Sin un peso en los bolsillos y con la cabeza llena de letras, el escritor Ricardo Guerrero Jiménez, definió el rumbo de su vida cuando apenas era un adolescente; entre las calles de terracería de Nezahualcóyotl se abrió paso y decidió utilizar esas letras como armas contra la ignorancia, la pobreza, las adicciones y la violencia.
Ricardo Guerrero Jiménez: El escritor que venció a la marginación en Nezahualcóyotl
Hoy la Obra de Ricardo Guerrero Jiménez forma parte del Catálogo Biobibliográfico de Escritores de México del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), pero este, a consideración del escritor, no representa su máxima logro profesional, para él, la mayor victoria de las batallas que ha librado es haber capacitado a más de 13 mil niños mexiquenses en creación literaria, labor que, a su decir, deja una huella más profunda.
“En mi memoria perdura la imagen del adolescente caminando desde el parquecito del Pulpo de Pantitlán hasta el metro Balderas porque no tenía veinte centavos para pagar el camión de la Ruta 100”, compartió.
Ricardo, el cuarto de nueve hermanos, creció en uno de los barrios más peligrosos de Nezahualcóyotl donde sus padres debían pagar la renta de cuartos compartidos.
De los amigos de su infancia con quienes jugó en las calles de Neza al “burro entamalado”, “bolillo”, “luchitas” o futbol, refiere con melancolía, la mayoría vivieron condicionados por la marginación, la pobreza y la falta de oportunidades; algunos murieron a causa de su adicción a las drogas, a otros los asesinaron y otros más terminaron en prisión.
“La única ventaja que tuve de niño fue tener enfrente de mi vecindad la Secundaria Técnica Número 7, Calmécac, una de las secundarias más reconocidas del municipio, donde me di cuenta que me gustaba leer y escribir, eso me llevó a una preparatoria popular donde recuerdo que comencé a componer canciones”, rememora.
Luego, en medio de carencias y dificultades, ingresó a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde cursó la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en 1995.
El escritor que escondía sus poemas
Guerrero Jiménez cuenta que en la secundaria escribía poemas y los ocultaba para que nadie los leyera pues no pretendía impresionar a nadie, pero también porque tenía algo de miedo al escarnio.
“Creía que escribir sin lectores es escribir sin pretensiones, sin cálculo, sin pose. Fue también escribir la convicción y la vergüenza, desde la inseguridad porque pensaba que lo que uno produce en un barrio como el mío no merecía ser leído”, reconoce Ricardo.
En sus primeros años., el escritor calificaba sus textos como “cronicuentos” o “cronipoemas”, una taxonomía inventada asociar el periodismo y la ficción, entre el testimonio y la literatura.
Sin embargo, muy pronto se dio cuenta de que la escritura no resolvería sus necesidades económicas inmediatas por lo que en 1997 comenzó a trabajar como diseñador gráfico, profesión que le permitió, tener una fuente de ingresos segura y combinar las letras con las imágenes.
Arte digital con proyección internacional
En la década de los 90, el tránsito tecnológico del diseño gráfico análogo al digital, marcó también su desarrollo como artista visual.
En 2003 realizó su primera exposición de arte digital con dos colecciones: Nocturnas reflexiones, integrada por 60 piezas, y Reflexiones cotidianas, con más de 50 trabajos. Ambas fueron seleccionadas para la muestra internacional L’Art Mexicain à Toulouse, celebrada en Francia ese mismo año, a la cual no pudo asistir por razones económicas.
Sus obras cruzaron el Atlántico, él se quedó en Neza, no por falta de mérito ni por falta de invitación, sino por la misma razón que alguna vez lo obligó a caminar desde Pantitlán hasta Balderas: la falta de dinero.
En 2008 presentó la serie Desencuentros al desnudo, 50 obras únicas en formato Metal Print, una propuesta de vanguardia en el arte digital.
Las primeras obras
En 2005 publicó Pensario en decoro. Las cosas que nunca terminan, su primer libro. Dos años después apareció Rosario, el pecado de servir a Dios, su primera novela de la cual vendió dos mil ejemplares en menos de un año.
“Como escritor lo que hago es identificar vacíos temáticos en la literatura y escribir sobre ellos, es decir, donde otros escritores buscaban tradición, yo buscaba ausencias. Donde el mercado editorial ignoraba ciertos temas, ciertos territorios, ciertas vidas, yo ponía una historia”, señaló.
En 2010 obtuvo el Premio Bicentenario de Poesía Nezahualcóyotl con el poema Que el viento acaricie mi alma, y ese mismo año y publicó la novela Pelea por la vida, que en 2012 tuvo una segunda edición a cargo del Fondo Editorial del Estado de México (FOEM).
Literatura para prevenir, para sensibilizar, para nombrar lo que duele
El nacimiento de su primera hija marcó un giro en su escritura, con ella llegó la colección Letras en familia (2015): cinco libros orientados a la prevención de la agresión infantil, el robo, la discriminación y el abuso sexual, traducidos al inglés en 2016.
“Estos libros no nacieron de un encargo editorial ni de una convocatoria gubernamental, sino de la pregunta íntima que se hace cualquier padre cuando mira a su hija y piensa en el mundo al que la entrega”, mencionó.
Posteriormente orientó parte de su trabajo hacia la perspectiva de género, con los títulos Azul (2019) y Aurora (2023), buscando sensibilizar tanto a hombres como a mujeres desde la literatura, no desde el sermón.
En 2017 lanzó la colección Reflexiones en voz alta. En 2018 publicó seis títulos del proyecto Vivo y Leo mi México, en edición bilingüe español-inglés. En 2024 publicó Nezayork, no me quieras tanto y Lucharán. Cuentos del pancracio en Neza, además de cuatro títulos adicionales bajo el sello del FOEM. Su catálogo personal supera hoy los 50 títulos publicados.
La batalla para fomentar la lectura y el amor por México
Desde 2015 colabora con el proyecto Leo y vivo mi México, de la editorial Güevi, el cual busca publicar 160 títulos literarios sobre los atractivos turísticos, artesanías, gastronomía y tradiciones de cada estado de la República. A la fecha existe al menos un libro por cada entidad federativa.
El gobierno del Estado de México, a través del FOEM, se sumó al proyecto y hoy patrocina la producción de 19 títulos, uno por cada región del estado, de los cuales ya se han publicado ocho. El proyecto lleva una década de desarrollo.
Niños que también escriben
Desde 2009 nació el Proyecto Niños Escritores, y es quizás aquí donde su trayectoria, asegura el autor, encuentra su sentido más hondo. No el más vistoso ni el más reconocido, pero sí el más satisfactorio.
La iniciativa ha permitido capacitado a más de 13 mil niñas, niños, jóvenes y docentes, muchos de ellos con historias de disfunción familiar la misma disfunción que él conoció de cerca en su infancia, aunque en otra época. El resultado son 10 libros colectivos publicados con textos de los propios niños.
“Siempre he creído que si un niño lee tiene más oportunidades en el futuro, es una convicción que viene de adentro, no de un manual pedagógico: viene de haber sido ese niño que caminaba mucho porque no tenía para el camión”, puntualiza.
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