Artesanos del Valle de Teotihuacán advirtieron sobre el incremento en la venta de piezas importadas que se comercializan como obsidiana, pero que en realidad son imitaciones industriales, situación que, aseguran, afecta directamente la economía de los talleres locales y pone en riesgo una tradición ancestral.
José Alfredo Martínez Oliva, artesano de tercera generación en Artesanías Martínez, explicó que la presencia de estos productos se ha vuelto cada vez más común en mercados y puntos turísticos.
“La artesanía china nos ha perjudicado bastante, porque malbaratan las piezas y no es totalmente obsidiana, es imitación de nuestro trabajo”, señaló.
Complicado diferenciar entre auténtico y pirata
De acuerdo con el artesano, el principal problema es que para el visitante resulta complicado diferenciar entre una pieza auténtica y una de fabricación industrial.
“Es muy difícil que la gente lo identifique. La piratería viene exacta, hecha con moldes; en cambio aquí cada pieza es distinta porque todo es a mano”, indicó.
En los talleres tradicionales, el proceso inicia desde el corte de la piedra volcánica, el pulido y el tallado manual de cada figura.
Aunque hoy existen herramientas eléctricas que facilitan algunas etapas, el trabajo artesanal sigue siendo fundamental.
“Todo es un proceso a mano, pieza por pieza. No hay dos iguales, eso es lo que le da valor a la artesanía”, indicó Martínez Oliva.
Reducción de ventas del trabajo local
Las piezas más elaboradas en su taller son espejos de obsidiana, que pueden medir desde unos cuantos centímetros hasta formatos mayores, además de figuras decorativas y artículos con motivos prehispánicos.
Estos productos forman parte de la oferta que distingue a Teotihuacán como uno de los principales puntos de producción artesanal en obsidiana del país.
Sin embargo, la competencia de artículos importados, producidos en serie, reduce las ventas del trabajo local.
El artesano mencionó que existen agrupaciones que buscan defender la artesanía mexicana, pero reconoció que el problema persiste.
“El poder del dinero hace que nos opaquen. Ya nos invadieron”, expresó.
Además del impacto económico, los artesanos advirtieron que la proliferación de imitaciones también pone en riesgo el valor cultural de la obsidiana, material estrechamente ligado a la historia prehispánica de la región.
“Aquí en el Valle de Teotihuacán la artesanía y la obsidiana es identidad, es lo que nos distingue”, afirmó.
Taller familiar por generaciones
La historia de don José Alfredo con la obsidiana comenzó desde la infancia, en un taller familiar donde el oficio se transmitió de generación en generación.
“El principal artesano fue mi abuelo, después mi padre y ahora nosotros somos la tercera generación trabajando la obsidiana”, relató.
Recordó que desde pequeño combinaba la escuela con el trabajo manual.
“A los ocho años empezamos a trabajar; un rato en el taller, otro en la escuela, y de regreso a trabajar. Así aprendimos el oficio”, recordó.
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TAR

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