Trinytrotolueno, la vida de un artista de la calle 

Trinytrotolueno, la vida de un artista de la calle 

Trinytrotolueno, la vida de un artista de la calle 

Leonel Martínez, tras el maquillaje de Trynitrotolueno, impulsa  la creación de un espacio colectivo para otros artistas.

Brian Prado
Enero 10, 2026

La nariz roja aparece entre el ruido del tráfico y el devenir de la gente. No hay telón ni butacas, solo un camión en marcha, una plaza abierta o un semáforo en rojo. Ahí, en esos espacios donde casi todo sucede con prisa, Leonel Martínez construyó una forma de vivir del arte. 

Trinytrotolueno convierte a los autobuses en su escenario

Bajo el nombre de Trinytrotolueno, su historia se ha tejido entre jornadas largas, escenarios improvisados y la necesidad diaria de salir a buscar el sustento, mientras convierte la calle en un lugar donde la risa también trabaja.

Antes de que el maquillaje y el vestuario formaran parte de su rutina diaria, Leonel tuvo que aprender a moverse entre ciudades y oficios. El camino que lo llevó a Toluca no fue inmediato ni lineal: implicó dejar su lugar de origen, aprender un arte lejos de casa y adaptarse a nuevos espacios para convertir la calle en su principal escenario. 

“Tengo casi unos 8 años radicando de este lado, aquí me casé, hice mi vida y aquí seguimos, luchando a diario. Diario lo tenemos que hacer, ya sea en el camión, en la calle, en la oficina, las fiestas, a donde me digan yo voy para salir adelante. Soy de Yucatán, de la ciudad de Mérida, pero aprendí el oficio del payaso en la ciudad de Veracruz y con gusto, gracias a Dios, nos mantenemos en el arte trabajando con todo tipo de público”, comentó.

El oficio que no se detiene

La rutina de Trinytrotolueno no distingue escenarios. Su espacio de trabajo puede ser un camión en movimiento o una plaza pública, siempre que haya personas dispuestas a escuchar, mirar y reír. Para él, quedarse quieto no es opción, porque el sustento depende de la capacidad de adaptarse a cualquier entorno.

“La mayoría del tiempo trabajo camiones, plazas, parques, semáforos, porque uno no se puede quedar quieto, pero también trabajo, es mi faceta más profesional, trato de agarrar bodas, bautizos, XV años, despedidas de solteros, solteras, niños y niñas. Yo no tengo problema ni me espanto, el chiste es que te tienes que adaptar a los espectáculos”, relató.

Esa movilidad constante también implica enfrentar tensiones cotidianas. La calle es un espacio compartido donde las reglas no siempre son claras y el ánimo de las personas cambia con rapidez. En ese contexto, el artista ha aprendido a resolver conflictos sin perder el objetivo principal: provocar una sonrisa.

“Los problemas con los inspectores y todo eso es algo del diario, siempre sale alguien y sí he tenido broncas con los inspectores a veces porque te piden un permiso, o con los choferes de camión, con la misma gente en sí, pero es parte de esto, porque no siempre todos van a venir de buenas y eso también es parte del trabajo, tratar de sacarles una sonrisa hasta a los que más enojados vienen”, señaló.

Permisos, familia y trabajo diario

Con el paso del tiempo, Leonel ha buscado formalizar parte de su actividad. Aunque gran parte del oficio se sostiene en la relación directa con la gente, también ha iniciado trámites para contar con permisos que le permitan trabajar en determinados espacios.

“No tengo un permiso como tal para trabajar en los camiones o lugares públicos porque eso es algo más con la gente, pero sí ya empezamos con eso, tengo un permiso para trabajar en plazas, como la plaza del centro de San Pablo Autopan, pero todo es un proceso, cuando uno quiere lo mejor tiene que trabajar también para eso”, explicó.

El calendario de descanso es reducido. Las fechas especiales marcan las pocas pausas en una agenda que se extiende durante todo el año. Las jornadas comienzan temprano y concluyen entrada la noche, siempre con el objetivo de cubrir las necesidades del hogar.

“¡Uy! El trabajo es diario, los fines de descanso son mi cumpleaños, el de mis hijos, 25 de diciembre y primero de enero, de ahí en fuera todo el año trabajamos, desde las 9:00 de la mañana que dejamos a mi hija en la escuela temprano hasta las 8:00 o 9:00 de la noche vamos llegando a su casa”, comentó.

La presión económica es constante y obliga a establecer metas diarias. Cada jornada tiene un número mínimo que alcanzar para cubrir gastos familiares, personales y responsabilidades que no se detienen.

“Al día; ahí nada más que se den una idea, tengo que hacer 500 diarios, de ley, tanto para mi familia, para dejar en la casa, gastos, lonche, que esto, que lo otro, ¡ah! y para mis perros, más lo que yo tengo que sacar al día, lo mío, entonces tienes que ser más de 500 diarios”, relató.

Arte colectivo y mirada al futuro

Detrás del personaje está el padre de familia que sostiene un proyecto de vida compartido. La paternidad y el matrimonio forman parte de una ruta que se construye todos los días, sin margen para la improvisación.

“Yo tengo a mis dos perritos y a mis dos hijos también, un pequeño de nueve meses y una señorita de 11 años, caramba, ya llevamos felizmente casados seis años, o sea que el trayecto ya es una meta diaria que tenemos que lograr, ya no es ver si se hace, ahora es salir a hacerla”, señaló.

Además del trabajo individual, Leonel impulsa un espacio colectivo que busca abrir oportunidades para otros artistas. La iniciativa nace desde la experiencia callejera y se proyecta hacia escenarios más amplios.

“Actualmente tengo un colectivo que apoya el arte aquí en Toluca, llamado Colectivo Como Tu Arte. Es para el arte en general, músicos, pintores, cantantes, artistas de circo, artistas visuales, todo tipo de artista es lo que apoya este colectivo y justamente este año queremos hacerlo a lo grande, pretendemos ya meternos a eventos y quizá de la mano con el gobierno que quiera”, comentó.

El mensaje que Trinytrotolueno comparte al final de cada función no se limita al entretenimiento. Es una invitación a detenerse un momento y mirar la vida desde otra perspectiva, incluso en medio de la rutina y el cansancio.

“Solo quiero que la gente se la pase feliz, que disfruten, apenas va empezando el año, quiero que la gente suelte todo ese estrés, que se relajen y que recuerden que los días no son difíciles, difíciles los hacemos nosotros, caramba, diario amanecemos con vida, así que hay que echarle ganas porque si uno en la calle puede, estoy seguro que ustedes también”, expresó.

La historia de Trinytrotolueno se escribe todos los días en movimiento. No tiene escenario fijo ni horario estable, pero sí una convicción clara: seguir saliendo a la calle para trabajar, sostener a su familia y construir, desde el arte popular, un espacio donde la risa sea una forma de resistencia cotidiana.

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