“Si mi pueblo necesita reírse, aquí está su mejor sastre”: Jorge Falcón

Jorge Falcón. Foto: Mauricio Bautista

“Si mi pueblo necesita reírse, aquí está su mejor sastre”: Jorge Falcón

En el contexto social actual, el comediante evita “los chistes de mal gusto”, y los relacionados con tragedias.

Mauricio Bautista
Mayo 8, 2026

Jorge Falcón parece que nunca deja el escenario: responde con chistes, con rutinas en las actúa sus personajes. Después de más de cinco décadas dedicadas a cosechar carcajadas, sostiene que el humor debe surgir “con amor, con cariño, con sutileza”.

A unos días del espectáculo del 10 de mayo, reconoce que sigue trabajando por el placer de divertir a las personas

“Si mi pueblo necesita reírse, aquí está su mejor sastre para hacerlos reír”, afirma. A los 73 años, asegura que la felicidad del público depende de la suya, pues “no puedes dar felicidad si no eres feliz”.

Y aunque habla del cansancio, de los sacrificios personales y de los riesgos acumulados tras 53 años de carrera, hay algo que permanece intacto: el placer de hacer reír.

Ese espíritu es el que promete llevar al espectáculo del próximo 10 de mayo en La Maraka, a las 6:30 de la tarde, una fecha que, asegura, merece tratarse con sensibilidad y alegría.

—Es una fecha muy especial. En su experiencia, ¿qué hace reír más a una madre? —se le pregunta.

—Mira, en los teatros, que yo he trabajado tantos años en teatros, las que más se ríen más fuerte son las señoras. Hay señoras que se ríen tanto, porque el humor que ocupo es un humor muy rápido, siempre ha sido muy rápido, muy ágil. Las señoras son increíbles. Llega el tipo y dice: “Vieja, 10 de mayo. ¿Qué quieres que te dé, que te regale, que te haga muy feliz?” Dijo: “El divorcio, jijo de la…”.

Apuesta por el humor familiar, nostálgico, afectuoso para celebrar a las madres. “Tres de la mañana, las señoras despiertan, ya sabes. ‘¿Qué tienes?’, dice el marido. ‘Toda la noche mientras dormías me estuviste insultando y hablando mal de mí y de toda mi familia’, dice. ‘¿Y quién te dijo que estaba yo dormido?’”, cuenta.

—Y en este espectáculo por el Día de la Madre, ¿qué chiste definitivamente no cuenta?

— No, pues, trato de evitar los chistes de mal gusto, sobre todo, los de tragedias. Trato de evitarlos, porque la gente no tiene… ya la vida es una tragedia como para vivir otra, que es lo que hacen las señoras cuando se sientan a ver las telenovelas: a sufrir por una tragedia que no es de ellos.

Jorge Falcón cambia voces, interpreta personajes, remata frases y enlaza recuerdos con chistes como si estuviera sobre el escenario de un teatro. 

Incluso cuando habla de los momentos más difíciles de su vida, arranca risas. Como cuando enfermó de la covid-19 y permaneció días encerrado en su oficina. “Nunca había estado tanto tiempo solo. Y me estaba volviendo loco, porque ya platicaba con las paredes… luego me empezaron a contestar”, recuerda.

Su relación con el público es la que, asegura, lo mantiene vigente. Y buena parte de esa permanencia, considera, tiene que ver con haber construido un estilo propio. “El arte de decirlo sin decirlo”, lo resume.

“Escribo mis propias rutinas, Si ustedes se dan cuenta son muy únicas, muy mías. Tengo como 42 rutinitas que las voy combinando y además las voy actualizando. Y la verdad, es eso, el respeto, el prestigio que ya tengo por tantos años”, comenta. 

A diferencia de los nuevos comediantes, los standoperos, dice que nunca ha necesitado insultar directamente a alguien para provocar risas. “Jamás hablo de nadie, no insulto a nadie, no me meto con nadie”, insiste.

“Puedes reírte de mil cosas que a lo mejor son inventadas, lo que tú quieras, pero es importante hacer reír con amor, con cariño, con sutileza, sobre todo tratándose de las mamás”, puntualiza.

—Don Jorge, uno lo escucha hablar, lo escucha reír todo el tiempo, y pareciera que no llora, ¿de verdad es usted inmune a la tristeza?

—No, al contrario, creo que soy muy sensible. De hecho, el día de las madres hago algo, se me atora el corazón nomás de decirlo.

Entonces, suele incluir un fragmento dedicado a las embarazas. Una pieza que habla de la ternura, la infancia y el amor incondicional. Un texto que remata: “¡Hoy voy a conocer al ser que antes de conocerme me amó! (…) ¡Hoy voy a nacer, hoy voy a conocer a mi madre!”.

También, la conversación se llena de recuerdos sobre sus inicios. Habla de una infancia humilde en la Ciudad de México, de los zapatos parchados con cartón y de una familia numerosa donde, dice, aprendió el valor del trabajo y de la limpieza.

“Éramos tan pobres que llegaba el camión de la basura y mi mamá decía: ‘¿Nos deja tres botes, por favor?’. Eso sí, éramos limpios. Mi mamá nos enseñó a ser limpios. Éramos ocho hermanos y una hermana. Diario nos cambiaba de calzones, diario, porque una cosa es ser pobre y otra, cochino. A diario nos cambiaban de calzones: yo me ponía los de Toño, los de Salvador, los de mi vecino”, cuenta antes de volver a reír.

Incluso cuando habla del cansancio, Jorge Falcón parece incapaz de abandonar el escenario. “La vida es una y se va así”, dice mientras truena los dedos. “Es el único activo que se acaba”.

Ahora escoge mejor las fechas, evita trayectos peligrosos y piensa más en ti mismo. “Ya no viajo a las sierras, ya no hago jaripeos, ya no hago cosas que me causen mucha dificultad”, admite.

Dice que no quiere retirarse completamente, aunque sí reducir el ritmo. “Quiero dedicarme un poquito más a mí. A tratar de hacerme feliz”.

Sin embargo, lo admite: “La gente no me deja”. Hace apenas unos días, terminó una presentación en Yuma, Arizona, con el público de pie aplaudiendo durante varios minutos. “Me hacen llorar”, confiesa.

Continúa leyendo:

Sigue nuestro CANAL  ¡La Jornada Estado de México está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil.

ÁT

UAEM2
Banner Entretenimiento