A 3 mil 500 metros sobre el nivel del mar, la vida en Raíces no se mide por horas, sino por la voluntad de habitar la alta montaña.
Resistencia comercial entre la bruma y el frío
En este rincón de Zinacantepec, el paisaje no es solo una postal; es una exigencia constante. Cuando la nieve cubre los surcos de la tierra, el ciclo del campo se detiene en una pausa forzada, dejando los sembradíos bajo un silencio helado.
Aquí, las viviendas de madera y teja no son simples construcciones: son refugios precarios que se aferran a la ladera, intentando resguardar la fragilidad de lo cotidiano frente a un clima que parece no tener tregua.







En la orilla del camino, el comercio persiste aun cuando el turismo ha desaparecido.
El clima extremo y la pausa forzada del campo en Raíces, Edomex
Los vendedores, más que prestadores de servicios, se han convertido en testigos de la tenacidad de quienes habitan el volcán; puntos de resistencia que esperan, entre la bruma y el frío, una oportunidad que a menudo no llega.
Raíces es, en esencia, la crónica de una espera, un pueblo que sobrevive bajo la sombra del gigante, recordándonos que, a esta altura, la naturaleza no es un fondo decorativo, sino el factor absoluto que marca el destino de quienes lo llaman hogar.

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