En tiempos de consumo inmediato y listas de reproducción efímeras, cuando la música parece diluirse en algoritmos y tendencias pasajeras, el escritor mexicano Luis Carrillo insiste en detener el tiempo, abrir la tierra sonora y escarbar ahí donde pocos se atreven: en las historias que laten detrás de las canciones.
Con Radiolaria Volumen 2. El descarado beso de la vanidad y otras canciones de bronce y sangre (Barker Books), su más reciente libro, confirma que lo suyo no es la nostalgia fácil, sino una arqueología musical minuciosa, apasionada y, sobre todo, profundamente humana.
Han pasado cuatro años desde la aparición del primer tomo de Radiolaria, un debut que —en palabras del propio autor— nació casi sin que él mismo supiera que estaba construyendo un libro.
“El primero no sabía si iba a ser un libro. Tú estás escribiendo y estás fabricando algo cuyo final no imaginas o cuya forma no predices. Aquella primera entrega fue un cúmulo de cosas que terminó siendo un libro, el primer tomo de Radiolaria”.
El segundo volumen, en cambio, tuvo desde el inicio una dirección clara.
“El segundo, de principio a fin, ya estaba pensado para ser un libro”, afirma con seguridad.
“Hubo intención, hubo meta, incluso tenía un poco la fecha, porque dicen que, si no te pones una fecha, pues es humo, es polvo cualquier intención. Esa disciplina creativa, alimentada por las críticas —las favorables y las adversas— del primer tomo, dio como resultado una obra más amplia en geografía, en tiempo y en sensibilidad”.
Radiolaria Volumen 2. El descarado beso de la vanidad y otras canciones de bronce y sangre
Si el primer Radiolaria estaba marcado por una fuerte presencia de música anglosajona, esta segunda entrega, . El descarado beso de la vanidad y otras canciones de bronce y sangre, expande el mapa.
“En este segundo volumen, efectivamente, ya están incorporadas algunas historias también de canciones, sobre todo latinoamericanas, incluidas mexicanas”. El giro no es menor. Carrillo reconoce que, aunque la música en inglés sigue siendo su favorita “en cuanto a gusto personal”, lo latino le permitió explorar otros aromas, otras texturas emocionales.
“Yo creo que tengo una sensibilidad muy distinta a lo que es la música anglosajona… lo latino tiene este sabor también, unas conexiones muy particulares y las sensibilidades de los artistas, de los creadores, de los letristas son muy particulares en momentos donde el territorio de pronto les determinaba su sentir, su pensar y su actuar”.
Esa conciencia del contexto es uno de los grandes aciertos de Radiolaria Volumen 2. Carrillo no se limita a describir canciones: las sitúa en su tiempo, en sus tensiones políticas y culturales, en las contradicciones de la época que las vio nacer. Así ocurre con Por una cabeza, de Carlos Gardel, pieza de 1935 que aparece como la historia más antigua del libro.
“Ya nos estamos yendo demasiado atrás”, dice el autor con una sonrisa, consciente de que esa Argentina lejana sigue resonando con vigencia sorprendente.
Pero si Gardel representa la tradición y la melancolía rioplatense, Carrillo también se adentra en episodios insólitos de la cultura pop. Uno de los relatos más fascinantes del volumen gira en torno a “Louie Louie”, de The Kingsmen.
“En 1963, en plena convulsión social en Estados Unidos, la canción fue acusada de contener letras pornográficas. La presión de padres de familia llevó a una investigación federal.
“El FBI entra en escena y hace una investigación literal”, explica Carrillo, subrayando lo absurdo del episodio: “La agencia resolvió antes el caso del asesinato de Kennedy que el supuesto escándalo lírico del tema. La anécdota no es mero dato curioso; es una radiografía del clima moral de la época. Te dice mucho del contexto, de lo que escandalizaba a pesar de que acababan de matar a un presidente”, reflexiona el autor. Ahí está la esencia de su proyecto: mostrar que cada canción es también un documento histórico.
Esa tensión entre el tiempo en que fue creada una obra y la mirada contemporánea aparece en otro pasaje inevitable: la polémica en torno a Puto, de Molotov.
“En nuestra época la veíamos como algo maravilloso y ahora causa escozor”, se comenta en la conversación. Carrillo asume el debate con honestidad: hay artistas que optan por ofrecer disculpas retroactivas y otros que defienden el contexto original de sus creaciones.
