Perfil: Karina y Noé, los apicultores de Texcoco que persiguen la floración para salvar abejas

Perfil: Karina y Noé, los apicultores de Texcoco que persiguen la floración para salvar abejas

En un contexto donde el cambio climático ha desdibujado los calendarios agrícolas tradicionales, Karina Gutiérrez y Noé García, fundadores de Apicultura Biocolced.

Miriam Vidal
Mayo 2, 2026

Durante los últimos 10 años, Karina Gutiérrez y su esposo Noé García, vecinos del municipio de Texcoco, han construido un proyecto que combina rescate de colmenas, producción de miel y recuperación ambiental.

Trashumancia y vida: Los apicultores de Texcoco que restauran ecosistemas persiguiendo la floración

Perfil: Karina y Noé, los apicultores de Texcoco que persiguen la floración para salvar abejas

Ellos son fundadores de Apicultura Biocolced, donde su trabajo no solo se centra en la obtención de productos apícolas, sino en la adaptación de colmenas a un entorno donde el clima ha modificado por completo los ciclos naturales.

Perfil: Karina y Noé, los apicultores de Texcoco que persiguen la floración para salvar abejas

“El clima ya no es lo que era años atrás. Antes nuestros abuelitos tenían calendarizadas las épocas de lluvia, de cosecha y de trabajo agrícola; hoy el cambio climático ha movido todo ese calendario”, explicó Karina, quien destacó cómo ese desajuste ha impactado directamente en la apicultura.

“Ya no tenemos la floración de manera fija ni extendida, y eso nos obliga a ir persiguiendo el calendario floral durante todo el año”, dijo.

Perfil: Karina y Noé, los apicultores de Texcoco que persiguen la floración para salvar abejas

Añadió que esa dinámica de trashumancia, cuya práctica consiste en trasladar colmenas de una región a otra, les ha permitido aprovechar los periodos de floración y contribuir a la reproducción de las colmenas.

“Nosotros cubrimos zonas como Texcoco, Teotihuacán, las faldas del volcán Popocatépetl, después nos movemos a Hidalgo, a Veracruz, y regresamos en un ciclo constante”, detalló.

Precisó que ese movimiento permite mantener la producción activa durante todo el año, en lugar de depender de una sola cosecha.

“Si nos quedáramos estáticos en un solo lugar, tendríamos una sola cosecha anual. Con la trashumancia podemos obtener recursos de forma constante, incluso una o dos cosechas por región”, señaló.

Actualmente, trabajan con alrededor de 150 colmenas, lo que hace viable el traslado y la operación del proceso.

El origen del proyecto

Este proyecto surgió tras un viaje a la sierra hidalguense, donde conocieron la apicultura tradicional.

“Fuimos de vacaciones y vimos cómo trabajaban con colmenas silvestres. Nos gustó mucho. Nos dijeron que podían enseñarnos porque ya no había quien se hiciera cargo de las abejas, y ahí empezó todo”, compartió, sin embargo, las condiciones comunitarias impidieron que se establecieran en aquella región.

De regreso en Texcoco, un hecho marcó el rumbo del proyecto.

“Un enjambre se estacionó en un espectacular de un centro comercial y lo iban a retirar como suele pasar, a manguerazos; pero mi esposo al ver esto pidió que no lo destruyeran, que él lo recogía. Ese fue el primer rescate”.

A partir de ahí tocaron puertas para poder instalarlo en una zona apropiada y no en área habitacional.

Fue así que el Área Natural Protegida (ANP) Molino de Flores de los permitió y se convirtió en el primer punto de resguardo de enjambres de rescate de la comunidad.

“El problema fue que el espacio se volvió insuficiente, porque empezamos con cinco, diez, quince colmenas, y ya no cabían. Entonces tuvimos que buscar otros lugares, prestados, rentados, incluso con apoyo de instituciones como la Universidad Autónoma Chapingo”. Así inició la expansión.

