En un momento histórico en el que México debate su pasado entre consignas políticas, omisiones educativas y polémicas mediáticas, el escritor Diego Gómez Pickering propone una pausa incómoda pero necesaria: mirar hacia los márgenes de la historia. Su más reciente novela, Juan sin nombre (Grijalbo), no solo rescata la figura de Juan Garrido, sino que cuestiona frontalmente los silencios que han moldeado la memoria colectiva del país.
Juan sin nombre: La novela que desafía el racismo histórico en México
“¿Qué podría yo decirte?”, responde el autor con una mezcla de ironía y humildad al ser cuestionado sobre su obra. Y es que, en menos de 170 páginas, el libro logra condensar una reflexión profunda sobre identidad, racismo, historia y olvido. La novela —breve en extensión, pero ambiciosa en contenido— es resultado de un proceso que, según el propio Gómez Pickering, tomó “prácticamente 15 años de trabajo”.
“La figura de Juan Garrido es, en muchos sentidos, un espectro dentro de la historia oficial mexicana. Africano, libre, participante en la conquista junto a Hernán Cortés y testigo de episodios clave como la Noche Triste, su nombre apenas aparece en los registros más difundidos.
Silencios en la memoria de México
“Es un personaje desaparecido de la historia oficial mexicana. Desenterrarlo y sobre todo traerlo a la actualidad, hacerlo relevante para alguien en el 2026, fue un trabajo arduo, pero con mucha pasión y deseo de revivir esa historia”, afirma el autor.
Ese “desentierro” no es una metáfora gratuita. Gómez Pickering se asume, en cierta forma, como un arqueólogo narrativo: alguien que escarba entre archivos, registros parroquiales y documentos olvidados para reconstruir una voz silenciada.
“Quienes nos dedicamos a la literatura, al periodismo, a la diplomacia o a la antropología, tenemos esa tendencia a escarbar, a ver qué hay detrás de una pequeña piedra”, explica el escritor, periodista y diplomático mexicano.
Una novela que dialoga con el presente
Lejos de ser un ejercicio puramente histórico, Juan sin nombre se sitúa también en un México distópico donde el mestizaje ha sido borrado del discurso oficial. A través de los personajes de María y el Negro —una antropóloga y un arqueólogo— la novela construye un thriller que conecta pasado y presente en una trama de intriga, persecución y revelación.
“Trata de trascender etiquetas. Incluye pasajes históricos, pero también esta trama de intriga, este thriller quiere dirigirse como una historia deleitable, que pueda enganchar al lector”, señala Gómez Pickering quien fuera embajador de México ante el Reino Unido desde diciembre de 2013 hasta junio de 2016.
“El resultado es una obra híbrida que responde a las formas contemporáneas de consumo cultural. Hoy estamos acostumbrados a lo visual. Eso obliga a que cuando escribimos, tengamos en cuenta ese cambio. Por eso tiene estos elementos muy visuales, para despertar la imaginación del lector y traer estas escenas a la vida”, reconoce el autor.
La negritud mexicana: una historia borrada
Uno de los ejes más poderosos del libro es la reivindicación de la presencia africana en México. Más allá de Juan Garrido, Gómez Pickering subraya que miles de africanos llegaron al continente durante el siglo XVI, muchos de los cuales fueron sistemáticamente borrados de los registros históricos.
“Solo conocemos a Juan Garrido, pero junto con él desembarcaron muchos otros africanos cuyas historias se perdieron. Eso demuestra hasta qué grado llega nuestra responsabilidad de reconocer y reconciliarnos con lo que pasó hace 500 años”, explica.
El autor menciona que documentos como los registros parroquiales —equivalentes al registro civil de la época— evidencian una presencia significativa de personas negras en ciudades como la Ciudad de México, Zacatecas o Morelia. Sin embargo, esta realidad fue invisibilizada por estructuras racistas que, según él, “persisten hasta la actualidad”.
En ese sentido, la novela no solo reconstruye el pasado, sino que también interpela el presente. En un país donde la discusión sobre la conquista suele polarizarse entre víctimas y victimarios, Gómez Pickering propone una tercera vía: reconocer la complejidad histórica y asumir las omisiones colectivas.
Hay un concepto clave que atraviesa la obra: la “ahorría”. De origen árabe andalusí, el término se refiere al acto de otorgar la libertad a una persona esclavizada.
“Es una palabra que abre y cierra el libro”, explica el autor. “Es como una marca en la piel. Que un ser humano pueda ser vendido y que toda la sociedad esté de acuerdo con ello es algo deplorable”.
La elección de esta palabra no es casual. Funciona como símbolo de redención, pero también como recordatorio de una violencia estructural que ha sido normalizada a lo largo de la historia. En ese sentido, Juan sin nombre no busca ofrecer respuestas fáciles, sino incomodar al lector con preguntas necesarias.
“A mí me enseñó que sabía muy poco de México. Lo que sabemos de México es solo una parte, no es una totalidad.
“Con esta afirmación creo que se resume el espíritu del libro: una invitación a cuestionar las narrativas oficiales y a explorar las zonas oscuras de la historia nacional. En un contexto donde más de 130 mil personas permanecen desaparecidas en el país, el paralelismo entre los desaparecidos del presente y los del pasado resulta inevitable”, confiesa Gómez Pickering al hablar de su relación con Juan Garrido.
“Es necesario desenterrar, encontrar a los que están desaparecidos. Desaparecidos hoy, pero también desaparecidos de la historia como Juan Garrido”, señala.
Entre la literatura y el periodismo
Gómez Pickering no solo es novelista, sino también periodista y diplomático. Esta triple formación se refleja en su obra, que combina rigor documental con sensibilidad narrativa.
“Las dos son difíciles”, dice al comparar el periodismo y la literatura. “Ambas conllevan una responsabilidad”.
El autor no elude el contexto actual del periodismo, marcado por la violencia, la censura y la desinformación.
“El periodismo está bajo ataque”, advierte. “En México y en el mundo. Es un oficio fundamental porque lleva la información, es paladín de la verdad”.
Sin embargo, también subraya que la literatura tiene su propia carga ética.
“No podemos renunciar al componente humano. La ficción tiene que abonar a construir un país distinto y un mundo distinto”.
En tiempos donde la historia se convierte en campo de batalla ideológico, Juan sin nombre emerge como una obra que apuesta por la complejidad, la memoria y la empatía.
“No se trata solo de rescatar a un personaje olvidado, sino de cuestionar los mecanismos que lo borraron.
“Yo lo sigo buscando. Lo veo en las caras, en la manera en que hablamos, en cómo bailamos, en cómo sufrimos y gozamos”, dice el autor sobre Juan Garrido.
Esa búsqueda, en realidad, es colectiva. Porque como sugiere Gómez Pickering, la historia no está escrita en piedra, sino en constante reconstrucción. Y en ese proceso, la literatura puede ser una herramienta poderosa para mirar de frente aquello que durante siglos hemos preferido ignorar.
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