En 1582 el Papa Gregorio XIII, formalizó la fecha de inicio del año nuevo. Por lo tanto, hoy 31 de diciembre es el último día del año y entonces las redes se llenan de personas “decretando” lo que esperan recibir del 2026; como si la felicidad requiriera un compromiso de alto esfuerzo. Tal vez esto sea así, pero tal vez existan también otras fórmulas menos cargadas de expectativas, de exigencia y también de constante visibilidad.
En su poema “La vida sencilla”, Octavio Paz evoca la posibilidad de encontrar una vida feliz en las cosas sencillas: “Llamar al pan y que aparezca sobre la mesa el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden”. Probablemente se trate de eso, de desear menos y de hacer de la vida una experiencia más profunda.
Desde esta columna, anhelo que el 2026 nos permita un avance real, pero sin que todo represente una prueba nueva, donde respirar profundo se vuelva una práctica y no el antídoto para un constante estado de alerta, donde resignifiquemos el agasajo que la vida misma representa, donde el descanso no se vuelva un privilegio y en especial, donde las mujeres podamos tratarnos con suavidad.
Espero que el nuevo año, nos permita sostener lo construido no solo desde el solitario yo, sino desde la comunidad y la colaboración, que haya mucho más palabras que ruido y que procuremos la calma y el observar.
En palabras de Rogers, cuando elabora sobre los tres pilares en los que se fundamenta una buena vida: “Vivir el momento implica ausencia de rigidez, de organización rígida, de imposición de estructura a la experiencia. Significa, en cambio, máxima adaptabilidad, un descubrimiento de la estructura en la experiencia, una organización fluida y cambiante del yo y la personalidad.”
Desde ese lugar, desde la experiencia, si hoy se trata de desear, deseo que el año que empieza no nos rete ni nos ponga a prueba, que simplemente nos permita las condiciones para el cultivo del saber estar.
En su poema “La vida sencilla”, Octavio Paz evoca la posibilidad de encontrar una vida feliz en las cosas sencillas: “Llamar al pan y que aparezca sobre la mesa el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden”.
PAT
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