Urgen nuevos mecanismos de cooperación internacional 

Urgen nuevos mecanismos de cooperación internacional 

La Fuente

Urgen nuevos mecanismos de cooperación internacional 

Hugo Rojas

Hugo Roberto Rojas
Febrero 18, 2026

Los mecanismos de cooperación internacional creados al término de la Segunda Guerra Mundial atraviesan hoy una crisis de funcionalidad y credibilidad. Esto ocurre en un contexto marcado por una tendencia a revertir la globalización, cerrar y proteger economías, y privilegiar los intereses nacionales por encima de la cooperación y la corresponsabilidad frente a los grandes problemas mundiales.

Algunos temas que parecían contar con consenso, respaldado por evidencia empírica, han vuelto a ser cuestionados. Otros habían sido impuestos a través de modelos educativos y recetas gubernamentales importados de países que ahora reniegan de su propio origen.

Muchos gobiernos del sur global adoptaron estas “recomendaciones”. Para ello, se modificaron estructuras económicas y los planes de estudio se orientaron a enseñar cómo la disminución de barreras arancelarias y no arancelarias conduciría a un “desarrollo económico” sin precedentes. En este entorno surgió el periodo conocido como globalización: un proceso acelerado de interrelación económica, homogeneización de gustos y estandarización de productos. Las ventajas comparativas explicaban que cada país debía especializarse en aquello donde tuviera mayores fortalezas. Para naciones con bajo desarrollo tecnológico, la lógica apuntaba a producir bienes intensivos en mano de obra y con bajos requerimientos de capital o tecnología.

Otro beneficio asociado a la globalización era la pertenencia a organismos internacionales dedicados a temas como educación, salud, seguridad pública o protección ambiental.

Sin embargo, en el intercambio internacional los precios relativos resultaron desfavorables para la balanza comercial. A pesar de ello, se presumieron otros indicadores positivos, como la creación de empleos ,especialmente en la maquila del norte del país, y un mayor acceso a productos a menores precios. También se habló de un incremento en las exportaciones, aunque técnicamente se trataba de un aumento en el comercio intraindustrial.

En el lado negativo, quizá el efecto más relevante fue el desmantelamiento de sectores completos de la economía que dejaron de ser competitivos en el mercado internacional, bajo la creencia de que la tendencia a largo plazo sería una mayor liberalización económica acompañada de un incremento constante de la cooperación internacional y la multilateralidad.

No obstante, hemos despertado a una realidad distinta: parece que aquellos consensos, creencias y estructuras institucionales ya no serán útiles. Los impulsores de todo el andamiaje económico de finales del siglo XX hoy afirman que “disculpe usted”, estaban equivocados, y que el fin último nunca fue mejorar las condiciones de vida de toda la humanidad. Según esta nueva narrativa, debemos adaptarnos a un nuevo orden geopolítico y geoeconómico, marcado por el cierre abrupto de economías y la condicionalidad de los acuerdos internacionales.

Lo más sencillo sería pensar en regresar a donde estábamos, pero hacerlo no es tan fácil. La superestructura económica ya fue diseñada para funcionar bajo el orden “sugerido”. A este escenario político se suma la creciente escasez y el estrés hídrico provocados por el cambio climático y por prácticas humanas insostenibles. En un entorno global dominado por intereses unilaterales, los recursos naturales esenciales para la vida adquieren una relevancia crítica.

Por ello, urge construir nuevos mecanismos de cooperación internacional que cuenten con la fuerza y la capacidad necesarias para cumplir los objetivos que se planteen.

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