En el Estado de México, un grupo de luchas sociales que durante años caminaron de manera paralela comenzó a reconocerse como parte de un mismo proceso. No fue un punto de partida abrupto ni una convocatoria repentina, sino el resultado de una acumulación de experiencias, movilizaciones y vínculos construidos con el tiempo. Así nació la Unidad Nacional Independiente en Resistencia (UNIR), una organización que busca articular causas y exigencias locales y nacionales desde la base social.
UNIR, es un colectivo que engloba a otros que atienden temas como salud, desarrollo y derechos humanos
La historia de esta unión no se explica sin el recorrido previo de colectivos, pueblos indígenas y organizaciones que, durante años, compartieron espacios de protesta y exigencia, especialmente en el Estado de México. Lauren Manuel Durán Juárez, integrante de la coordinación nacional, sitúa el origen de esta convergencia en un largo proceso de trabajo conjunto.
Suman esfuerzos por causas similares
“Creo que todo comenzó a gestarse a partir de que un grupo de organizaciones comenzó a acumular varios años de experiencia luchando juntos, sobre todo aquí en el Estado de México. Estamos hablando de colectivos como Haz Valer, pero también algunos pueblos indígenas, como el pueblo indígena de Magú, y en esos años que acumularon de experiencia tuvieron en una de sus fechas importantes el 10 de diciembre, que es el Día Internacional de los Derechos Humanos”, comentó.
Esa fecha se convirtió en un punto de encuentro recurrente. A lo largo de los años, las movilizaciones realizadas cada diciembre fueron tejiendo relaciones que trascendieron lo local y comenzaron a conectar con organizaciones de otras entidades del país. La cercanía entre luchas distintas, pero atravesadas por problemáticas similares, fue dando forma a una red más amplia.
El reconocimiento de esos patrones permitió identificar coincidencias estructurales: la falta de respuesta institucional, la persistencia de violaciones a derechos humanos y el aislamiento en el que muchas organizaciones desarrollaban su trabajo. Ese diagnóstico común fue clave para avanzar hacia una articulación formal.
“El patrón tiene que ver con que son organizaciones a las que no les hace caso ningún orden de gobierno y que tienen problemas graves de violaciones a Derechos Humanos. No fue complicada la génesis porque ya era un proceso avanzado, lo cual nos evitó todo un proceso de desconfianza; quizá lo único que había por hacer era reconocernos formalmente”, señaló.
Una fundación con sentido histórico
El reconocimiento formal de ese proceso llegó el 12 de octubre de 2025, una fecha cargada de significado para los pueblos indígenas. La elección del día no fue casual, sino parte de una narrativa que busca reivindicar la resistencia y la memoria colectiva frente a distintas formas de exclusión.
A partir de ese momento, la Unidad Nacional Independiente en Resistencia se planteó como un espacio de fortalecimiento para organizaciones que operaban de manera aislada, con el objetivo de compartir exigencias comunes y construir una plataforma nacional de lucha.
“Así se fundó la Unidad Nacional Independiente en Resistencia con la finalidad de fortalecer a las organizaciones que están aisladas, unirlas y que podamos compartir todos la misma exigencia de justicia. Tenemos todo un programa de movimientos sociales a nivel nacional, están las violaciones a derechos humanos; ahí puntualmente son cuatro ejes de lucha; activistas asesinados, pueblos indígenas en condición de desplazamiento forzado, personas desaparecidas y personas injustamente presas”, comentó.
Estos ejes funcionan como un marco general que agrupa problemáticas presentes en distintos territorios del país. Sin embargo, el alcance de UNIR no se limita a esos cuatro puntos. La organización ha integrado una diversidad de demandas que responden a realidades específicas de los pueblos y comunidades que la conforman.
En el ámbito estatal, han identificado regiones donde la articulación social presenta dinámicas particulares. Esta clasificación permite entender la distribución territorial de las organizaciones y la concentración de luchas en ciertas zonas.
