La tarde del 30 de octubre cambió para siempre la vida de Verónica Manjarrez Vilchis. Su hija, Luisa Fernanda Bringas Manjarrez, murió tras ser impactada por una patrulla del ayuntamiento de Toluca. Desde entonces, Verónica emprendió una búsqueda que no solo busca esclarecer lo ocurrido, sino exigir que los protocolos policiales se apliquen correctamente para evitar que una tragedia similar se repita.
Tras el accidente, el 30 de octubre de 2025, pide a las autoridades que haya una revisión de la corporación policial de Toluca para mejorarla
A casi un mes de los hechos, Verónica se aferra a la memoria y a la responsabilidad que, como integrante de la Policía Estatal, reconoce y exige en cualquier cuerpo de seguridad.
El inicio de un camino sin retorno
Luisa cursaba cuarto semestre de Psicología y pasaba por un momento de estabilidad académica y familiar. Verónica recuerda el entusiasmo con el que Luisa hablaba de cada detalle de su formación, las ilusiones a corto y largo plazo, sus pasiones, pasatiempos y aquel deseo estar presente por el resto de la vida de su única hija.
Antes del accidente, la vida cotidiana de Lili, como le decían de cariño, transcurría entre las actividades escolares y el pequeño negocio que Luisa atendía junto con Lucero, su compañera, amiga y sobreviviente de aquel trágico accidente.
El 30 de octubre, un día después de que Luisa regresara de una práctica escolar en Ciudad de México, ocurrió el siniestro. Verónica recuerda cada detalle previo, como si el tiempo avanzara en cámara lenta, reconstruyendo las últimas conversaciones con su hija, hablaron de sus prácticas y su trabajo y de sus planes para la temporada decembrina.
A las 18:15 horas, recibió una llamada del abuelo de Lili. El accidente había ocurrido minutos antes, alrededor de las 17:50. A pesar de que no fue específico, ella ya intuyó lo peor.
Verónica vive relativamente cerca del lugar del accidente, salió apresurada a buscarla, recuerda que debido a que el tráfico vehicular ya se había formado en la zona, avanzó a pie para llegar al punto del accidente.
La imagen que encontró aún la persigue pues relata cómo, en medio de la lluvia, buscó confirmar lo que su corazón se negaba a aceptar, a pesar de reconocer la ropa de Lili, quiso corroborar su identidad al buscar el tatuaje de su hija. El rostro de la joven estaba cubierto con una sombrilla, Verónica encontró el tatuaje y con ello confirmó la realidad.
Un escenario lleno de irregularidades
La falta de acordonamiento, la ausencia de protocolos y la presencia de decenas de policías sin actuación inmediata se convirtieron en otro impacto emocional en la escena. Como elemento de la Policía Estatal, reconoció desde el primer momento lo que no debía estar ocurriendo.
“Me empezaron a gritar que le sacara foto a las placas de la patrulla, venían muchos policías municipales solo volteaban a verme, nadie se acercó ni me dijo nada por parte de ellos, nadie. Yo sentí que Luisa todavía estuvo ahí mucho tiempo”, explicó.
Ese mismo día comenzaron a aparecer videos grabados por ciudadanos. Aunque para ella resultaron dolorosos, también confirmaron la negligencia de un hecho donde cada minuto era determinante para preservar la escena.
Considera que esos videos no siempre se hicieron o difundieron con respeto pero fueron posibles debido a la falta de un aseguramiento adecuado de la escena.
Mientras avanzaban los minutos posteriores al choque, Verónica comenzó a identificar más irregularidades. Con su formación policial, sabía qué procedimientos debían activarse y reconoció, uno a uno, los vacíos que complicaría la búsqueda de justicia, desde el resguardo de la escena hasta la cadena de custodia de la evidencia.
“Con los videos me doy cuenta cómo una mujer venía en la patrulla, estaba en el lugar vestida de civil, con una bolsita rosa, bajando cosas de la patrulla que es objeto del delito”, relató.
Lo que observó no solo la indignó como madre, sino como servidora pública al percatarse que había encubrimiento por parte de un elemento.
Nadie había acordonado el espacio, los civiles comenzaron a reclamar al policía, había civiles dando el paso vial porque los uniformados no estaban actuando e incluso, en uno de los videos se puede ver cómo se robaron la calavera de la patrulla que provocó el accidente, dejando ver la negligencia de la situación.