Transformación de ecosistemas

Karina detalló que tras la instalación de las colmenas comenzaron a ver resultados de transformación de ecosistemas en el ANP Molino de Flores, caracterizada por una tierra árida y carente de nutrientes, ya que anteriormente funcionaba como basurero.

“Asentamos a las abejitas y empieza a reproducirse tanto el ciclo de que crece vegetación, maleza y animales que no tenían registro en Molino de Flores”.

Mediante las cámaras trampa se detectó la llegada de fauna que no había registrada antes de los enjambres, tales como petirojos, camaleones, lagartijas y aguilillas o sea “empezó a crecer la fauna dentro de ese pequeño espacio”.

Con el tiempo, el proyecto evolucionó hacia la tecnificación.

“Pasamos de rescatar colmenas a duplicarlas, a cuidar su sanidad, a tratarlas cuando se enferman, porque las abejas también tienen enfermedades”, apuntó.

Diversidad de sabores

Karina y Noé al hacer la diversificación geográfica se percataron que ésta también se refleja en la variedad de mieles que producen.

“Podemos obtener mieles de diferentes colores, olores, sabores y texturas. Son sus propiedades organolépticas, y dependen del origen botánico, es decir, de la flor de donde proviene el néctar”.

Por ello, insistieron en cambiar la percepción del consumidor.

“El público no se debe de casar con un solo color o sabor. No es lo mismo una miel de flor de naranjo en Veracruz que una miel del altiplano”.

En el centro del país, explicó Karina, predominan flores silvestres como el mirasol o gigantón.

“De ahí obtenemos una miel tipo mantequilla, muy buscada por su consistencia cremosa y su color amarillo pálido”.

Al mismo tiempo aclaró un mito frecuente sobre la miel, sobre que todas las mieles puras deben pasar de un estado líquido a uno cristalizado, ya que es un proceso natural.

Pero si se desea regresar a su forma líquida, recomienda cuidado; por ejemplo se puede poner al sol, pero sin que supere los 45 grados, porque a partir de ahí pierde propiedades.

Retos para preservar las abejas

Karina expuso cómo es que una abeja puede volar hasta 10 kilómetros, por lo que su impacto no es solo local, es mucho más amplio.

La actividad apicola, sin embargo, no está exenta de retos, pues el cambio climático sigue siendo el principal desafío.

“Nos pega muy duro como sector. No hay un calendario claro, no hay certezas”. Además, el registro de apicultores aún está en desarrollo.

“Para ejercer formalmente necesitas un número de productor nacional, que funciona como una identificación. Eso garantiza que cumples con buenas prácticas, desde el manejo sanitario hasta el envasado y etiquetado”, dijo, y añadió que esas certificaciones implican evaluaciones constantes.

Karina destacó que su familia es pionera en esta actividad.

“Somos la primera generación dedicada a la apicultura. No es un oficio heredado, lo aprendimos desde cero”.

Su formación profesional también influyó; ella es psicóloga, su esposo ingeniero bioquímico y su equipo incluye especialistas en zootecnia.

Hoy, Apicultura de Biocolced es un proyecto consolidado que combina ciencia, campo y conciencia ambiental.

A través de redes sociales y trabajo directo, también buscan educar al consumidor sobre la importancia de las abejas y la diversidad de la miel.

“Nosotros decimos que viajamos como abejas, vamos a donde está la floración”, comentó.

Esa movilidad, que antes era una opción, hoy es una necesidad para sobrevivir en un entorno cambiante.

A pesar de las dificultades, Karina y Noé mantienen una visión clara sobre el futuro, al considerar que la apicultura no solo es producir miel, es entender el equilibrio natural.

“Cada colmena que rescatamos o trasladamos tiene un impacto”.

Ante la presión constante de los ecosistemas, el trabajo los apicultores texcocanos representa una alternativa de adaptación y restauración.

“Hemos visto cómo cambia el entorno, cómo regresa la vida. Eso es lo que nos motiva a seguir”, dijeron.

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