Xochitla Vive: continúa la batalla por un pulmón metropolitano

continúa la batalla por un pulmón metropolitano

Xochitla Vive: continúa la batalla por un pulmón metropolitano

Xochitla fue un parque abierto al público, pero tras la pandemia cerró sus puertas.

Alejandra Reyes
Mayo 9, 2026

El movimiento Xochitla Vive continúa firme en su lucha por rescatar las 70 hectáreas del parque Xochitla y convertirlas en un Parque Metropolitano, evitando que se transformen en parte de un corredor logístico que amenaza con desplazar comunidades enteras y deteriorar aún más la calidad de vida de millones de habitantes del norte del Valle de México.

El impacto de la expansión logística

Mireya Itzel Ramos, presidenta del movimiento, recuerda que este espacio natural se ubica en Tepotzotlán, en los límites con Teoloyucan, Cuautitlán y Cuautitlán Izcalli. Allí habitan 123 especies de plantas y árboles, de las cuales 63 están en peligro de extinción o bajo amenaza. “No podemos permitir que se pierda un santuario ecológico de este tamaño”, enfatiza.

Destacó que la lucha de Xochitla Vive es más que una defensa territorial: es un llamado urgente a proteger la vida, la biodiversidad y el derecho de las comunidades a un entorno digno. Porque un parque no es un lujo, es un pulmón que sostiene la esperanza de millones.

Durante décadas, Xochitla fue un parque abierto al público, pero tras la pandemia cerró sus puertas. Desde entonces, la presión inmobiliaria y logística ha crecido de manera alarmante: gigantes como Walmart, Amazon, Mercado Libre y Liverpool han instalado en la zona algunos de los almacenes más grandes de América Latina, incluso de los más grandes del mundo.

Defensa del patrimonio y derecho ambiental

La transformación ha sido drástica. Cuautitlán, que alguna vez fue una cuenca lechera, perdió sus ranchos y hoy enfrenta problemas de tránsito, contaminación ambiental, ruido y escasez de agua. “Vivimos un verdadero caos”, denuncia Ramos. “Cuando vimos que dentro de Xochitla empezaban a levantar muros y mallas, entendimos que querían convertirlo en otro centro de distribución. Por eso nos organizamos pacíficamente: exigimos que se respete el artículo 4 constitucional, que garantiza nuestro derecho a vivir en un ambiente sano”.

Dijo que las comunidades vecinas ya han sido arrasadas por la expansión industrial. Las promesas de empleo resultaron ser trabajos precarios y mal pagados, mientras los habitantes originarios se ven obligados a abandonar sus tierras. Los trailers circulan por calles estrechas, frente a escuelas, casas e iglesias, poniendo en riesgo a todos.

Ramos recuerda que las hectáreas de Xochitla fueron donadas con un objetivo claro: la conservación ecológica. Sin embargo, las empresas compran terrenos a campesinos por centavos y luego los rentan en dólares a corporaciones extranjeras. “Es una gentrificación distinta: no con departamentos de lujo, sino con bodegas que expulsan a nuestras comunidades”, explica.

La situación es insostenible. “Ya es imposible vivir aquí por tanta bodega”, lamenta. El patronato que administraba Xochitla dejó de operar tras casi 30 años, y con la llegada de nuevos gobiernos los fideicomisos perdieron transparencia y financiamiento. Hoy reina la opacidad sobre el futuro del predio.

El terreno impacta directamente a más de 4.2 millones de habitantes. El parque más cercano, Naucalli, apenas cuenta con 30 hectáreas, insuficientes para atender la demanda de espacios verdes. “Quieren que Xochitla se pierda, pero no lo vamos a permitir”, asegura Ramos.

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