Parlamento Juvenil contra la corrupción

Álvaro Bardales

Parlamento Juvenil contra la corrupción

Mis apuntes

Redacción
Febrero 6, 2026

Dicen que si no sabes a dónde vas, cualquier camino te lleva y en México, cuando se habla de corrupción, pasa algo parecido, hay enojo, hartazgo, pero muchas veces falta entender cómo funciona, quién la permite y cuándo se vuelve normal; el Parlamento Juvenil de Combate a la Corrupción es un llamado serio a pensar y actuar.

Este ejercicio se impulsa a nivel nacional desde el Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), con el respaldo de más de 60 colegios federados, lanza una invitación directa a más de 1,500 instituciones de educación superior donde se imparten contaduría pública y administración; no es casualidad, en esas aulas se forman a quienes mañana manejarán presupuestos, firmarán contratos y tomarán decisiones sobre el uso del dinero público. Y como se dice en corto: quien cuida la caja, aunque no sea el jefe, influye.

Aquí no se viene a marchar ni a acumular likes, se viene a analizar, a escribir un ensayo y a enfrentar una verdad incómoda, la corrupción no empieza con el gran escándalo, empieza con la firma sin leer, con el “así se hace siempre”, con el “nadie revisa” y con el “no es mi tema”. Si no se corrige desde la formación profesional, luego no hay sorpresa que valga.

A diferencia de otros foros donde todo se queda en discursos motivacionales, en este parlamento las y los jóvenes trabajan con casos reales, leyes vigentes y problemas concretos que ocurren en gobiernos, universidades y municipios, porque indignarse sin entender el sistema sirve para desahogarse, pero no para cambiar las reglas del juego.

El mensaje es, aunque incomode: si no sabes cómo se vigila el dinero público, alguien más lo va a usar mal y después no hay derecho a decir que “no sabías”. Dicho sencillo: lo que no se cuida, se pierde.

El Parlamento Juvenil apuesta a algo que pocas veces se dice en voz alta, el combate a la corrupción se gana con conocimiento técnico, criterio y carácter. Forma jóvenes que mañana serán contadores, administradores y servidores públicos, pero que hoy ya entienden que el poder no es un premio, es una responsabilidad bajo vigilancia social.

Y el mensaje final también es para las universidades y directivos: si no participan, dejan un vacío, porque formar profesionistas sin conciencia pública es como enseñar a manejar sin frenos.

El espacio ya existe, ahora toca usarlo con seriedad y valentía.

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