“Si metemos al laboratorio todas las canciones y tratamos de indagar y escarbar en las letras, creo que pocos se van a salvar. La música, como la sociedad, cambia; y el juicio sobre ella también”, admite.
Celebración del eclecticismo
Pero Radiolaria Volumen 2 no es un tratado académico ni un ajuste de cuentas moral. Es, ante todo, una celebración del eclecticismo. Carrillo lo sabe: su libro puede colocar a Gardel junto a una estrella pop contemporánea.
“Habrá quien aplauda el hecho de meter a una Taylor Swift. Habrá quien diga cómo es posible que después de hablar de Carlos Gardel la siguiente historia sea esa. Pero eso es la música”. En esa convivencia de lo clásico y lo masivo radica parte de su propuesta: romper jerarquías rígidas y abrir el abanico a más de 200 canciones de distintas épocas y estilos.
Escribir sobre música implica, además, un desafío particular: hacerlo para el fan casual y para el experto exigente. Carrillo no rehúye ese reto; lo abraza. Ha dialogado con figuras clave del periodismo y la industria musical como Arturo López Gavito —quien además firma el prólogo del libro—, Pepe Campa, Alejandro Franco e incluso Alfredo Lewin.
“Te curtes entre las mentes grandes de la música”, dice, convencido de que esa interacción fortaleció su escritura.
Más que intimidar, la presencia de expertos le permitió afinar el tono: escribir con rigor sin perder emoción. Porque, al final, insiste, la música es ante todo una experiencia sensorial.
“Yo siempre he dicho que la música es una emoción… Lo que te haga sentir la canción independientemente de qué significa, es lo que importa”. En esa declaración se advierte una aparente contradicción: Carrillo escarba en contextos y significados, pero reconoce que la esencia última de una canción puede escapar a cualquier explicación racional.
En lo personal, la música también se filtra en su vida familiar. Pertenece a una generación marcada por el rock de los años ochenta y noventa, pero sus hijos escuchan desde otro lugar, sin el peso del contexto histórico.
“Ellos se van por el sonido puro y duro, sin tanto contexto. Esa mirada fresca, libre de prejuicios generacionales, me ha permitido redescubrir canciones con otros oídos. Si los jóvenes de hoy pueden enamorarse de los Beatles o de los Rolling Stones a pesar de la distancia temporal, es porque la música, cuando es genuina, trasciende coyunturas”.
Carrillo es “un arqueólogo de la música”. Le gusta “buscarle tres pies al gato sin que nadie me lo pidiera”. Pero esa curiosidad obsesiva es la que alimenta Radiolaria. El libro es un compendio de historias que, sin su mirada inquisitiva, quizá seguirían ocultas en las grietas del vinilo o en el ruido de una vieja grabación.
Y es que el objeto físico —el álbum, el disco— ocupa un lugar especial en su imaginario. En la presentación del libro, López Gavito señaló que Radiolaria podría convertirse en un documento para rescatar la música. Carrillo coincide y enlaza esa idea con el renacimiento del vinilo.
“Los vinilos se resisten a morir… es otra manifestación maravillosa de lo que existía en su tiempo y lo que se está recobrando por fortuna para mantener vivo el concepto álbum. En una era dominada por canciones sueltas y reproducciones fragmentadas, defender el disco como obra integral es casi un acto de resistencia cultural”.
¿Habrá un tercer volumen? Carrillo evita comprometerse, pero la semilla está plantada.
“Siempre dices: ¿dónde hay más historias? ¿Dónde podemos encontrar esas historias que uno no imaginaría? África, Asia, Australia aparecen como posibles territorios sonoros por explorar. La música, sugiere, no se agota en los circuitos hegemónicos; hay mundos enteros esperando ser narrados”, responde.
Por ahora, Radiolaria Volumen 2 confirma que la música no es solo entretenimiento ni banda sonora de fondo, sino archivo vivo de emociones, conflictos y transformaciones sociales.
Detrás de cada acorde hay una historia que merece ser contada. Y mientras haya canciones que nos conmueven, escandalicen o acompañen, habrá también un arqueólogo musical, como Luis Carrillo, dispuesto a desenterrarlas para que vuelvan a sonar con toda su fuerza.
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