“A nivel estatal podemos clasificarlo en tres regiones: la región Valle de Toluca, región Norte y la del Oriente del Valle de México. Esta última podríamos estar pensando que es una zona donde está muy nutrido, específicamente la región de los volcanes, así como los que están pegados a la zona de Ciudad de México”, explicó.
Principios compartidos y riesgos latentes
Más allá de la diversidad territorial y temática, la organización se define por un conjunto de principios compartidos entre las organizaciones que la integran. De acuerdo con su coordinación, esta coincidencia ética y política es uno de los principales factores que ha permitido sostener la unidad.
“La virtud que tiene UNIR es que justamente reúne a movimientos sociales que previamente se conocen, que tienen los mismos principios, que tienen los mismos valores independientemente de su territorio y su lucha. Estos principios creemos que no se han encontrado en las posturas institucionales y para nosotros es un instrumento más poderoso que todas las promesas que se puedan hacer”, comentó.
No obstante, la unidad también enfrenta riesgos. Uno de los más visibles, de acuerdo con la organización, está vinculado a los procesos electorales y al uso de programas sociales como mecanismos de intervención externa en los movimientos sociales.
“Quizá el riesgo más latente que vemos para la unidad tiene que ver con el sistema electoral, los procesos de 2027, los programas sociales; los vemos como instrumentos de parte de algunos intereses ajenos para las organizaciones sociales que han estado antes, durante y también van a estar después de este tipo de instrumentos”, señaló.
Este contexto, advierten, implica una tensión constante entre la autonomía de las organizaciones y las dinámicas políticas que buscan incidir en ellas. Mantener una postura crítica frente a estos procesos también conlleva consecuencias.
“Claro que nosotros sabemos que estar unidos representa un factor de seguridad para los pueblos y las organizaciones. Sin embargo, también sabemos a lo que nos estamos enfrentando, sabemos que esos intereses ahora tienen un cambio de discurso, que algunos programas sociales han impactado en la población y evidentemente tener una postura en contra de ese posible apoyo efímero nos va a generar, sobre todo, un factor de criminalización que ya ha venido y creemos que se va a agudizar”, relató.
Proyección histórica y horizonte común
Frente a este panorama, la planeación a largo plazo se vuelve compleja. Aun así, han definido el 2026 como un año clave para fortalecer su estructura interna y consolidar la coordinación entre sus integrantes.
“Es muy complicado planificar a largo o a mediano plazo. Sin embargo, sí sabemos que este 2026 tenemos que utilizarlo para que los pueblos y organizaciones sociales nos demos cuenta de que es la unidad la que tiene la capacidad de cumplir nuestras exigencias; tenemos que avanzar en la concientización de los integrantes, hay que avanzar a una coordinación y, cuando termine este año, vamos a tener unas exigencias ya solucionadas, pero sobre todo y más importante, la coordinación necesaria para responder a cualquier tipo de agresión”, comentó.
La incidencia que buscan se inscribe en una tradición de lucha social de larga data. Algunas de las organizaciones que la integran cuentan con décadas de trayectoria y han desempeñado un papel relevante en sus regiones, a pesar de enfrentar procesos de criminalización.
“La incidencia que buscamos es la que históricamente han tenido las organizaciones y pueblos que pertenecen a UNIR; algunas de las que forman parte a nivel nacional tienen alrededor de 70 años y han tenido mucha influencia en sus regiones. Se ha tenido una narrativa contra organizaciones que no dejan su autonomía y estas son blanco de criminalización. A largo plazo proyectamos que reafirmen su papel histórico en los lugares a los que pertenecen, ese es el objetivo a más largo plazo”, señaló.
UNIR surge como la formalización de una historia compartida de resistencias, encuentros y aprendizajes colectivos. Desde el Estado de México, su construcción responde a una necesidad largamente gestada: dejar de caminar de forma aislada para enfrentar problemáticas comunes desde la unidad. En un contexto marcado por la dispersión de luchas y la falta de respuesta institucional, la organización apuesta por la articulación como herramienta para sostener la exigencia de justicia y la defensa de los derechos humanos, con la mirada puesta en el presente inmediato y en un horizonte de largo aliento donde las organizaciones recuperen y fortalezcan su papel histórico.
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