El impacto emocional fue doble: la pérdida de su hija y la constatación de que agentes municipales actuaron sin los mínimos procedimientos y en complicidad pues considera que como policía siempre se apegó a los protocolos mientras que en el caso de su hija no se guardaron.
En búsqueda de la justicia y prevención
La exigencia de Verónica no se limita a un castigo individual. Su búsqueda se orienta hacia corregir fallas estructurales que, según ella, facilitaban que un accidente así ocurriera.
“Dentro de la justicia lo que estoy pidiendo es que se chequen a las policías, específicamente la de Toluca. Sabemos de todas las anomalías, deficiencias que tiene, que se haga una auditoría, que evalúen de verdad a sus policías.
Destacó que desconoce si la persona al volante durante el accidente en realidad estaba capacitado para su manejo, lo que sí saben es que no tiene la licencia correspondiente (tipo E) para hacerlo, por lo que exige que las autoridades chequen a los elementos de la corporación.
El camino institucional no ha sido sencillo. Desde los primeros días, explica, el ayuntamiento evitó asumir responsabilidad directa.
“En primera, el ayuntamiento no se responsabiliza ni garantiza que no vuelva a pasar otro accidente como este. Dieron una argumentación de que el elemento trabajaba 24 por 24 y si no les funciona ese horario, que vean uno óptimo. Yo trabajo 24 por 24 y eso no me hace un homicida.
Otro tema fue que el hecho de que otro policía municipal lo pusiera a disposición, hiciera la cadena de custodia, llenara el Informe Policial Homologado (IPH), que fue lo que entregaron al Ministerio Público. Entonces nada garantiza que fuera modificado si lo hicieron ellos mismos”, relató.
Actualmente, el conductor de la patrulla, Eduardo “N”, enfrenta un proceso en plena libertad, mientras que la mujer identificada como Ibeth “N” aún no tiene presencia integrada en la carpeta. Esa asimetría procesal la inquieta. Pues con el pago de la fianza por 150 mil pesos, puede seguir manejando y gozando de libertad, ni siquiera se le hicieron exámenes ni tiene arraigo domiciliario.
El respaldo social y la presión colectiva
La indignación social hizo que diversas personas, colectivos y vecinos se acercaran a Verónica para acompañarla. La marcha que se realizó semanas después fue convocada por la ciudadanía,quien a través de las redes sociales la instaba a manifestarse en búsqueda de la justicia para Lili.
Con el paso de los días, distintas instituciones comenzaron a acercarse para asegurarle que habría transparencia.
“Desde el primer momento se me acercó la fiscalía, dijo que todo se va a llevar con transparencia, apegado a derecho. También tuve una reunión en el Poder Judicial; van a estar al pendiente del actuar de los jueces. La Comisión de Derechos Humanos del Estado de México me contactó para decirme que hizo la queja y también se acercó conmigo la Secretaría de la Mujer”, relató.
En su búsqueda, la evidencia ciudadana se convierte en una herramienta clave, así como en un destello de esperanza para que la justicia prevalezca en medio del martirio.
Hay una cantidad considerable de videos que han circulado en varios medios que Verónica espera sean tomados en cuenta para que se haga justicia en el caso de Lili, en los que se pueden ver todas irregularidades de la respuesta policial. Reconoció que en una situación de este tipo, si el conductor hubiera sido un civil, las cosas serían muy diferentes.
Sobre el gobierno municipal, Verónica afirma que no ha existido un acercamiento directo ni sustantivo, toda vez que a escasos días de la tragedia tuvo que salir a desmentir al ejecutivo, quien aseguró ya había visto personalmente a la familia.
Reiteró que no aceptó el velatorio del DIF en la Colonia El Seminario, como se lo planteó el alcalde.
La esperanza de que no se vuelva a repetir
En medio de la falta de garantías y el dolor, en el deseo de Verónica prevalece la ilusión de que se forje un antecedente para evitar que alguien más atraviese un momento como el que ella afronta, aunque advirtió que ante la falta de voluntad y acción la historia está condenada a repetirse.
La muerte de Luisa Fernanda Bringas Manjarrez no solo dejó un vacío en su hogar. Para su madre, significó una etapa marcada por la exigencia de protocolos claros, supervisiones estrictas y rendición de cuentas dentro de las corporaciones municipales.
Verónica Manjarrez, a la cabeza de la marcha en la que pidió justicia para Lili y su amiga, Lucero quien sobrevivió al accidente. Foto Emilio Varela
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