inmediato, a lo superficial.
El próximo 28 de marzo, en el Foro La Paz, la banda ofrecerá un concierto conmemorativo en el que no sólo revivirá los temas más emblemáticos del álbum, sino que presentará algunas nuevas versiones colaborativas con figuras clave del panorama actual: Benny Ibarra, Reyli, Ramona, Los Daniels, San Pascualito Rey, entre otros.
El disco ha sido reeditado con calidad sonora mejorada y con ocho temas reinterpretados a dos voces: la de Kerigma y la de quienes han encontrado en sus canciones una brújula o una resonancia.
El tema que da nombre al álbum, Morir Imaginando, escrito por Sergio Silva y Alejandro Azambuya, propone la imaginación como último refugio y acto de libertad. Es una canción que no envejece porque no pertenece a un solo momento.
Lo mismo puede decirse de No me hace bien, que Memo Méndez Guiú ofreció al grupo años antes y que encontró su cauce definitivo en este disco, como si hubiera esperado su momento exacto para emerger. Algo semejante pasa con Puro Azar, de Tony Méndez —figura indiscutible en el mundo del rock en México—, que el tiempo ha convertido en un clásico de la banda.
Escucharse a sí misma con otros oídos
Lo que hace especial esta reedición no es sólo la presencia de voces invitadas ni la nueva pulcritud sonora. Es la conciencia de que la banda ha vuelto a escucharse a sí misma con otros oídos, sin nostalgia, pero con el peso de la experiencia.
Han sido años de cambios, de búsquedas y encuentros. El grupo no ha dejado de crear, como lo demuestra su álbum Hamlet de 2024, su participación en Vive Latino o su espectáculo orquestal en el Teatro de la Ciudad.
Morir Imaginando es un álbum indispensable no por su fama, sino por su hondura. En un tiempo donde la música tiende a la velocidad, escuchar de nuevo sus acordes es aceptar la pausa. Es recordar que el rock mexicano también tiene una historia escrita con paciencia, con letras que no buscaron complacer, sino revelar.
PAT
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