Zumpahuacán donde el matrimonio se pacta con un lazo

Zumpahuacán donde el matrimonio se pacta con un lazo. Foto: Especial

Zumpahuacán donde el matrimonio se pacta con un lazo

Cada primer viernes de Cuaresma, el tiempo se detiene en San Gaspar, para dar paso a ‘la reata’, una ceremonia prehispánica de cortejo.

Redacción
Enero 25, 2026

“No es más que una ceremonia en la que los solteros seleccionaban a su compañera”, explicó.

Agrega el padre Canuto que “eran las tres de la tarde y al toque de campana que dio el sacristán, una gran multitud por no decir todo el pueblo, se agrupó en el cementerio (patio atrial)”.

Niños, adultos y ancianos tomaban por asalto las bardas del recinto para ver mejor. Las mujeres permanecían formadas alrededor de las bardas por dentro o paradas junto a las tres puertas del atrio, conjunto que semejaba un gran corral para un jaripeo.

Un desfile de solteros y solteronas

Estando todos los espectadores en silencio y en el mejor lugar posible, entraba el huehue (anciano) con una cruz adornada de flores de cempoalxóchitl, seguido por un ejército de solteronas de entre 35 y 40 años y, enseguida, otro de solterones.

Las mujeres iban bañadas y limpias, con las trenzas atadas con una cinta colorada, arracadas en las orejas y flores de rosa de castilla en la cabeza. Cada una llevaba una escoba adornada con flores de monacillo y una jícara con un anillo atado a un gran pañuelo colorado.

Los hombres solteros también iban bañados, llevando cada uno un cántaro de barro llamado zozocotl, adornado con las mismas flores, y una jícara grande vacía. En el hombro izquierdo portaban una reatita nueva y delgada, en el cuello un gran pañuelo azul con un anillo y en la mano una corona de flores de colores. Detrás iban seis músicos tocando chirimías, violines, una tarola y una jaranilla.

El lazo que decide un futuro

Una vez que el huehue llegó a la puerta de la iglesia, que estaba cerrada, se hincó, y a su imitación todos los concurrentes.

Enseguida entonó un canto, acompañado por los solterones. Terminando este canto, el huehue los arengó; enseguida la música tocó un sonecito muy alegre. Terminado el cual, el huehue permaneció en la puerta de la iglesia, a donde le llevaron un asiento de madera para que se sentara, colocándose junto a él los músicos.

Los topiles (mozos de la iglesia) regaron agua en el atrio para evitar el polvo, y las solteronas comenzaron a barrer. Los solterones tomaron sus reatitas y, de cuatro en cuatro, formaron una gran valla frente a ellas.

De pronto sale un solterón de la valla, dirige una mirada a todas las muchachas —de seguro a la que más le simpatiza—, se acerca a ella y le echa una lazada en el cuello. Si la muchacha se queda con la reatita, es señal evidente que admite las relaciones amorosas del solterón, quedando confirmado con esto el contrato esponsalicio; más si la doncella, inmediatamente que siente la reatita en su cuello, se la quita y la arroja al suelo, es señal que no admite las relaciones de ese solterón, y en tal caso el novio, decepcionado, se aparta de los demás compañeros de amores.

Así sucesivamente hacen los demás solterones. Los que han sido afortunados, al ver que la solterona se quedó con su reatita, van a traer la corona que ya traían preparada y la ponen en la cabeza de la novia. Enseguida le van regando el suelo con agua mezclada con flores y la novia barriendo.

Exhortación y compromiso final

Una vez que los afortunados salieron victoriosos, los decepcionados vuelven a instar haciendo las mismas ceremonias que antes, hasta no encontrar novia o en su desengaño completo por el desprecio de todas, para quedar únicamente con la esperanza de ser más felices en el año venidero, porque hay que advertir que esta ceremonia o modo de elegir esposa se hace cada año en el primer viernes de Cuaresma.

Terminado el acto y cuando el sol se está ocultando a sus últimos rayos, todos los solteros afortunados se van a colocar en la puerta principal del templo y, puestos en pie a la derecha del huehue, allí esperan a sus novias, que coronadas de flores se ponen a la izquierda del anciano.

Reunidos así los agraciados, el huehue les hace una exhortación en idioma mexicano, la cual después supe que era para hacer comprender a los pretendientes la terrible obligación que tenían de respetar a la doncella elegida y de no mancillar su honor, pues el que faltase a esto se sujetaría a horribles penas.

Desde ese momento debían preocuparse por el porvenir de sus esposas y la familia, puesto que iban a formar un hogar, y este debía ser honrado. Había que doblar los esfuerzos para adquirir bienes temporales, a fin de no sufrir la miseria, y ser cariñosos con sus esposas y obedientes con sus padres, pues por el hecho de haber elegido, desde aquel momento tenían que trabajar para alimentarlas y vestirlas, y por lo mismo debían ir a la casa de la prometida para que los padres de esta vieran sus costumbres, sus virtudes, su honradez y así, en una palabra, fueran dignos de sus hijas.

A las doncellas les manifestó que debían ser cariñosas con sus pretendientes, obedientes y fieles a su estado, que sin necesidad jamás anduvieran solas por los caminos y campos, que no fueran celosas porque el celo descompone los matrimonios.

Terminadas las alocuciones del huehue, cada uno de los pretendientes entregaba delante del anciano el pañuelo y el anillo a su prometida, y estos a la vez recibían de la novia otro pañuelo y otro anillo, quedando con esto confirmado el contrato esponsalicio.

En tanto, los solterones que entraron a la pelea saliendo desengañados, se habían apartado del grupo de sus compañeros, para ir a confundirse con el grupo de espectadores.

Pasada la entrega de las prendas, el huehue se hincó y a su imitación todos, delante de la puerta mayor del templo; allí oró un rato y después entonó un canto muy triste en su idioma. Terminado el canto, los músicos empezaron a tocar, entró la alegría en todos los ánimos y las familias de las doncellas elegidas dieron sus felicitaciones a los pretendientes y manifestaron sus agradecimientos.

A las siete de la noche terminó todo. Las doncellas que no aceptaron novio o que no fueron elegidas, con carrizos enflorados y seguidas de niñas de corta edad, acompañaron hasta sus casas a las doncellas elegidas.

Información de Nicasio Antioco Dorantes Pérez, Cronista Vitalicio de Zumpahuacán por la AMECRON

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