Bucareli 158: la casa donde los secretos del poder aún respiran

Bucareli 158 la casa donde los secretos del poder aún respiran. Foto: Especial

Bucareli 158: la casa donde los secretos del poder aún respiran

José Manuel Cuéllar Moreno regresa a la ficción con una novela que entrelaza historia, espiritismo y política para explorar los secretos que resguardan las élites mexicanas.

Angélica Ruiz
Julio 5, 2026

Hay edificios que parecen resistir el paso del tiempo. Otros, en cambio, conservan algo más inquietante: la memoria de aquello que nadie quiso contar. 

En Bucareli 158 (Tusquets), el filósofo y escritor José Manuel vuelve a la ficción después de dos reconocidos ensayos dedicados al pensamiento de Emilio Uranga y lo hace con una novela que desciende a los sótanos de la historia mexicana para explorar un territorio tan fascinante como perturbador: la relación entre el espiritismo, las élites políticas y los rituales del poder.

El resultado es una obra hipnótica, construida con los materiales de la novela gótica, la investigación histórica y la crónica negra. Una historia donde las paredes guardan secretos, los muertos parecen negarse a desaparecer y el poder adquiere una dimensión casi sobrenatural.

En entrevista para La Jornada Estado de México, el autor confiesa: “Regreso al terruño de la ficción”. Filósofo de profesión, investigador de la historia intelectual mexicana y divulgador del pensamiento nacional, José Manuel reconoce en sí mismo una dualidad: 

“Soy como el doctor Jekyll y el señor Hyde. Me dedico a la filosofía, pero también tengo un enorme gusto por la literatura de terror, la literatura gótica y la literatura de suspenso”. Sin embargo, no considera que exista una ruptura entre ambas facetas. Al contrario. 

Si sus investigaciones filosóficas lo condujeron a examinar la historia política del México del siglo XX, la novela le permitió internarse en una zona mucho más escurridiza: “Quise explorar esta historia secreta, esta historia subterránea de México, la relación entre el espiritismo, el ocultismo y los rituales del poder de la política mexicana”.

La elección del escenario no es azar

La calle de Bucareli, una de las arterias más emblemáticas de la Ciudad de México, aparece en la novela como un organismo cargado de simbolismo. Allí conviven las huellas de la aristocracia, la burocracia y la historia nacional. Allí  permanece el Café La Habana, las ruinas de antiguas construcciones y, sobre todo, la cercanía con el Palacio de Cobián, sede de la Secretaría de Gobernación.

“Hay ciertas zonas de la ciudad cargadas de una energía muy especial y Bucareli es un sitio privilegiado de encuentro entre la clase política y la aristocracia mexicana. Me parecía el lugar idóneo para hablar de esas decisiones que se toman a puertas cerradas”, señala José Manuel.

La historia comienza el 24 de agosto de 2013, una fecha que tampoco resulta casual. De hecho, ninguna lo es. Toda la estructura de la novela responde a ciclos astrológicos vinculados con Saturno, revela el mismo Cuéllar Moreno.

La protagonista es Ifigenia, una mujer aparentemente ordinaria que trabaja en una vieja casona habitada por la enigmática Eulalia Madero, una figura aristocrática que parece pertenecer a otra época.

La vida de Ifigenia cambia cuando descubre un diente humano oculto en uno de los muros de la casa.

A partir de ese hallazgo, el edificio empieza a revelar su pasado. Los tiempos se fracturan. Las décadas se superponen. Surgen relatos de médiums, sesiones espiritistas, misas negras, asesinatos y conspiraciones políticas que terminan por confluir alrededor de un nombre: Nicolás de Rocaverti.

“Ese es el enigma alrededor del cual orbita toda la novela”, explica José Manuel.

Bucareli 158 plantea la relación entre los ciudadanos y las estructuras del poder

Pero más allá de la intriga, Bucareli 158 plantea una poderosa alegoría sobre la relación entre los ciudadanos y las estructuras del poder. La imagen, en ese sentido, representa mucho más que un personaje.

“Ella nos representa a todos”, asegura el autor. “No sabemos qué ocurre a puertas cerradas en estas casonas donde se concentra el poder. Sólo alcanzamos a percibir las consecuencias”.

Frente a ella se encuentra Eulalia Madero, una figura ambigua que oscila entre la ternura y la crueldad. Con el avance de la trama, incluso su identidad parece fundirse con la propia casa.

“La casa ya no es únicamente un escenario. Es una criatura viva. No sabemos si las historias salen de la boca de Eulalia o si supuran de las paredes”.

La novela encuentra buena parte de su fuerza en esa frontera difusa entre realidad y ficción. José Manuel investigó durante años periódicos de las décadas de 1940, 1950 y 1960 para reconstruir episodios reales de la crónica roja mexicana.

Entre ellos aparece una versión literaria de Gregorio Cárdenas, el célebre “Estrangulador de Tacuba”, transformado aquí en Eusebio Cárdenas. También surge la figura de Vicente Solana, inspirada en un sobreviviente del hundimiento del buque Potrero del Llano durante la Segunda Guerra Mundial.

A estos personajes se suma Nicolás de Rocaverti, médico y teólogo catalán del siglo XVII cuya existencia histórica sirve como punto de partida para uno de los elementos centrales del libro: el ritual conocido como el Velo de Oro, una práctica destinada a prolongar la existencia.

Según la lógica de la novela, la obsesión por ese ritual habría seducido durante generaciones a distintas élites políticas.

“No es algo tan lejano de nuestra historia”, señala el escritor. “Desde Francisco I. Madero hasta López Portillo existe una fascinación recurrente por el espiritismo y la posibilidad de vencer la muerte o controlar la realidad”.

Esa búsqueda, sin embargo, tiene un costo.

“Detrás de una gran fortuna hay un gran crimen”, recuerda José Manuel, citando a Balzac. “Y en nuestro caso, también un gran sacrificio”.

Es una reflexión sobre la violencia ritualizada

Por eso Bucareli 158 no es únicamente una novela sobre fantasmas. Es una reflexión sobre la violencia ritualizada, sobre las víctimas invisibles de los mecanismos del poder y sobre las heridas que permanecen inscritas en la memoria colectiva.

“Quise que el lector participara del trance”, explica. “Que sintiera cómo los contornos de la realidad empiezan a difuminarse”.

Lo consigue a través de una prosa atmosférica que dialoga con la tradición de Aura, de Carlos Fuentes; con el universo inquietante de Amparo Dávila; con las presencias invisibles de Cortázar y con la exploración contemporánea del horror que han desarrollado autores como Mariana Enríquez y Bernardo Esquinca.

Al final, Bucareli 158 plantea una pregunta que trasciende las páginas del libro: ¿qué historias permanecen ocultas bajo la superficie de las ciudades que habitamos?

José Manuel espera que, después de la lectura, nadie vuelva a recorrer las calles del Centro Histórico de la misma manera, porque las casas antiguas no sólo conservan arquitectura; también guardan cicatrices.

Y algunas, como la de Bucareli 158, todavía parecen susurrar los nombres de quienes intentaron desafiar al tiempo, negociar con los muertos o ejercer el poder desde las sombras.

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