La Universidad Nacional Rosario Castellanos, en el Rancho Los Tres García, ya tiene un año de vida, ya concentra a mil 65 estudiantes distribuidos en diez licenciaturas y acaba de arrancar su segundo semestre, bajo la dirección de la doctora Alma Herrera Márquez, rectora de la institución.
La Universidad Rosario Castellanos de Naucalpan es un faro educativo que transforma vidas y rompe barreras
La noticia no es menor: en un municipio marcado por desigualdades, la llegada de una universidad pública, gratuita e inclusiva representa un parteaguas para cientos de jóvenes que antes veían la educación superior como un sueño lejano.
Herrera Márquez destacó que en los pasillos de la universidad se llenan de voces que vienen de comunidades como Chimalpa, Zumpango y hasta del Ajusco, aunque la mayoría son originarios de Naucalpan.
Lo sorprendente es que, comentó , durante el primer trimestre, no se registró deserción escolar, un indicador que habla de la confianza y compromiso que los estudiantes han depositado en este proyecto.
La institución, explicó,ofrece laboratorios de cómputo y de ciencias experimentales, donde cada alumno tiene acceso a una computadora, y además se ha convertido en un espacio inclusivo: seis jóvenes con distintos niveles de Asperger forman parte de la comunidad y avanzan en el desarrollo de sus habilidades y actitudes.
El modelo educativo es híbrido, destacó, se cuenta con tres días de clases presenciales y tres en línea, con horarios de lunes a sábado. Esta flexibilidad abre la puerta a que en el futuro se ofrezcan diplomados, talleres, maestrías y doctorados.
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Destacó que los programas de estudio no son genéricos; se diseñan en función de las problemáticas locales de Naucalpan, lo que permite que los egresados tengan herramientas concretas para insertarse en el campo profesional y responder a las necesidades de su entorno.
De Rancho Incautado a Faro Educativo
La historia de esta universidad se enlaza con un proyecto nacional. Fue impulsada por la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, cuando aún era jefa de gobierno de la Ciudad de México. Inició en Gustavo A. Madero y se expandió a las alcaldías más vulnerables, atendiendo a jóvenes de Tepito, Iztapalapa y otras zonas de alta incidencia social. Hoy, la Universidad Rosario Castellanos tiene presencia en todo el país, con la misión de llegar a las comunidades más vulnerables y ofrecer educación superior como un derecho, no como un privilegio.
En Naucalpan, el respaldo del presidente municipal Isaac Montoya, mencionó, ha sido clave para consolidar este campus. Las diez licenciaturas que se imparten abarcan desde Ingeniería en Inteligencia Artificial, con 170 estudiantes, hasta Urbanismo y Desarrollo Metropolitano, con 15 inscritos. Derecho y Seguridad Ciudadana es la carrera más concurrida, con 203 alumnos, mientras que Turismo suma 185. En conjunto, la matrícula refleja la diversidad de intereses y vocaciones de los jóvenes mexiquenses.
La vida universitaria apenas comienza a tomar forma. Se trabaja en equipos, se entregan avances de proyectos y pronto se abrirán espacios deportivos y culturales, porque los estudiantes no solo quieren aprender: también quieren jugar, convivir y expresarse. Entre ellos hay mayoría de jóvenes, pero también adultos mayores de 60 años que decidieron iniciar una licenciatura, demostrando que nunca es tarde para estudiar. Algunos egresados de otros campus ya se encuentran trabajando en distintas secretarías municipales, lo que confirma que esta universidad no solo forma profesionales, sino que transforma realidades.
La Universidad Nacional Rosario Castellanos en Naucalpan, destacó, es más que un edificio nuevo: es un símbolo de inclusión, de oportunidades y de futuro. En un país donde la educación superior suele ser inaccesible para miles de jóvenes, este proyecto se convierte en un faro que ilumina caminos y abre puertas.
Alma Herrera Márquez lo resume con claridad: aquí no se trata solo de impartir clases, sino de construir comunidad, de sembrar esperanza y de demostrar que la educación pública puede ser motor de cambio social. Naucalpan ya lo está viviendo, y México entero comienza a sentirlo.
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