Las patentes son derechos que el Estado concede al inventor para explotar en exclusiva su desarrollo científico durante cierto tiempo y con ello incentivar la investigación, al proteger de plagio y permitir recuperar la inversión.
La paradoja es que con frecuencia ocurre lo contrario y cuantas más patentes se concedan más difícil se vuelve innovar, porque generan bloqueos tecnológicos con barreras temporales a la entrada, a quienes otros innovadores deberán pagar licencias o enfrentar demandas. Así, las patentes que se concibieron para premiar a inventores, terminan protegiéndolos de la innovación de otros, a través de un monopolio legal.
Los ejemplos clásicos sobresalen en la industria farmacéutica, donde elevan precios y retrasan genéricos, limitando el acceso a nuevos medicamentos aunque estén de por medio vidas, porque miles de patentes superpuestas impiden desarrollar nuevos productos.
Más patentes significarían más innovaciones, porque inventar cuesta tiempo, dinero y esfuerzo, que se imponen para proteger al innovador, pero luego el invento pasa a ser de todos. En teoría, es un trato justo, pero la patente frenaría a quien quisiera mejorarla.
En la Mesopotamia del siglo 36 AC la rueda cuadrada se habría impuesto a la redonda porque Kuadrapuluk la hubiera registrado y Rodariuk no habría ganado la apuesta. En otra época, si José hubiera patentado la rueda cuadrada y María la volviera redonda, ella no pondría en práctica su invento porque la rueda tendría dueño y debería seguir usando la de forma cuadrada.
Una tecnología depende hoy de muchas patentes, una computador incorpora miles en su fabricación y ningún competidor puede innovar sin permiso de sus dueños; el conocimiento lo privatizan las corporaciones que patentan todo lo imaginable, incluso ideas pequeñas se vuelven armas legales que se aplican para bloquear competidores y generar litigios como negocio, por lo que las empresas como las de Edison acaban por tener más abogados que tecnólogos. La mayoría de las empresas no inventan, compran patentes o esperan a que alguien innove para lograr licencias cruzadas, entre las que hay que compartir costos y riesgos, porque la innovación es acumulativa y hoy en día no hay innovador solitario.
En la confrontación China-EU hay empresas que para ganar la carrera ya no patentan; en aras de su soberanía tecnológica y seguridad geopolítica veremos si la lucha de los superconductores, biotecnología e IA, avanzará en alternativas como patentes más cortas, licencias obligatorias o ciencia abierta.
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